sábado, 27 de diciembre de 2008
Pablo en una casa alquilada
sábado, 20 de diciembre de 2008
Un Naufragio y la Predestinación
Hechos 27:27-44 (LBLA)
Y llegada la decimocuarta noche, mientras éramos llevados a la deriva en el mar Adriático, a eso de la medianoche los marineros presentían que se estaban acercando a tierra. [28] Echaron la sonda y hallaron que había veinte brazas; pasando un poco más adelante volvieron a echar la sonda y hallaron quince brazas de profundidad. [29] Y temiendo que en algún lugar fuéramos a dar contra los escollos, echaron cuatro anclas por la popa y ansiaban que amaneciera. [30] Como los marineros trataban de escapar de la nave y habían bajado el esquife al mar, bajo pretexto de que se proponían echar las anclas desde la proa, [31] Pablo dijo al centurión y a los soldados: Si éstos no permanecen en la nave, vosotros no podréis salvaros. [32] Entonces los soldados cortaron las amarras del esquife y dejaron que se perdiera. [33] Y hasta que estaba a punto de amanecer, Pablo exhortaba a todos a que tomaran alimento, diciendo: Hace ya catorce días que, velando continuamente, estáis en ayunas, sin tomar ningún alimento. [34] Por eso os aconsejo que toméis alimento, porque esto es necesario para vuestra supervivencia; pues ni un solo cabello de la cabeza de ninguno de vosotros perecerá. [35] Habiendo dicho esto, tomó pan y dio gracias a Dios en presencia de todos; y partiéndolo, comenzó a comer. [36] Entonces todos, teniendo ya buen ánimo, tomaron también alimento. [37] En total éramos en la nave doscientas setenta y seis personas. [38] Una vez saciados, aligeraron la nave arrojando el trigo al mar. [39] Cuando se hizo de día, no reconocían la tierra, pero podían distinguir una bahía que tenía playa, y decidieron lanzar la nave hacia ella, si les era posible. [40] Y cortando las anclas, las dejaron en el mar, aflojando al mismo tiempo las amarras de los timones; e izando la vela de proa al viento, se dirigieron hacia la playa. [41] Pero chocando contra un escollo donde se encuentran dos corrientes, encallaron la nave; la proa se clavó y quedó inmóvil, pero la popa se rompía por la fuerza de las olas. [42] Y el plan de los soldados era matar a los presos, para que ninguno de ellos escapara a nado; [43] pero el centurión, queriendo salvar a Pablo, impidió su propósito, y ordenó que los que pudieran nadar se arrojaran primero por la borda y llegaran a tierra, [44] y que los demás siguieran, algunos en tablones, y otros en diferentes objetos de la nave. Y así sucedió que todos llegaron salvos a tierra.
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Observa un ejemplo en el naufragio de la nave que es un símil a favor de la forma tan simple y apropiada que se lleva a cabo la predestinación por medio de la providencia. Un ángel de Dios le dijo a Pablo que todas aquellas personas que iban en el barco estaban predestinadas a no ahogarse, aunque las cosas se empeoraran y el barco se hundiera. Dios garantizaba que ninguno perecería (v.24). Y se cumplió al pie de la letra.
Pero ¿cómo? De una forma sencilla y rústica donde la actividad humana está incluida. No hubo ningún milagro y cada uno usó su capacidad para salvarse, no hubo intervención sobrenatural que los hiciera flotar maravillosamente como si en vez de hallarse en el Mar Adriático se estuvieran bañando en el Mar Muerto. Los que eran jóvenes y sabían nadar bien fueron los primeros en echarse al agua, los que no sabían, los mayores y débiles se agarraron a las tablas, otros de los toneles y así cada cual se sostuvo de cualquier cosa que flotara, algunos en tablones, y otros en diferentes objetos (v.44), y de ese modo tan obvio y natural llegaron a la orilla. Sobre esas maderas y flotadores se hallaban tan seguros como en la palma de la mano de Dios. El destrozo de la nave por las olas les proporcionó providencialmente los medios para que se cumplieran las palabras del Señor. La teología nos enseña que en el Nuevo Nacimiento el pecador está inactivo, muerto, pero cuando es resucitado se esfuerza en la gracia y toma acción en su conversión y arrepentimiento.
