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sábado, 11 de junio de 2011

No mencionaron ningún arrepentimiento


 (Mt. 11:20-24)
 13 ¡Ay de ti, Corazín! ¡Ay de ti, Betsaida! que si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que se han hecho en vosotras, tiempo ha que sentadas en cilicio y ceniza, se habrían arrepentido.14 Por tanto, en el juicio será más tolerable el castigo para Tiro y Sidón, que para vosotras.15 Y tú, Capernaum, que hasta los cielos eres levantada, hasta el Hades serás abatida. 16 El que a vosotros oye, a mí me oye; y el que a vosotros desecha, a mí me desecha; y el que me desecha a mí, desecha al que me envió.


Esta porción de la Escritura no dibuja a Jesús con una sonrisa sino triste. Lamentándose sobre estas ciudades, Corazín, Betsaida, ciudad de dos apóstoles, y Capernaum donde ciegos, cojos y leprosos fueron curados. Recibieron bendiciones y no creyeron en él. Jesús hace un recuento sobre su ministerio en estos pueblos y se muestra insatisfecho y entristecido.

Su lamento lo dice, que Dios les da más oportunidad de salvación a algunas personas que otras, y ellas no la aprovechan. Un privilegio celestial al cual llama levantamiento (v. 15). Y si a lo que se refiere es a que pujando alcanzaron la cima del mundo y coronas de gloria, la exaltación les durará poco, porque desde allá arriba, desde la cumbre, las traerá abajo el Señor. Si pecando alcanzan las nubes, sus sienes se quedarán sin laureles porque el juicio divino las marchitará. Vendrán invasiones feroces y serán reducidas a un montón de piedras y tierra. ¡Ay, ay, ya no existen!

Es un gran riesgo posponer el arrepentimiento porque el tiempo para expresarlo tiene un límite, y mientras más se tarde llegue más pecados habrá para pedir perdón. Es tan grande el pecado de ingratitud que no podrán demostrar su arrepentimiento sino "en cilicio y ceniza". Dios puede castigar con misericordia o sin ella; y cuando la concede la justicia es templada y los padecimientos son "más tolerables" (v. 14). Cuando los pecados se acumulan las iras divinas también.

Sobre Corazín, que significa bosque y muchos árboles, no se sabe las bondades que con ella tuvo, sino su enorme ingratitud. En sentido general el impacto de su predicación y milagros fue tan poco que no la ampararía de la destrucción. En cuanto a Betsaida, la ciudad de Andrés y Pedro (Jn. 1:44) tampoco alcanzó gloria en ella, y Capernaum que le dio hospedaje la mayor parte del tiempo, también se portó ingrata más que todas las demás, y  recibiría una horrible condenación, bajada de su gloria y prosperidad, al fondo del abismo (v. 15).

El v. 16, si este último se situara después del doce cabría perfectamente, y si se dispone después del regreso de los setenta, también estaría en línea con el espíritu del momento. Las treinta y cinco parejas regresaron jubilosas por el poder que demostraron sobre demonios, sin mencionar arrepentimiento, y vieron al que los envió, sentado llorando, que se lamentaba con una sombra en su rostro y un par de pupilas mojadas, "¡ay, ay, no quisieron arrepentirse!".

miércoles, 8 de junio de 2011

Presentando el evangelio de modo sabroso


Lucas 9:21-27   

(Mt. 16:21-28; Mr. 8:31--9.1)
 21 Pero él les mandó que a nadie dijesen esto, encargándoselo rigurosamente, 22 y diciendo: Es necesario que el Hijo del Hombre padezca muchas cosas, y sea desechado por los ancianos, por los principales sacerdotes y por los escribas, y que sea muerto, y resucite al tercer día. 23 Y decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame.24 Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, éste la salvará.25 Pues ¿qué aprovecha al hombre, si gana todo el mundo, y se destruye o se pierde a sí mismo? 26 Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras, de éste se avergonzará el Hijo del Hombre cuando venga en su gloria, y en la del Padre, y de los santos ángeles. 27 Pero os digo en verdad, que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte hasta que vean el reino de Dios.


Primero removamos un obstáculo que no deja leer el pasaje con comodidad. ¿Qué quiso decir el Señor con que algunos que estaban allí no morirían hasta que vieran el reino de Dios? (v. 27); según el v. 26 parece que se refiere a la Segunda Venida. Sin embargo sería extraño que esa fuera la correcta interpretación por cuanto han pasado ya dos mil años.

Jesús tenía la costumbre de estar hablando de algún asunto y sin previo aviso su mente siempre adelantada comenzaba a pensar en otra cosa y la mencionaba. En el segundo capítulo del Evangelio según Juan, estaba hablando sobre el edificio del templo y el tiempo de su construcción, y allí mismo empieza a referirse a su cuerpo y resurrección, y eso confundió a los que participaban de la conversación (Jn. 2:17-22). Lo mismo sucede con estas palabras.

