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viernes, 15 de abril de 2011

La pérdida de la vergüenza


Ezequiel 39: 26-29
"Y ellos sentirán su vergüenza y toda su rebelión con que prevaricaron contra mí, cuando habiten en su tierra con seguridad y no haya quién los espante. Porque habré derramado de mi Espíritu sobre la casa de Israel, dice Jehová el Señor".


La palabra vergüenza en el original también significa desgracia y deshonor. Esta es una época de desvergüenza, los pervertidos sexualmente se organizan como en sindicatos para exigir la aprobación, legalización y expansión de su desviación común como si fuera un derecho humano, justo; quieren que  se les reconozca, permita la práctica pública de sus sodomías. Hombres y mujeres escriben y hablan ante las cámaras de televisión sobre sus vidas íntimas y perversiones, con la frente tan alta como si fueran virtudes. ¿Por qué tanta desvergüenza?, porque todo eso se hace por la ausencia del Espíritu Santo en el mundo. Mientras menos influencia del Espíritu Santo haya en la sociedad, menos vergüenza tendrá la gente.

La política, la tecnología, la educación secular, la debilidad de la religión, han contribuido a desplazar al Espíritu Santo. Ese es el origen de la pérdida del carácter sano; del por qué ser alcohólico, usar drogas, fornicar, adulterar, se juzgan como enfermedades o algo así; y en las entrañas de todo eso se encuentra el relativismo filosófico del momento, y por eso no se avergüenzan. Los movimientos cristianos en sus luchas por recolocar la moral judeo- cristiana en su lugar podrán tener algún éxito pero el restablecimiento del sentimiento de vergüenza en la gente ha de provenir, ha de venir junto con el renacimiento del concepto de pecado, contra Dios, contra el prójimo, contra el cuerpo, contra la familia, contra la sociedad, contra la tierra, por medio de un gran avivamiento del Espíritu Santo dentro de la iglesia; eso es lo que hará que el mundo también sea transformado, se mire desnudo, esconda la cara y otras cosas, y se avergüence.

lunes, 11 de abril de 2011

Contaminación Urbana


Salmo 55:9-11
“He visto violencia y rencilla en la ciudad”.


¿De qué ciudad habla aquí, de la antigua Sodoma, de la capital de los sirios, Damasco? ¿De Tebas en Egipto, de Gaza en Filistea? ¿O de las modernas Miami, New York, Ciudad Méjico, Los Ángeles, Madrid, Londres o Montevideo? No, está hablando de la ciudad de David, la ciudad amada, del gozo de Dios donde puso su residencia en el monte de Sión, el orgullo religioso y arquitectónico de todo israelita (Sal. 48:12,13). Sí, Jerusalén, la llamada “Ciudad Santa” la que se ha llenado de tantos pecados; sobre ella cayeron los caldeos y la redujeron a escombros, sobre cada una de sus piedras lloró Jesús, lamentándose que no había conocido “el día de su visitación” y sería de nuevo derribada hasta el infierno. En ella, afuera, murió el Salvador, resucitó y ascendió al cielo.


A ella amó Cristo y ordenó a sus discípulos que comenzaran a evangelizar a sus ciudadanos, los que lo habían crucificado (Hch. 1:8). Señor, bendice a Jerusalén y no olvides a Jerusalén la celestial, la que desciende del cielo, la que es una obra primorosa de tu gracia y Palabra (Apc. 21:9-27). Oh Señor, que no se halle en ella los mismos pecados que en la Jerusalén terrenal, “la apóstata, la madre de las rameras de la tierra”, la violencia, el fraude, el engaño, la rencilla, que tú seas su Rey y ella la esposa del Cordero.


¿Por qué quieres, para qué quieres vivir en la ciudad y no en las aldeas, en el campo? ¿Por qué prefieres la urbanización de una metrópolis en vez de la vida rural? ¿Por qué se aglomeran los pueblos en las grandes ciudades, qué buscan dentro de ellas? No hay ninguna ciudad santa, ninguna ciudad donde se viva por las leyes de Dios y la contaminación ambiental de ellas no es tan grande como la espiritual y moral donde apenas se puede respirar un poco de aire puro. Se hallan las mismas cosas que en las antiguas y un poco más, porque en ellas radican los aborrecedores de dios y los inventores de males (Ro. 1:30): drogadicción, violación, engaños, robo, secuestros, etc. En ese ambiente la iglesia vive y la iglesia testifica. Las metrópolis presentan más peligro espiritual que las zonas rurales.