El símil sirve para mostrar el lugar que ocupan providencialmente los medios de gracia en la salvación de los pecadores. Los que han de ser salvos lo serán porque aún las tablas y palos serán medios de gracia para que se cumpla tal propósito y ninguno perezca. El que elige provee los medios de la salvación para que conforme a su propósito sus palabras se cumplan. Nosotros sabemos cuáles son los medios de gracia que utiliza la providencia para que aquellos que han de ser salvos son simples: la sencilla Palabra de Dios, la oración, la predicación bíblica, el testimonio personal y la literatura cristiana entre otros. Con la bendición de Dios cualquier objeto puede ser usado por él para salvar a un pecador. Una tabla, un palo, un balde, una goma y un barril. No hace falta que estén elegantemente cortadas, labradas y pintadas. No leo que Noé le haya dado pintura al arca. Ni la cruz tampoco la tenía. Ni el altar de tierra llevaba piedras labradas. La insistencia hoy es enfatizar los medios de gracia y los programas cristianos hasta un punto que parece que sólo con ellos se obra la salvación. La predestinación y la providencia trabajan en coordinación y saben cómo hacer las cosas y siempre las hacen a tiempo, ajustadas a los que salvan, y bien. El evangelismo que hace que los escogidos obtengan la salvación es esforzado y cristocéntrico. La iglesia debe evangelizar y utilizar los medios que la providencia ponga a su alcance para encontrar perdidos.
Hay otras cosas bonitas en esta nave que se fue a pique que si las leemos como un símil de la predestinación de los acontecimientos, serán de provecho. Hubo otras cosas que llevaron a los pasajeros al punto de salvación.
Uno, es necesario que en tiempo de borrascas los líderes de la iglesia permanezcan en sus puestos. Pablo se dio cuenta que los marineros querían irse ellos y dejar el resto a su suerte y para eso hicieron descender el esquife para ocuparlo a escondidas y marcharse (v.30), pero Pablo se dio cuenta y alertó al centurión y a los soldados, Si éstos no permanecen en la nave, vosotros no podréis salvaros (v.31). Por un tiempo más debían permanecer en sus cargos, hasta el final. Sin embargo ellos querían ser los primeros en irse. Una iglesia sin líderes naufraga pronto, no pasarán muchos días en que el miedo, el desorden, terminen con ella. Los que más saben, los que tienen en sus manos las vidas y salvación de los demás, tienen que sacrificarse y quedarse para ayudar a los que los necesitan.
Dos, de la predestinación salen palabras de aliento y no de desaliento. Pablo les trajo palabras de compasión y los instó a que comieran porque estando tan débiles físicamente no podrían nadar ni sostenerse sobre el agua, hace ya catorce días que, velando continuamente, estáis en ayunas, sin tomar ningún alimento (v.33) y les aconsejó que toméis alimento, porque esto es necesario para vuestra supervivencia (v.34); y después de eso sacó palabras de consuelo de la predestinación, diciendo que ni un solo cabello de la cabeza de ninguno de vosotros perecerá (v.34). La predestinación en el NT generalmente se menciona en relación con los que se salvan no con los que perecen; no se menciona para quitarles las ganas de comer a nadie sino para que estén de buen ánimo y coman, para que se consuelen, no lamenten su suerte ni tengan miedo. Es una doctrina consoladora que no debe ser de ningún modo abatida por el misterio de la condenación de los no escogidos por cuanto Dios tendrá sus motivos para que se diga en alabanza de su justicia “a lo cual fueron también destinados” (1Pe 2:8), cada uno de ellos como “hijo de perdición” (Jn 17:12).
Tres, una fe total en la providencia de Dios. Después de todo eso tomaron dos decisiones, cortando las anclas, las dejaron en el mar, aflojando al mismo tiempo las amarras de los timones, encomendarse completamente a Dios, quedarse a la deriva, al garete, separarse totalmente del mundo y los puntos seguros, quitarse las ataduras y flotar sin ninguna seguridad para que los vientos, el mar y Dios hicieran lo que desearan. Tenemos que confiarnos más al cuidado de Dios y hacer decisiones y “si perezco que perezca”. Somos tan racionales y precavidos que nos parece insensato cualquier paso de fe que contemple dejar lo seguro, aunque sea por tiempo limitado, y arrojarnos a una hipotética ayuda divina. Eso lo hacemos, como éstos, cuando ya no hay más remedio y ese es el único camino a tomar. Lo otro que hicieron fue que izando la vela de proa al viento, se dirigieron hacia la playa (v.40). Nuestro lema siempre ha sido “contra viento y marea”. Y ¿por qué ha de ser siempre así? Contra el diablo, el mundo y la carne, sí, pero hay situaciones en que lo más sensato es dejarse empujar por ellas y lo que parece mejor es aceptar la voluntad de Dios y que no siempre “el viento sopla de donde quiere” sino de donde Dios quiere. Luchar contra la voluntad de Dios no es una sabia decisión y no es fe en la providencia sino obstinación y suicidio.
