sábado 31 de octubre de 2009

Estan poniendo el mundo patas arriba




“Se celebró una boda en Caná de Galilea, y estaba allí la madre de Jesús” (Jn. 2:1-12).


Bíblicamente el matrimonio no se define sólo como una “pareja” tal cual hoy se dice, “mi pareja” para indicar que viven juntos como marido y mujer sin casarse. También eufemísticamente se llaman “novios” cambiándole el significado a la relación. Es una unión carnal sin compromiso ni tiempo definido, sin estar legalmente casados.

Esa no fue la clase de unión que se festejaba en Caná a la cual Jesús y sus discípulos asistieron. Eran verdaderamente novios sin haber tenido contacto físico pero deseaban hacer pública su decisión de vivir como marido y mujer, formar una familia civilmente constituida. Esa unión fue la que el Señor santificó con su presencia.

El compromiso forma parte de la definición de un matrimonio bíblico y es visto como un yugo, igual que cualquiera otro mandamiento de Jesús (Mt. 11:29). Sin esas ataduras (“cuerdas de amor”, Oseas 11:4) no se puede criar una familia; se pueden engendrar hijos pero no criarlos juntos por la problemática misma que implica la unión de dos vidas. Una familia no es algo que brota simplemente con la unión sexual sino que se forma con esfuerzos del carácter de ambas partes, con ayudas, perdones y olvidos. La resolución de construirla tiene que ser firme para ayudar a las tormentas que trae la vida de casados.


El tipo de persona egocéntrica que está formando esta sociedad es la que ha hecho que se debiliten y redefinan todas las antiguas instituciones humanas y fraternales; por el deseo egoísta de cada cual de velar por sus intereses y felicidad y no por la de los demás. ¿Por qué hay que anular esos trámites legales como innecesarios u obsoletos? ¿No es más bien por libertinaje y sensualidad?


Además, es obvio que en Caná de Galilea la boda era heterosexual; o sea se casaba un hombre con una mujer, como honorablemente ha sido desde Adán y Eva. Aun Caín, envidioso y homicida y que huía de Dios todo lo que podía, cuando ya había muchísimas mujeres en el mundo, salió muy lejos hasta tierra de Nod a buscar una para casarse (Ge. 4:17). Con un sexo ya dañado por el pecado engendró a Tubal-Caín y a este le pareció poca una mujer y tuvo dos. Y ahí empezó la poligamia y quizás los harenes, pero en toda su genealogía no hubo ni un solo homosexual. En el mundo entero no había ni uno. Después de ellos, entre los paganos, aparecieron los “inventores de males” (Ro. 1:30), cuando ya en la teología del sexo no se hallaba Jehová.

Ya más para acá. Es imposible pensar en Jesús, Pedro, Juan o María asistiendo al “matrimonio” de dos hombres o dos mujeres. Eso es impensable, y sería injusto acusarlos de ser personas con mentes cerradas y homofóbicos, que no comprenden que Dios es amor y quiere que cada uno sea feliz a su manera, porque lo importante es que se amen y se sientan bien el uno con el otro y dictarles lo contrario es obligarlos a una unión que ellos no desean.

Dicen que tienen el derecho de hacer con sus vidas lo que quieran y la sociedad está obligada a respetarles su decisión, y las iglesias recibirlos, apoyarlos, ministrarlos y casarlos. No tienen el NT como palabra de Dios y afirman que es un error cultural de quienes escribieron en contra, y que por esa razón “hormonal” no puedan participar de la esperanza cristiana de la resurrección de un cuerpo glorioso. Si hoy el NT se escribiera, piensan, diría lo que ellos dicen y no lo que Jehová y Pablo dijeron, y por eso andan descabellados queriendo referirse a Dios con el artículo o pronombre neutro; y los discípulos harían más énfasis en el amor al prójimo que en enseñarles al mundo reglas morales que se vuelven prejuicios en la conducta y obstaculizan la asistencia de personajes eclesiásticos que rechazan ir a la fiesta y enviar sus regalos. La meta de los habitantes de Sodoma no es saciarse con las hijas de Lot, el sexo de ellos les pide más, corromper sexualmente a los ángeles y a Dios si pudieran (Ge. 19:9). Están locos los habitantes de Sodoma poniendo el mundo patas arriba.


martes 27 de octubre de 2009

Desaliento ministerial


Isaías 49. 1-4

"Jehová me llamó desde el vientre de mi madre, puso en mi boca espada aguda, me dijo mi siervo eres, pero yo dije por demás he trabajado".