El diablo anda por lugares secos, pero no vive en los lugares secos y apartados. ¡Oh cuánta maldad, cuánta abominación! Señor fortalece tus iglesias en las grandes ciudades, llénalas con tu Espíritu, bendice la obra urbana y que cuando digamos: “Vayamos hasta aquella ciudad y traficaremos y ganaremos” (Sgo. 4:13), no pequemos, no nos enfriemos, no pertenezcamos a ese mundo, no nos materialicemos, no nos corrompamos.


¿No afligimos nuestra alma justificada al ver la conducta nefanda de nuestros ciudadanos? (2 Pe. 2:6-9). ¿No lloraremos por ella como Lot? ¿No intercederemos ante Dios por la salvación de ellas como Abraham, que trataba de salvarlas con sus oraciones? ¿O nuestro corazón se enamora de sus vanidades, de sus modas, de sus adelantos y tecnologías, de sus teatros, de sus cines, de sus calles llenas de comercios y sitios prohibidos para un santo? ¿O se enardecerá nuestro corazón como el de Pablo cuando miraba Atenas entregada a la idolatría? ¿Amamos tanto las ciudades como para clamar a Dios por ellas y trabajamos incansablemente para salvarlas? (Hch. 17: 16) ¿No nos es una carga sus crímenes, sus asesinatos por robo, toda injusticia, sus prostitutas en las calles, la inseguridad ciudadana, sus guetos? Oh Dios del cielo, ayúdanos a testificar de tu Hijo en las ciudades, amén.

domingo, 10 de abril de 2011

La iglesia en Antioquía: Un modelo


Hechos 11:19-26 (LBLA)
[19] Ahora bien, los que habían sido esparcidos a causa de la persecución que sobrevino cuando la muerte de Esteban, llegaron hasta Fenicia, Chipre y Antioquía, no hablando la palabra a nadie, sino sólo a los judíos. [20] Pero había algunos de ellos, hombres de Chipre y de Cirene, los cuales al llegar a Antioquía, hablaban también a los griegos, predicando al Señor Jesús. [21] Y la mano del Señor estaba con ellos, y gran número que creyó se convirtió al Señor. [22] Y la noticia de esto llegó a oídos de la iglesia de Jerusalén y enviaron a Bernabé a Antioquía, [23] el cual, cuando vino y vio la gracia de Dios, se regocijó y animaba a todos para que con corazón firme permanecieran fieles al Señor; [24] porque era un hombre bueno, y lleno del Espíritu Santo y de fe. Y una gran multitud fue agregada al Señor. [25] Y Bernabé salió rumbo a Tarso para buscar a Saulo; [26] y cuando lo encontró, lo trajo a Antioquía. Y se reunieron con la iglesia por todo un año, y enseñaban a las multitudes; y a los discípulos se les llamó cristianos por primera vez en Antioquía.


La iniciativa misionera es del Espíritu Santo. ¿Fue un plan de la iglesia? El evangelio continúa extendiéndose movido por el Espíritu Santo; la persecución contra la iglesia es la situación social externa que produce el movimiento de los cristianos fuera de Jerusalén, pero delante de esa situación política difícil va el plan de Dios abriendo avenidas que conduzcan al arrepentimiento de aquellos que viven fuera de la circunscripción judía. Sin embargo no todos los cristianos esparcidos predicaron la Palabra, muchos de ellos llegaron hasta Fenicia, Chipre y Antioquía y no compartieron su fe en Cristo con nadie.


Eso es lo que quiere decir Lucas, que la evangelización de los gentiles no fue el resultado de la visión misionera de la iglesia judía de Jerusalén sino un proyecto e iniciativa del Espíritu Santo; ninguno de los hermanos lo había planeado, no fue un estudio estratégico hecho por los líderes de la congregación sino el resultado de la fervorosa vida espiritual de los creyentes; estaban preparados como misioneros porque lo estaban como cristianos, aunque no salieron como misioneros, la evangelización fue el resultado del testimonio cristiano de aquellos hermanos. Una iglesia que viva fervientemente el evangelio lo predicará a través de su testimonio, no hay que empujarla para que testifique a los que no conocen al Señor. ¿Dónde usted lee, en las epístolas del siempre preocupado por la vida espiritual de los cristianos, Pablo, que los exhortara a predicar a otros?