Se ha pensado que la expresión "el reino de Dios" se refiere a la inauguración de este evento que tendría lugar con la resurrección de Jesús. Así visto esto pudiera ser, aunque está mencionado por el propio Jesús en el contexto, pero sólo como el comienzo puesto que ese acontecimiento habría de ocurrir en una fecha próxima a este momento, quizás unos tres años, y el hecho como una excepción; y como un privilegio que solamente algunos estuvieran vivos cuando llegara el reino de Dios. Eso implica que el acontecimiento tendría que tomarse más tiempo, quizás 40,50 años; y lo que ocurrió en ese período fue la venida del Espíritu Santo y la conversión de mucha gente. El problema es que eso no tiene que ver con un contexto de persecución.

El otro acontecimiento es la catástrofe de Jerusalén y la destrucción del templo, que sí siempre estuvo en la mente de Jesús y está unida a la Segunda Venida (Mt. 24; Mr. 13). La destrucción del Israel según la carne, la aniquilación del sistema de sacrificios que simbolizaban la muerte de Jesús, el Cordero de Dios. Este acontecimiento histórico sí se acerca a un significado aceptable del "reino de Dios". De modo que tanto la resurrección de Jesús, la venida del Espíritu Santo en el día de Pentecostés, y la destrucción definitiva del templo de Jerusalén como clímax, pudieran definir el comienzo del reino de Dios. Una explicación más aceptable que las anteriores.

Ahora el resto del texto. Mayormente el contexto de los evangelios es de persecución; y lo que sabemos y anunciamos es que aunque se cambie el contexto social la presentación del evangelio tiene que ser la misma, o sea que el pecador se halla bajo la amenaza de la ira de Dios y si no lo acepta y tiene en poco “una salvación tan grande”, no le eche la culpa a Dios sino a sí mismo (v.25). Jesús es presentado sufriéndola y como un ejemplo de lo que les espera a sus discípulos. Jamás les prometió bonanza sino que a través de muchas tribulaciones entremos al reino de Dios, como dijo el apóstol (Hch. 14:22).

El que le seguía sabía que podría terminar sus días como mártir. No había engaño, ese podría ser el desenlace de su vida. Lo que sí les promete es otra vida, la recuperación eterna del cuerpo mediante la resurrección, que es el equivalente a no perder la vida (el alma) y no destruirse a sí mismo (v.25). Es un contexto judío e inmediato, y que perduró por unos tres siglos, y cuya amenaza física perdura hoy en algunos países musulmanes donde la fe cristiana es perseguida. 

Sin embargo aunque vivamos en un contexto diferente las palabras de Jesús deben ser halladas en los labios de los evangelistas y en la mente de quienes los oyen, “si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día y sígame” (v.23). Es correcto presentar y recibir el evangelio teniendo eso en mente, que la aceptación del discipulado de Jesús es opuesta al interés propio, al ego, a cualquiera cosa que se tenga y que se sea.

¿Quién se atreve a plantar una iglesia así, diciéndole a la gente que la aceptación de seguir a Jesús podría ocasionarle pérdidas? ¿No es la tendencia más bien afirmar el beneficio que se ha de recibir, sea prosperidad material o felicidad espiritual? Como el contexto ha cambiado el mensaje del evangelio parece satisfacer los deseos y anhelos del yo, e investir la satisfacción propia con la gloria de Dios. Eso es una sutil mentira que hace sabroso el evangelio al gusto popular. El evangelio siempre es sabroso por sí mismo, por la esperanza que da aunque se persuada a los hombres “conociendo el temor de Dios” (2 Co. 5:11). El “niéguese a sí mismo y sígame”, lo extraño, parece no hallarse de moda.

domingo, 5 de junio de 2011

Llaneros solitarios


 Lucas 9:49-50
(Mr. 9:38-40)
 "49 Entonces respondiendo Juan, dijo: Maestro, hemos visto a uno que echaba fuera demonios en tu nombre; y se lo prohibimos, porque no sigue con nosotros. 50 Jesús le dijo: No se lo prohibáis; porque el que no es contra nosotros, por nosotros es".