Cuatro, no nos apresuremos a calificar como error una decisión previamente hecha por los escollos que encontramos. Cortaron las amarras, se dirigieron hacia la playa y chocando contra un escollo donde se encuentran dos corrientes, encallaron la nave; la proa se clavó y quedó inmóvil, pero la popa se rompía por la fuerza de las olas (v.41). Y toda esa “mala suerte”, todas esas catástrofes fueron predestinadas por Dios, por cuanto era necesario que la popa se rompiera en pedazos por la fuerza del oleaje y que se zafaran las tablas y tablones y todo objeto saliera al mar para que hubiera entre todos los destrozos doscientos setenta y seis flotadores para cada uno de los náufragos concedidos por Dios a Pablo (v.37). Los que creemos en la predestinación no lamentemos tanto los supuestos errores que pudimos haber cometido, si los juzgamos así por los resultados inmediatos, que un poco más adelante comprenderemos que esos escollos y destrozos eran necesarios para nuestro bien y el de nuestra salvación. Sin todos esos daños, perjuicios y pérdidas no hubiéramos podido ser salvos. Valió la pena, tal vez, habernos ido a pique. ¡Bendita la profundidad de la sabiduría de Dios!
jueves, 18 de diciembre de 2008
Pablo, su soltería y ministerio
Por consiguiente, oh rey Agripa, no fui desobediente a la visión celestial, [20] sino que anunciaba, primeramente a los que estaban en Damasco y también en Jerusalén, y después por toda la región de Judea, y aun a los gentiles, que debían arrepentirse y volverse a Dios, haciendo obras dignas de arrepentimiento. [21] Por esta causa, algunos judíos me prendieron en el templo y trataron de matarme. [22] Así que habiendo recibido ayuda de Dios, continúo hasta este día testificando tanto a pequeños como a grandes, no declarando más que lo que los profetas y Moisés dijeron que sucedería: [23] que el Cristo había de padecer, y que por motivo de su resurrección de entre los muertos, El debía ser el primero en proclamar luz tanto al pueblo judío como a los gentiles.
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Comienza haciéndole a Agripa una cortés petición, que trate de entender su llamamiento. El nombre del rey Agripa está en vocativo (“caso de la declinación, que sirve únicamente para invocar, llamar o nombrar, con más o menos énfasis, a una persona o cosa personificada, y a veces va precedido de las interjecciones ¡ah! u ¡oh!”. Real Academia Española). ¿Es eso mucho, diciéndole que fui desobediente a la visión celestial (v.19)? ¿A un judío no cristiano? ¿A un juez hablarle que no podía ser rebelde a una visión? ¿A un político? Pedirle que creyera en su visión celestial. Era pedirle bastante. Nadie puede entender el ministerio de un siervo de Dios sino Dios y otro siervo de Dios, después su esposa y quizás sus hijos. Sin embargo Pablo no tuvo esposa ni hijos. No eligió como Pedro llevar a “una hermana por mujer” (1Co 9:5) en sus viajes misioneros. Una hermana, no una inconversa.
Sí, ¿pero quién? ¿Evodia? ¿Síntique? No, aunque colaboraron con él y con clemente no eran apropiadas para su gusto y vocación. ¿O alguna otra entre las “nobles” e importantes de Tesalónica (17:4)? Quizás ya estaban casadas con gentiles. ¿O alguna de Corinto? Eran mujeres dotadas, pero hablaban mucho en la congregación y tenían lío con el uso del velo. ¿Alguna de las hijas de Felipe que eran profetisas? Muy jóvenes. Lo cierto es que no todas las esposas de ministros apoyan a sus maridos como ellos lo necesitan. Entonces ¿Agripa pudiera entender el llamamiento de Pablo y su obligación con Jesús para cumplirlo? Lo entendiera o no Pablo no tiene otra razón para ser obstinado en su misión.
Fíjate que le hace mención al rey que su misión es hacer nuevas criaturas a judíos y gentiles pidiéndoles en sus sermones que debían arrepentirse y volverse a Dios (v.20), cosa que interesaba menos al rey que lo que después dijo, que mostrasen una conversión real a Dios haciendo obras dignas de arrepentimiento (v.20), ya que los gobiernos toman interés en la religión y la toleran o la reconocen si crea buenos ciudadanos que ayuden a la paz de la nación, excepto si no son políticos neutrales sino fanáticos de alguna filosofía o de otra religión adversaria, y aun en el caso actual de los gobiernos llamados seculares, tienen una buena religión como un value o valor.
A todos los gobernantes les interesa menos que los templos se llenen de personas y la música que prefieran o los puntos doctrinales que enfatizan, que el estilo de vida que muestren fuera del recinto sagrado. Agripa agrandó los ojos y estuvo atento al ministerio de Pablo. Le importaba que en sus ciudades hubiera menos prostitutas caminando por las calles, menos asaltos a los bancos, menos comerciantes fraudulentos, menos homicidios, menos droga, cero alcoholismo, menos adolescentes embarazadas, y ¡por Dios, si no son gobernantes ciegos, menos adúlteros y homosexuales! Pero si Agripa constata que los discípulos de Jesús no son del mismo espíritu que él (Luc 9:55) y que los que dicen ser reformados, paulinos, y llamándose hermano, fuere fornicario, o avaro, o idólatra, o maldiciente, o borracho, o ladrón (1Co 5:11), no estará de acuerdo que el evangelio sea “poder de Dios para salvación” y que el reino de Cristo es el mismo de la carne y del diablo, y que eso que no es de este mundo no es sino un cuento. Y la prensa de Jerusalén, toda Judea y Samaria, comenzará a criticar, burlarse y ridiculizar a los ministros y sus discípulos. Pablo nunca insistió en tener iglesias grandes ni bautizar a muchos (1Co 1:17), eso era asunto de Dios y del evangelio, pero sí en que sus iglesias creyeran y vivieran lo correcto, que no fueran edificados con “madera, heno y hojarasca” sino que mostrasen una conversión real.