Había evangelistas especialmente señalados por el Señor para predicar el evangelio en otras regiones; estos tenían una comisión especial, importante, pero el grueso de la membresía de la iglesia llevaba el peso en la mayor parte de la responsabilidad para evangelizar al mundo. La iglesia debe mirar hacia afuera y enviar como misioneros a los que sean más adecuados. Aquellos testimonios fueron bendecidos por el Espíritu Santo, la mano del Señor estaba sobre ellos y las palabras que dijeron cayeron en buena tierra, de modo que muchos creyeron en el Señor; y se "convirtieron" lo cual quiere decir que comenzaron inmediatamente a vivir como cristianos.


Lucas no dice la impresión que causó la conversión de los gentiles a las autoridades espirituales de Jerusalén, si se inquietaron y en qué sentido; lo cierto es que enviaron una embajada para que observara y evaluara lo que había pasado en Antioquía. Quiénes habían predicado el evangelio, con qué clase de verdad se habían convertido al Señor, quiénes habían recibido el evangelio y si eran auténticas las conversiones. Eso estaba bien, la iglesia debía mostrarse escrupulosa al examinar cualquier éxito y averiguar, examinando por partes los grandes resultados obtenidos. Y nuestra llamada Convención debiera hacer lo mismo y no mostrarse neutral en doctrinas y con qué las iglesias crecen.


Los aspectos que sometieron a escrutinio pudieron haber sido los que ya he mencionado: (1) quiénes fueron los predicadores (2) con qué doctrina se convirtieron (3) qué clase de personas son los nuevos convertidos (4) observar si esas "conversiones" estaban poniendo en práctica las enseñanzas del Señor Jesús. Bernabé quedó satisfecho porque se dice que cuando "vio la gracia de Dios" se puso muy contento; aquellos gentiles aunque no habían recibido el evangelio por medio de los labios apostólicos, habían recibido el evangelio y el resultado era satisfactorio; se habían convertido al "Señor". Los fugitivos no habían predicado para hacer crecer una secta, una denominación, porque específicamente no habían predicado doctrinas, las cuales estaban en cierne, sino la Persona de Jesucristo (aunque eso es doctrina, ¿no?), sus palabras y sus hechos, su forma de vida y su muerte. La multitud había sido "agregada al Señor "(v. 24) no precisamente a la iglesia, lo cual sería una consecuencia de la conversión de ellos al Señor.


Parece que el aspecto al cual el hermano Bernabé le dio más importancia fue a la perseverancia de los santos; porque los exhortó a que fueron fieles al Señor a partir de ese momento (v.23). No hubo ninguna exhortación para que ellos hicieran lo mismo y se reprodujeran espiritualmente, ni tampoco se nos dice que él anotase en un libro los aspectos sobresalientes que hubieran determinado el crecimiento de la iglesia en Antioquía, que pudieran ser puestos en práctica en otros sitios para lograr de esa manera los mismos resultados. No hay ninguna traza en él de ese pragmatismo moderno. No ponía la confianza en los métodos. El mejor método, el único, era a vida de los creyentes. Y es el más difícil de emplear y por eso tiene muchos inventos y sustitutos.


El Agente de aquel crecimiento era el Espíritu Santo a través de la vida espiritual de la iglesia. No fue de casa en casa preguntándole a los hermanos: ¿Cómo fue que ustedes crecieron tanto? ¿Qué hicieron para lograrlo? Las bendiciones de Dios no se pueden duplicar, son bendiciones que provienen de la gracia del Señor, y cuando se dice "gracia" que fue lo que vio Bernabé, eso excluye méritos y obras de cualquier clase para lograrlo; si se fuera a tener una réplica de los sucesos en Antioquía lo que habría que duplicar sería la vida espiritual de aquellos hombres griegos que le hablaron el evangelio a los griegos, el fervor de ellos , la fe de ellos, el deseo de ellos para que otros también fueran salvos. Lo que debe pasar de una congregación a otra no son los modelos prácticos para obtener los resultados que otra iglesia obtuvo sino el espíritu cristiano de aquella. No podemos manejar la providencia de Dios y sustituir inteligentemente lo que corresponde a la gracia; lo que aquellas personas dijeron logró buenos resultados porque la mano del Señor estaba sobre ellos.