LUTERO Y CALVINO
ATANASIO CONTRA EL MUNDO
Casi siempre Dios concedía el poder de echar fuera demonios junto con el de sanar a los enfermos (Mt. 10:1); sin embargo este hombre fue observado que sólo tenía uno y ocupado estaba en librar a las personas de influencias diabólicas; es decir era un ministerio completamente espiritual y enfocado exclusivamente para destronar a Satanás y hacerlo caer desde el aire (Efe. 6:12). Dios así consagró a este hermano, porque parece sincero, o él se sintió por alguna razón personal llamado por el Señor a combatir al diablo y dejar la cura de enfermedades para otros que hubieran recibido el par de carismas.
Era algo a lo cual estaba dedicado con gusto y de forma personal, pues se retrajo del grupo y sin pedir asistencia ni apoyo apostólico hacía la guerra al poder de las tinieblas; y es posible, aunque no probable, que sus motivos fueran personales, y en su dedicación, encono y rabia, no quería que nadie interviniera ni le prestara auxilio pues eran cuentas, quizás viejas cuentas que quería personalmente hacerle al diablo pagar. Quizás sufrió en carne propia, personalmente o en alguien muy querido, los daños de Satanás, y se propuso perseguirlo y destruir sus fortalezas dondequiera que alzara su poderío, y deseó no dejar en su región ni un solo cuerpo que le sirviera de habitáculo al maligno.
Todos tenemos razones personales, recuerdos de diablos que tuvimos dentro, heridas hechas por caídas, debilidades socavadas por el diablo, malos recuerdos suyos, que nos incitan contra él y tanto por la gloria de Dios como por dolor propio, queremos con venganza, a veces más que por fe, hacerle pagar el doble o el triple, las pérdidas, las imborrables cicatrices dejadas en nuestra memoria, las noches de insomnios y pesadillas, y los sudores de sangre que nos ha sacado, hasta el punto si fuera posible, aplastarlo, literalmente hollarlo debajo de nuestros pies (Ro. 16: 20).
Si esto es sólo una posible conjetura sobre este errático combatiente, ha sido siempre la realidad de muchos soldados como Martín Lutero, legendarios llaneros solitarios, sobrevivientes de alguna masacre, que a título personal y sin máscaras, a cara descubierta se han enfrentado al anticristo (2 Co. 3:18), y hacen justicia en pueblos y aldeas a todos los oprimidos por el diablo.

jueves, 2 de junio de 2011

Jesús cargó al más relevante


Lucas 9:46-48
(Mt. 18:1-5; Mr. 9: 33-37)
 46 Entonces entraron en discusión sobre quién de ellos sería el mayor. 47 Y Jesús, percibiendo los pensamientos de sus corazones, tomó a un niño y lo puso junto a sí, 48 y les dijo: Cualquiera que reciba a este niño en mi nombre, a mí me recibe; y cualquiera que me recibe a mí, recibe al que me envió; porque el que es más pequeño entre todos vosotros, ése es el más grande.
   

Usando el orden que Lucas nos da, esta discusión entre los apóstoles sobre quién de ellos sería el más relevante en el reino de Dios, encontramos que parece tener lugar después que ellos regresaron de la exitosa gira misionera (9:6), después de las palabras excepcionales que Jesús había dicho a Pedro y que Pedro había dicho sobre Jesús (9:18-20); y era como un espíritu de envidia que los estaban calando, todos querían sentirse privilegiados y únicos, de modo que cualquier otro predicador que no perteneciera a ese equipo, por su osadía debía prohibírsele que lo hiciera (9:49,50).

El deseo de hacer misiones propulsado por Jesús era elevado y más de uno quería ofrecerse como un voluntario, y dentro de los cuales el Señor había empezado a organizarlos para enviarlos a predicar (9:57-62, y sobre todo aquella discusión dentro de este espíritu de avivamiento y de triunfo sobre los espíritus malignos y las enfermedades ocurre en el contexto de la conocida como "misión de los 70" (Cap. 10), no cabía y podría apagar ese fuego, cambiándolo por espíritu de competición.

Mi observación es que si habían escuchado sobre la especialidad del futuro ministerio de Pedro y la exclusividad suya y los otros dos en el monte de la transfiguración (9:28-36), el ambiente era propicio para hacerles pensar a cada uno sobre el valor que tenía dentro de todo aquel movimiento efervescente, y la posición que ellos los primeros tendrían sobre los otros que estaban llegando. Jesús canaliza esas aspiraciones sobre posiciones y los organiza en parejas para que en vez de aspirar a cargos y jerarquías eclesiásticas se dedicaran a ir por las aldeas y ciudades predicando el evangelio y sanando enfermos.

Si los hubiera dejado hacer lo que ellos querían, organizarse por rangos antes de tiempo, la satisfacción de la estructura eclesiástica atentaría contra el espíritu misionero haciendo que aquello que se movía tan veloz se parara. En ese momento todavía no hacía falta esa gradual organización que estaba revelando por anticipado, sin que hubieran trabajado suficiente para establecer el reino de los cielos, que iban a realizar un trabajo con espíritu equivocado de arrogancia y envidias, y para ser servidos más que para servir.

Como la humildad brillaba por su ausencia en los corazones de estos inmaduros líderes, Jesús pidió a una madre su niño, lo bendijo y les dijo que no se compararan más los unos con los otros porque eso no es de sabios (2 Co. 10:12), y no se consideraran con más valor que las mujeres y los niños, porque esa exagerada opinión propia sería un obstáculo tanto para recibir el evangelio como para predicarlo. El más relevante del grupo, miraron sorprendidos, lo tenía Jesús cargado (Mr. 9:30; 10:16).

  1 Juan Mayormente el contenido de esta carta, si es que a pesar de la repetición de asuntos, se puede considerar de esa manera y no como...