Mira que el apóstol le da al rey de su catálogo de problemas ministeriales sólo una pequeña línea para que lea. Eso para reforzar su llamamiento celestial, para que Agripa sepa que la única forma que tiene un ministro de acabar su carrera es si cada día de su ministerio lo acompaña Dios. por eso esa frase me parece que la dice con gratitud al Señor, habiendo recibido ayuda de Dios, continúo hasta este día (v.22). Eso es equivalente a un eben-ezer. Sin la ayuda de Dios no hubiera podido decir hasta el día de hoy. Si un solo día le hubiera faltado la ayuda de Dios hasta ese día hubiera sido un ministro del evangelio.
La perseverancia de los santos en la salvación es algo grande pero la perseverancia en el ministerio es doblemente mayor porque el ministro por ser cristiano y predicador es doblemente responsable, doblemente odiado por el diablo, doblemente asediado por las tentaciones, doblemente ofendido, perseguido, criticado y opuesto. Lo único que le mencionó a Agripa fue el “peligro de muerte” (2Co 11:23-28), de un catálogo de dificultades que si el ignorante príncipe las hubiera sabido se habría caído para atrás. Sólo le dijo que cuando los judíos querían darle muerte el tribuno Lisias lo salvó, por orden de Dios. Y ahí dejó el asunto. ¿Para qué más? Son las iglesias las que deben conocer, los corintios y todas las otras, lo que vale un ministro, el costo de predicar el evangelio sin enamorarse de los guiños que le hace la sociedad.
Ellas sí tienen que conocer la vida de pastores y misioneros para apoyarlas en oración y recursos. Leer sus informes y diarios sobre maltratos físicos, naufragios y decepciones, peligros en la ciudad y los barrios malos, la oposición y persecución de “falsos hermanos” que con fe fingida y amor con fingimientos le dan el beso de Judas, falsos creyentes que agitan la congregación en contra suya, le roban el prestigio y les ambicionan su púlpito, sus trabajos, fatigas, sus preocupaciones financieras, peligro de perder su casa, que sus hijos pasen h hambre, y sobre todo eso sus desvelos por ellos, ocasionados por ellos y no por el mundo y por la obra de Cristo en general, las otras iglesias. Esas cosas no se las dijo a Agripa sino a sus hermanos en la fe porque no buscaba el apoyo de las autoridades sino la correspondencia de sus hermanos.
Esa fue la batalla de todos los apóstoles, probarles a los judíos que las Escrituras judías eran cristianas. Esto que le dice al rey, que no ha predicado otra cosa sino lo que ya los profetas y Moisés dijeron que sucedería (v.22) es para defenderse de los judíos porque no sé cuánto interés podría tener este hombre en el asunto ni interés en verificarlo. Los judíos, por supuesto que no estaban de acuerdo, sino lo contrario, que lo que Pablo enseñaba era contrario a las costumbres y reglamentos mosaicos.
Parece que para la mente judía esto es un asunto difícil de aceptar ya que aunque el Señor se cansó de decirles a sus discípulos “para que la Escritura se cumpliese” o “como está escrito” (Mt 26:54; Luc 4:21; 18:31) tuvo que mostrarse transfigurado delante de algunos y que le contemplaran en su misma gloria conversando con los dos autores más importantes de los libros hebreos, Moisés y Elías (Mt 17:3-5). Jesús también se los dijo a los judíos pero en el NT la carga mayor se halla entre los apóstoles. Ellos fueron los que insistían en relacionar a Jesús con la Escritura para probar que era Hijo de Dios y Mesías. Por dos mil años, los judíos que leen el NT permanecen inmovibles. No lo creen.
Pablo dice que la incredulidad judía es satánica, o sea, que es el diablo quien los tiene ciegos (2Co 3:1-4:4) y que su conversión se obrará por medio del “ministerio del Espíritu”, no de la Ley de Moisés ni de un seudo-evangelio que se congracia con los judíos empleando ceremonias de ellos en los que debieran ser cultos vivos cristianos. Un debate cristiano sobre textos del AT con los judíos podría tener algún buen resultado pero ¿no sería mejor convencerlos con lo que Pablo predicaba, su resurrección? ¿Qué de la incredulidad judía si se puede demostrar lo contrario que decía Agripa, que Jesús no está muerto?