El fin de aquellos predicadores del evangelio no era el crecimiento de la iglesia de Jerusalén, no predicaban propiamente para hacer crecer la iglesia sino porque querían compartir con otros la fe en Cristo que ellos tenían, querían hacerlos copartícipes de la esperanza que sustentaban. Y sin embargo crecía. Si ellos no tenían ese fin no podemos tomar el caso de Antioquía para lograr un fin que no existió. Estrictamente, si exploramos los sucesos en Antioquía por nuestras ciencias modernas, correspondería a la teología y no a la eclesiología explicar lo que allí pasó y ofrecernos las lecciones. Los aspectos más importantes son: el Espíritu Santo y la fe. Lo que es fruto de la iniciativa divina, de la providencia Suya y del amor de Dios, no se puede reducir a aspectos prácticos. Es mejor imitar vidas cristianas que métodos evangelísticos.


Hay una observación bondadosa hecha por Lucas con respecto a Bernabé, con la cual estuvo de acuerdo el Espíritu Santo, que merece algún comentario "era varón bueno y lleno del Espíritu Santo y de fe" (v.24). Esto supongo, por la abierta sensibilidad que tuvo hacia los gentiles convertidos, porque era racialmente un poco más abierto que las otras autoridades de Jerusalén y no se mostró tan estricto como aquellas. Todos le vieron sonreír y como se le alumbró el rostro de gozo al ver la gracia de Dios, y recordaban que el único comentario que hizo fue que persistieran en la fe y fueran fieles al Señor. Por eso le dicen bueno; no tenía ningún inconveniente que el evangelio fuera multirracial; y su bondad se había conocido cuando al principio vendió sus posesiones y el dinero lo donó a los pobres (4:36,37), y además su visión misionera al llamar a Saulo (9:26,27).


Paulinismo y vida cristiana en Antioquía. Los hermanos mediante los cuales había sido fundada la iglesia en Antioquía eran lo que nosotros llamaríamos laicos, no licenciados predicadores, no ancianos, no obispos; por tanto, necesitaban de una persona bien preparada en el evangelio, que no tuviera reparos para ser un ministro a los gentiles. Bernabé sabía que Cristo había llamado a Saulo para que le predicara entre los gentiles. Se acordó de él, de su vocación, y pensó que no había otro mejor para ocupar un pastorado en esta iglesia. Lo fue a buscar y lo trajo.


El trabajo de Saulo y de Bernabé en Antioquía, al menos por lo que nos dice Lucas, no consistió tanto en continuar expandiendo la iglesia como en enseñarle ampliamente el evangelio y cómo vivirlo (v.26); aunque daría pie a esto si se toma la palabra "gente" o "una considerable multitud" no como hermanos sino como personas nuevas. Es dudoso, no sé bien, pero de un modo o de otro la enseñanza del evangelio ocupó el primer lugar. La iglesia continuó creciendo sobre bases más sólidas porque estaba siendo enseñada por hermanos que tenían la capacidad para hacerlo.


Es curioso que Lucas escriba que se les llamó cristianos después que haber dicho que mucha gente había aprendido el evangelio. Por un tiempo pensé que les llamaron cristianos porque les oían con frecuencia hablar de Cristo, tanto a los que venían de Jerusalén como a los que habían creído el mensaje de ellos, pero después de esta observación supongo que es sólo parte de la verdad, por el cristo-centrismo de las enseñanzas paulinas tan acentuado en aquella congregación, como por el estilo de vida en la gracia de Cristo, superior a la Ley, que el apóstol Pablo propulsaba. Cristianos son los que tienen una teología paulina y viven en la gracia de Dios que vino con Cristo.

miércoles, 6 de abril de 2011

Usa para estudio la mejor versión de la Biblia


Lucas 1:1-4

“1 Puesto que ya muchos han tratado de poner en orden la historia de las cosas que entre nosotros han sido ciertísimas, 2 tal como nos lo enseñaron los que desde el principio lo vieron con sus ojos, y fueron ministros de la palabra,3 me ha parecido también a mí, después de haber investigado con diligencia todas las cosas desde su origen, escribírtelas por orden, oh excelentísimo Teófilo,4 para que conozcas bien la verdad de las cosas en las cuales has sido instruido”.