Los judíos no admiten que se les demuestre la resurrección de Jesús por medio de la Escritura. Tiene que ser por medio del mensaje del evangelio centrado en la persona de Jesús como se cuenta en los evangelios o más bien con el mensaje de Jesús como se convertían los gentiles, con el tropiezo de la cruz, Cristo crucificado, Cristo poder de Dios. Ahí es donde se les desgarra el velo que ellos tienen sobre los ojos, donde las ceremonias se cumplen, donde el viejo pacto pierde su vigencia. La cruz es el Espíritu de la Ley. Y en conjunción con la cruz, su resurrección, lo que Dios hizo con el cuerpo muerto de Jesús, el porqué lo vivificó, qué hizo con su sangre y en conjunto qué cobró con la muerte del Señor (sobre v.23 ver comentario v.6). Entonces se darán cuenta que el NT es un libro hondamente judío, el más judío y mejor judío de todos los libros, la esperanza judía de Moisés y cada profeta. Amén.
viernes, 12 de diciembre de 2008
Los que van delante y atrás
Notas Para Predicadores
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Mateo 21. 28-32
Pero ¿qué os parece? Un hombre tenía dos hijos, y acercándose al primero, le dijo: Hijo, ve hoy a trabajar en mi viña. Respondiendo él, dijo: No quiero; pero después, arrepentido, fue. Y acercándose al otro, le dijo de la misma manera; y respondiendo él, dijo: Sí, señor, voy. Y no fue. ¿Cuál de los dos hizo la voluntad de su padre? Dijeron ellos: El primero. Jesús les dijo: De cierto os digo, que los publicanos y las rameras van delante de vosotros al reino de Dios. Porque vino a vosotros Juan en camino de justicia, y no le creísteis; pero los publicanos y las rameras le creyeron; y vosotros, viendo esto, no os arrepentisteis después para creerle.
I. Los que van delante no deben olvidar a los que van atrás aunque estén lejos, espiritualmente o en otro país. Quizás una carta, una llamada telefónica. No debemos sacarlos del recuerdo y olvidarlos, dejándolos en sus tinieblas y que se mueran en sus pecados.
1. Si eres de los que Dios ha puesto delante de los demás, es mejor que llegues al reino acompañado por otros que solo, aunque fuera por uno de la familia, un amigo, un conocido, alguien, y puedas decir “yo y los hijos que Dios me dio” (He 2:13).
2. Si eres de los que han adelantado mucho en la salvación, piensa que entre los que se han quedado atrás hay muchos que son mejores que lo que eras tú.
3. ¿Piensas que esos ladrones y prostitutas eran mejores que los fariseos y escribas que oraban, diezmaban, leían la Biblia y vigilaban la ortodoxia? ¿No era por fuera, Esaú mejor que Jacob? ¿No podrá Dios perdonarles menos pecados que a ti? Y sin embargo Dios no ha tenido de ellos misericordia. Y aún de los que han pecado más que tú. ¿No rogaba Abram por los sodomitas? No oraba por una “comunidad gay” sino por una ciudad entera de homosexuales para que Dios tuviera piedad de ellos. El no quería ser salvo solo. Y otro ejemplo. ¿No se demoró Noé 120 años haciendo el arca, sino para que los carpinteros y demás creyeran? ¡120 años!, más de un siglo retardando el diluvio. Noé no quería que lloviera. No deseaba el juicio. Y algo que no se dice mucho. Se habla de las señales de la venida de Cristo. En las nubes, en el sol, la luna pero no se menciona que Cristo no ha venido “como algunos lo tienen por tardanza” por el calamitoso estado de su iglesia. ¿Por qué no ha venido Jesús? (2Pe 3:9). Si vas delante no olvides a los de atrás, los que no han salido aún.
4. Si vas delante en misericordia debes ser paciente con los lentos, los “tardos para creer”, los que no tienen prisa para salvarse (Ge 19:15). Lentos como Lot para salir de Sodoma, y todavía cuando al fin salen de la condenación se quedan cerca. Zoar. Y dentro de los lentos ten paciencia con los ancianos y los niños y como Jacob, hay que ir al paso de ellos (Ge 33:14). La iglesia no debe dejarlos a los niños y ancianos atrás. El pueblo hebreo cuando iba por el desierto le brindaba apoyo a los cansados, una palabra de exhortación a los desalentados, una parihuela para los enfermos y una mirada de perdón para los mordidos por las serpientes. No dejes muy lejos a los que caminan despacio.
5. No olvides al que está en camino de apostasía. Santiago dice que “el que haga volver a un pecador del error de su camino salvará de muerte un alma y cubrirá multitud de pecados” (5:20). Estos no son los que caminan a paso corto, son los que en sus corazones quieren regresar.
¿Dejar que se vayan? No. Es asombroso como el diablo cambia a un santo. Se vuelve irreconocible. ¿Quién hubiera dicho que es David “ese hombre”? ¿No hay nadie que sigue el camino de Caín, de Balaam, de Judas que va y viene y le exhorte? “Eh Caín, tu ofrenda es buena pero no es cruenta, le falta la sangre de Cristo” “Oye Balaam, veo el brillo del dinero en tus ojos, el dinero te va arruinar tu ministerio” “Judas, ¿qué haces yendo y viniendo a los fariseos? ¿Qué quieres de ellos? Vas a terminar mal con esa espantosa doble vida.
II. Y unas palabras finales de exhortación directamente a los que se han quedado atrás. Seré breve, los que se han quedado atrás, he visto que lo han hecho al menos por dos o tres razones. Hay otras muchas.
1. Se han quedado atrás porque no les gusta el predicador (11:18,19). Los fariseos y escribas siempre le hallaban defectos. Y como no les gustó la forma, el estilo, la longitud, la voz, el aspecto (si tiene el pelo largo,nazareno), si come o bebe, con quiénes anda, si la ropa es anticuada. No les gusta Jesús tampoco y quisieran otro porque ya en tiempo de Juan hablaban que el Cristo tenía que ser diferente a Jesús, ni siquiera de Nazaret, de Belén, y con más cultura. El que no quiere ir al reino de Dios siempre halla una excusa y la mejor es el predicador.
2. En segundo lugar no quieren ir al reino de Dios porque desean bautizarse sin huir de la ira venidera (3:7). Así los fariseos y escribas.
Quieren participar de los sacramentos sin huir del pecado, viviendo sin temor de Dios. Los que se quedan atrás algún día ya no verán más a los que van delante y no tendrán quién les señale el camino, casi todos los que salen tarde lamentan no haberlo hecho antes, y los que piensan salir después pudiera ser que no salgan nunca, que nunca lleguen hacerlo. Deje esas excusas. Lo que a usted quizás no le gusta no es el pastor sino el evangelio y tampoco Jesús.
miércoles, 10 de diciembre de 2008
El Redentor en Carne Humana
Mateo 1:1-17 (LBLA)
“Libro de la genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham.
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Se piensa que Elí el padre de José, fuera en realidad su suegro, el padre de María, así María traza la conexión sanguínea con el trono de Israel y Mateo la conexión legal. Por ambos caminos Jesús es el Rey. José tenía por la ley que casarse con una dama de su propia tribu, y por esa razón María es incluida en la genealogía de José.
En cuanto a la aparición de nombres diferentes no hay problema alguno porque como se sabe, los judíos podían utilizar hasta dos o tres nombres para una misma persona y Mateo y Matías el sucesor de Judas son casos típicos (Ver Hch.1:23).
Nota la imparcialidad de la Escritura que es inevitablemente vista cuando menciona nombres en su genealogía que era preferible en vez de recordarlos, olvidarlos. Uno de ellos es Judá, (v.3), que aunque no fue lujurioso cayó por inmoralidad durmiendo con su propia nuera viuda a la que supuso prostituta, Tamar.
Aún el rey David aunque se le llamó “el dulce cantor de Israel” y “el hombre conforme al corazón de Dios”; elogios que estrictamente no merecía pero es recordado dentro del pueblo santo para que la misericordia de Dios brille. Aparece su hijo, Salomón, grande ante los hombres, autor de dos libros del canon, pero por méritos morales no se hubiera ganado esa posición de ser recordado eternamente por Dios. Su noble madre fue ultrajada por aquel campeón de Jehová que ya mencioné, su abuelo, y nació de la que fue mujer de Urías a cuyo esposo este último asesinó con manos extranjeras (v.6). y la lista continúa y la falta de perfección de todos ellos no se puede tapar.
Toda la historia de la iglesia es un recuento de rebeliones humanas y justicia, misericordia y perdón divinos. Si esta cansona lista no fuera letra escrita por la pluma de Dios, hubiera omitido el cataclismo político de la deportación a Babilonia cuando Israel dejó de existir como nación y volvieron muy pocos de ellos. Y para gloria de Dios en la caída de Jerusalén en el año 70 de nuestra era, aunque todo se quemó, todo se perdió y los judíos no saben nada de sus antepasados, hay una sola genealogía que se conserva, ésta, la de Jesucristo y es la que únicamente hace falta, la del Salvador del mundo.
Y como me he propuesto exaltar la gracia de Dios en perdones y justicia, puedo demostrar que su gracia brilla luminosa sobre su pueblo cuando Mateo menciona mujeres en su genealogía, lo que no era común que se hiciera y ninguna de las tres mencionadas, Tamar, Rahab y Betsabé, hubieran sido seleccionadas si su intención hubiera sido la gloria del hombre y no la gracia divina.