Lucas es un médico historiador, veraz y humilde, una persona responsable y capacitada para informar con exactitud todo lo que escuchó de los apóstoles y vio con sus ojos, de modo que lo que Teófilo leyó, y las correcciones que pudo haber hecho a su fe, y el incremento que alcanzó su preparación cristiana, fueron con cosas estrictamente correctas en relación con la vida de nuestro Señor Jesucristo.


Cree en los apóstoles y en lo que ellos dieron origen, la Iglesia Universal, y la importancia que el asentimiento o negación de ella a una doctrina, tiene, y aquí Lucas después de haber investigado desde dentro de la iglesia las formas de la doctrina en todo lo que se enseña dijo que lo que él estaba escribiendo pertenecía a las cosas que la iglesia tenía como “ciertísimas” (v. 1), ya que habla de "nosotros" y eso quiere decir la hermandad cristiana e incluye a los que como él están relacionados con los testigos oculares de quien fue Jesús de Nazaret, lo que hizo, lo que dijo, su muerte y resurrección, es decir que fueron "ministros de la Palabra" (v. 2).


La palabra que escogió, que es la que la iglesia usaba, se traduce “historia”, también pudiera decirse “declaración o narrativa”, y la que se ha traducido “ciertísimas” significa "completamente seguras" "enteramente hechas"; lo que quiere decir que la iglesia no usó en su catequesis ningún documento, o sea otro Nuevo Testamento, que no estuviera completamente segura que los hechos narrados eran ciertos y que realmente habían ocurrido, y el Espíritu Santo la guió en ello. Sus copias eran tomadas de los autógrafos y cualquiera otra que apareciera que no coincidiera en poco en mucho con ellos, o que los contradijera, no se usaban, y permanecían inútiles por alguna parte hasta que fueran apareciendo casi intactas en los siglos posteriores, demostrando la falta de uso que la iglesia no los quería. La utilización de las copias es uno de los criterios que se ha seguido para determinar la autenticidad de los documentos cristianos, la difusión y uso en distintas partes del mundo. El Nuevo Testamento fue aprobado por la iglesia apostólica, y es el libro que ahora sirve para modelar todas las congregaciones cristianas, que están dispuestas a usar solamente aquellas versiones más apegadas al original.


Lucas le dice a Teófilo que use sólo los autógrafos para formar sus creencias y practicarlas. Si le dedica este documento a una sola persona, digamos funcionario, noble, senador, y después otro, Hechos de los Apóstoles, sin mencionar a nadie, subraya la importancia que este personaje tuviera a su disposición una historia correcta y la bendición que podría ser para el mundo que llegase la ortodoxia cristiana a formar la personalidad de este hombre eminente. Lucas tiene un doctorado en medicina y Teófilo por el título que se coloca delante de su nombre, excelentísimo, o "muy señor mío" pudo haberse tratado de un senador, ocupante de alguna posición importante en el gobierno, parte de la nobleza, o un hombre culto y adinerado con una gran influencia en sus esferas. De forma similar a Festo (Hch. 24:3; 26:25). Y fue una bendición dada y dirigida por Dios por cuanto ambos documentos, este y el libro Hechos, sobrevivieron y para que así ocurriera, no que los hubiera guardado bajo llave sino que estuvo a disposición de los obispos y pastores de la iglesia que hicieron copias y se distribuyeron en distintas congregaciones en diferentes partes del mundo, y eso fue lo que hizo perdurable hasta el día de hoy estas dos narrativas.


Muchos intentaron escribir la completa historia de Cristo y fracasaron, lo que produjeron fue lo que se conoce como evangelios apócrifos. Tan sólo cuatro de esas historias fueron recibidas como confiables y las demás ignoradas, puestas a un lado o prohibida su lectura, por desacertadas y dañinas, tales como los evangelios a los Nazarenos, Egipcios, Hebreos, o de Nicodemo y Tomás, Matías y Los Doce Apóstoles, y mucho menos los evangelios heréticos escritos por Cerinto y Basilio.