Pero Mateo quiere mostrar la misericordia de Dios al elegirlas, (vv.3, 5, 6). Cualquiera de ellas estuvo asociada a algún tipo de escándalo. El autor de este evangelio no quiere glorificar al hombre, sino enmarcar con ejemplos el propósito soberano de Dios conforme a la elección, que no obra por méritos de obras, sino por su llamamiento y el puro afecto de su voluntad.
(2) De ese modo Jesucristo, queda demostrado, es el heredero legal al trono de David y además en carne y piel asociado, en cuerpo y sangre, a los pecadores, constituido por Dios por Rey sobre ellos, su Amigo y Salvador (11:19), quien bajó a este mundo en busca de injustos y pecadores, no de sanos sino de enfermos, de publicanos y rameras (21:31). Participó de nuestra naturaleza humana, (He 2:14-15), para venir a ser nuestro íntimo Salvador, que por nosotros Dios lo hizo pecado, y llevando carne de pecado y la condena que nos pertenecía, en la cruz con espantoso trago de amor nuestra sentencia agotó. Su gloria brilla en ser el Salvador de los pecadores. Lo demuestran sus ancestros, y eso lo convierte en nuestro pariente más cercano que puede redimir. Sí es nuestro Redentor.
viernes, 5 de diciembre de 2008
El nacimiento del Rey de los Pecadores
Mateo 1:18-25 (LBLA)
“Y el nacimiento de Jesucristo fue como sigue. Estando su madre María desposada con José, antes de que se consumara el matrimonio, se halló que había concebido por obra del Espíritu Santo. [19] Y José su marido, siendo un hombre justo y no queriendo difamarla, quiso abandonarla en secreto. [20] Pero mientras pensaba en esto, he aquí que se le apareció en sueños un ángel del Señor, diciendo: José, hijo de David, no temas recibir a María tu mujer, porque lo que se ha engendrado en ella es del Espíritu Santo. [21] Y dará a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús, porque El salvará a su pueblo de sus pecados. [22] Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que el Señor había hablado por medio del profeta, diciendo: [23] He aquí, la virgen concebira y dará a luz un hijo, y le pondrán por nombre
Emanuel[1].
[1]EMANUEL El mismo Mateo nos da la traducción, “Dios con nosotros”, porque lo que quiere acentuar no es tanto la conexión escritural con el hecho histórico de Isaías 7:14 sobre la promesa del Mesías futuro. Aunque basa el nacimiento de Cristo sobre la profecía hecha al rey Acaz, su persistente interés es la teología del nombre y por eso toma el trabajo de hacer la traducción cosa que en el texto del profeta no se hace, ni hacía falta tampoco.
No explica Isaías quien era la virgen ni el niño contemporáneo porque el deseo de la profecía es dejar constancia del Mesías que vendría. Pudiera ser que ni aún el niño fuera un elemento importante para aquel entonces porque de todos modos la fecha de la caída de Israel ya está determinada, (v.8) y con dificultad concuerda con lo que dice en los (vv.14,15) ya que ni el propio Acaz viviría para verlo.
Y ¿qué clase de señal podría ser un niño cuya madre no se sabe quien sería, ni el lugar de su nacimiento? ¿Cómo buscarlo por todo Israel? El antitipo nacería cientos de años después.
Lo que se dice sobre el alimento no tiene más que el propósito de confirmar la profecía, en base no a su aparición inmediata sino futura.
Pero Mateo no se mete en ese laberinto porque para él lo importante es el significado teológico del nombre “Dios con nosotros”. ¿En qué sentido? ¿Un acompañante? No, porque no haría falta recurrir al texto de la señal y la virgen.
Hay una única conexión entre Emanuel y el nacimiento virginal de Cristo, la encarnación de la Deidad. Mateo no quiere decir que en aquella concepción milagrosa se hallaba presente Dios, ni que él le haría compañía sino que Dios estaría en él. El mayor milagro no sería la forma de la concepción sino la Persona concebida.
El hecho que Mateo escribe para judíos que hablaban el judaico no lo detiene para traducir el nombre, porque considera más importante subrayar la esencia del ser que nacía. La misión del niño se revela por este nombre, Jesús, Salvador, y su esencia en este otro, Emanuel.
Jesucristo nunca fue nombrado entre su familia y amigos con el nombre Emanuel, él mismo se llamó, Hijo del Hombre, porque Emanuel no es para llamarle de ese modo sino para describirlo de ese modo. Emanuel es nombre de Deidad y no de hombre.
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El exclusivo Jesús
Mateo ha terminado de escribir la genealogía de nuestro Señor. Ha utilizado muchas veces la palabra “engendrar” para referirse a la humana concepción de aquellos monarcas, cual debe hacerse de quienes eran exclusivamente hombres pero al llegar al v.16 y nombrar a José, sale de súbito el nombre de María en el escenario. Se da curso a contar el nacimiento de Jesús pero la palabra clave, “engendró” ya no se escribe.
Conoce Mateo que está obligado a dar una explicación, v.18. Su Jesús forma parte de aquella genealogía pero no totalmente, hay algo que lo hace exclusivo y lo pone distintamente separado: su asombrosa concepción.
Origen divino del Rey
El autor es muy cuidadoso y enfático y nos dice claramente que no usó la palabra “engendró” cuando mencionó a José porque Jesucristo no fue hijo de él sino del Espíritu Santo. Eso tiene que explicarlo porque es algo único, (v.18). No hay ningún precedente en el Antiguo Testamento; así no nació Samuel, ni Isaac o algún otro, aquellos fueron milagros en que la naturaleza estéril fue fortalecida para concebir. Lo que Dios hizo con ellos fue hacer posible el nacimiento siguiendo las leyes de su creación.
Cuando Mateo afirma que Jesucristo fue engendrado por el Espíritu Santo no pone el énfasis en el parto, ni siquiera lo cuenta como para glorificar a Dios con un milagro, su propósito es teológico y no biológico, es escribir el origen de aquella misteriosa Persona, indicar su procedencia y la relación filial que guardaría con el Espíritu de Dios.
En otras palabras, Mateo no quiere decirnos solamente que la forma de su nacimiento es de origen divino sino que la Persona misma tiene idéntico origen, que el ser Hijo de Dios de este modo equivale a una encarnación, a ser igual a Dios, a tener una esencia y una sustancia como la de El.
Una evidencia de veracidad
José es presentado por Mateo como una irrefutable evidencia de la veracidad de su relato, (vv.19-21). Mateo no está en capacidad para explicar íntimamente como Jesús fue engendrado por el Espíritu Santo, la divina concepción es un puro misterio. No se puede describir la encarnación del Hijo de Dios.
Pero Mateo sí puede hacer algo importante, contar los sucesos históricos hasta donde él los conoce y si ellos fueran usados por la Providencia, serán suficientes para dar fe en su historia. Demuestra la divinidad de Jesucristo históricamente y sin especulaciones.
Yendo directo al texto, nota lo que pudiera ser una reacción psicológica de José. Reaccionaría como un hombre normal y además dignamente. Cuando supo que María estaba embarazada, habiéndoselo contado ella posiblemente, descreería la narración. Ningún hombre “justo” como se le describe a él, hubiera aceptado el descubrimiento sin alarma.
Su actitud de romper secretamente el desposorio revela que no lo hacía tanto por humillación propia, ni por vergüenza de su virilidad herida por alguna traición, ni por venganza. Si no deseaba continuar con María sin hacer ruido es por razón de ella misma, para no difamarla.
Si José no hubiera reaccionado de ese modo podría haberse pensado que era un hombre de súper fe o que la criatura era suya. Mateo quiere demostrar con eso que no hubo tal cosa y para confirmarlo en el v.25 dice que no hubo relación íntima entre los esposos no sólo antes del embarazo ni aún mientras este duraba.
Si José vio con sus ojos a su compañera embarazada antes que ella se lo dijera, lo que es improbable por el tiempo que ella tenía, en su reacción debió pensar que era de otro, una gran duda, una negra sospecha tenía que brotar en su pecho y Dios tener que quitársela. Si Jesús no era hijo de José ni de algún otro, ¿de quién pues?
Dios confirma la historia
Cuanto más confundido se hallaba José se le aparece el Señor en sueños (con razón si no aceptó la aparición a María) (v.20) “pensando en esto”, quiere decir que le daba vueltas y vueltas en su cabeza al asunto, le parecía verídica la historia pero no contaba con ningún hecho idéntico en la historia de su pueblo.
El ángel le dice “no temas recibir a María tu mujer” ¿Qué podría temer? Que la historia no fuera cierta. ¡Pobre José! Es un modelo de hombre digno pero no de fe. Y es precisamente el hombre que el Señor escoge para esposo de María porque sus dudas harían resaltar la veracidad de Dios. ¡Qué sabia la providencia!
El ángel va directo al dilema, ¿de quién era hijo el niño? ¿Realmente de Dios? Del Espíritu Santo. Era un “sueño” enviado por Dios con todas las fuerzas de una revelación, de otro modo el que había rechazado la aparición del ángel más fácil esto desecharía, si aceptaba su sueño no podía rechazar la anunciación a María.
Es indudable que oyendo las historias de Dios no es suficiente hasta que él mismo interviene y nos hace creerlas. Mateo da mucha importancia a la experiencia de José y piensa que es excelente para aceptar el origen divino de Jesús.
Puede usted estar seguro que todos los relatos bíblicos están escritos no siguiendo fábulas artificiosas sino de un modo histórico, que el examen imparcial de ellos es suficiente para tener fe en lo que enseñan, y para que creyendo tengamos la vida eterna.
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