Todos esos escritos fueron rechazados porque la iglesia apostólica y sus descendientes se propusieron no dejarse instruir, exhortar y corregir con ninguna otra cosa que no fuera con los autógrafos, es decir los escritos de los apóstoles, o con copias exactas de dichos documentos, y dicho en una palabra actual, era escrupulosa en seleccionar la mejor versión del Nuevo Testamento, la que estuviera más cerca de los autógrafos apostólicos.

viernes, 1 de abril de 2011

Lo que es de Dios, para Dios, y lo que es de Elisabet, para ella


Lucas 1:5-13

5 Hubo en los días de Herodes, rey de Judea, un sacerdote llamado Zacarías, de la clase de Abías; su mujer era de las hijas de Aarón, y se llamaba Elisabet. 6 Ambos eran justos delante de Dios, y andaban irreprensibles en todos los mandamientos y ordenanzas del Señor. 7 Pero no tenían hijo, porque Elisabet era estéril, y ambos eran ya de edad avanzada.8 Aconteció que ejerciendo Zacarías el sacerdocio delante de Dios según el orden de su clase, 9 conforme a la costumbre del sacerdocio, le tocó en suerte ofrecer el incienso, entrando en el santuario del Señor.10 Y toda la multitud del pueblo estaba fuera orando a la hora del incienso.11 Y se le apareció un ángel del Señor puesto en pie a la derecha del altar del incienso.12 Y se turbó Zacarías al verle, y le sobrecogió temor. 13 Pero el ángel le dijo: Zacarías, no temas; porque tu oración ha sido oída, y tu mujer Elisabet te dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Juan.


Zacarías era el padre adecuado escogido por Dios de entre la octava clase de las veinticuatro divisiones que había hecho el rey David para el sacerdocio. Su esposa Elisabet, lo mismo, tenía sangre sacerdotal; y ambos tuvieron el privilegio de tener un gran hijo, Juan el Bautista, y este la bendición de tales padres. Esta historia se cuenta por causa del hijo y sobre todo por causa del ministerio al cual sería llamado en relación con Jesucristo (v. 5).


Aunque Juan el Bautista, habría de exceder en fama e importancia a sus dos ancianos padres, ellos merecen que se les distinga al menos por una cosa sencilla, su matrimonio. De modo muy suave y con sólo una pincelada, el Espíritu Santo menciona que él era un sacerdote y ella una de las hijas de Aarón, o sea dos personas verdaderamente santas y consagradas al servicio de Dios, un matrimonio planeado por Dios con la sabiduría que les dio a ambos para formar una pareja ideal, con el mismo espíritu de amor y servicio al Señor, y capaces de criar a aquel hombre que habría de convertirse en el último y tal vez más importante profeta de Israel.


Zacarías le dice al ángel que él y su mujer ya son viejos (v. 18); esto dentro del mundo judío equivalía a tener sesenta años o más. Generalmente las parejas se casaban jóvenes, así que este matrimonio no tenía una unión frágil, comprobación es que tenían más de cuarenta años casados, sin que ninguno de los dos se le ocurriera vivir sin el otro. La fortaleza de tan larga unión tiene que ver con la formación religiosa de ambos, porque ambos eran "irreprensibles en todos los mandamientos y ordenanzas del Señor" (v. 6). Ella se comportaba como era digna de una hija de Aarón y él como debía hacerlo un sacerdote.


Esa es la razón por la cual esta pareja ministerial había servido a Dios tantos años sin presentar ninguna clase de problema doméstico, y sin tener que acudir a algún profesional para que les ayudara a tratarse mutuamente como es debido porque estaban pensando en carta de divorcio. La mayor parte de los mandamientos a que se refiere aquí tienen que ver con relación a Dios, y como eso era excelente, no tenían ninguna clase de problema entre los dos, él no desatendía el hogar por estar quemando incienso, sacrificando animales y esparciendo sangre; Elisabet no se sentía abandonada por la dedicación vocacional de su marido, y él era sabio como para darle a cada cosa su lugar, lo que es de Dios para Dios y lo que es de Elisabet para ella. Este era un matrimonio pastoral irreprensible, sin mancha, cuyo ejemplo podía ser imitado por todos los que conocieran, sobre todo los sacerdotes más jóvenes y sus esposas recién casadas.

  1 Juan Mayormente el contenido de esta carta, si es que a pesar de la repetición de asuntos, se puede considerar de esa manera y no como...