Calvino comenta:

“Aunque no veamos el fruto de nuestros trabajos, podemos estar contentos por esta razón, el testimonio de nuestra conciencia que estamos sirviendo a Dios para quien nuestra obediencia es aceptable. Cristo anima a los piadosos maestros a luchar ardientemente hasta que obtengan la victoria sobre la tentación y que poniendo a un lado la malicia del mundo continúen contentos en el desempeño de su deber y no permitirle al corazón desalentarse. Si al Señor le complace probar nuestra fe y paciencia hasta el punto que no obtengamos ningún provecho de nuestra labor, debemos reposar sobre nuestra conciencia. Si no somos capaces de ser consolados con ese testimonio es que nuestra motivación de servicio a Dios no es pura sino que somos movidos por el mundo y nuestras ambiciones.

“Sin embargo aquí Cristo y la iglesia acusan al mundo de ingratitud porque ella se queja de tal manera que acusa al mundo por no dar fruto ante el evangelio que en sí mismo es eficaz y poderoso. Toda la culpa la cargan los hombres que con obstinación rechazan la gracia de Dios que una y otra vez se les ofrecen, cavando su propia destrucción… son los hombres y no el evangelio los que tienen que ser acusados de improductivo. Los ministros santos que con amargura se quejan que los hombres perecen por sus propios pecados y se sienten mal consigo mismos por no poder evitar tan grande perversidad, deben consolarse y animarse y nunca abandonar la espada y el escudo y no piensen que mejor se ocuparían en otra cosa que predicando el evangelio”



Desaliento ministerial

Isaías 49: 5, 6

"El que me formó desde el vientre para hacer su siervo, para congregarle a Israel".


No te quejes mucho, ministro; si lo haces es que se te ha olvidado cómo mira Dios tu trabajo y desconoces la trascendencia de tu ministerio. La Reina Valera traduce “poco es para mí que tú seas mi siervo para levantar las tribus de Jacob, y para que restaures el remanente de Israel; también te di por luz de las naciones, para que seas mi salvación hasta lo postrero de la tierra”, y confunde un poco.

Lo que el Señor quiso decir fue “es para mí algo ligero y fácil si quisiera levantar contigo todas las tribus de Israel pero por la dureza de ellos eso no sucederá. Ahora bien, tengas éxito con ello o no, la luz de tu mensaje llegará a todas las naciones y salvará gentes en los confines de la tierra”. Nosotros, consiervo. Dios miraba su trabajo como no lo miraban los hombres.

Isaías nunca congregó a Israel en su tiempo; pero siempre supo que él era muy estimado y honrado a los ojos de Dios, y tuvo la experiencia en todo momento que en sus desmayos recibiera de su Señor fuerza para perseverar ante la dureza de corazón de aquellos a quienes les predicaba y que se negaban a cambiar y a dar oídos a sus predicaciones y advertencias. He ahí, le alza el velo del futuro.

Sabe para qué el Señor lo llamó y que no lo ha cumplido aún, y lo haría algún día. Supone que se ha agitado en vano. Dios le aclara que no, que no es el salario que devenga su recompensa porque ella provendrá del cielo y es escatológica (v.4). Y con todo puede perseverar porque tiene dos cosas a su disposición: fuerzas y la seguridad que es muy estimado (honrado a los ojos) por Dios. Sabe que Dios lo estima a él y a su trabajo. Aunque no tenga resultado su labor a los ojos del Señor es valiosa y apreciada.

Y de aquí una poderosa lección para combatir la frustración y el desánimo: Que nunca nos quejaremos de que estamos recibiendo poco en nuestro ministerio porque de un modo o de otro, ahora o luego, el Señor usará para alguien, sepa yo o no quién es, lo que predicamos. Dios no nos llama a poco, visto por sus ojos, lo que pasa es que no podemos ver todas las dimensiones de nuestro ministerio, ni sus proyecciones futuras pendientes.


lunes 26 de octubre de 2009

Suspira, no bosteces


Salmo 119:131

Abrí mi boca y suspiré porque anhelaba tus mandamientos”.


No dice el salmista que “mi boca abrí y bostecé” sino “mi boca abrí y suspiré porque deseaba tus mandamientos”. La palabra suspirar se usa también para las “palpitaciones del corazón”; cuando a uno le palpita el corazón por “todo el consejo de Dios”.

¿Suspiras por el retorno de épocas de oro que la iglesia ha vivido, por la vuelta de aquellos viejos tiempos y viejos profetas, que aun después de muertos sus huesos continuaban teniendo más vida que muchos vivos? ¿Por un buen sermón, que esté basado íntegramente en la Palabra de Dios, que sean los pensamientos del Espíritu Santo dejados en la Biblia?

El alma que ama la palabra de Dios suspira cuando recuerda aquellos tiempos cuando en los cultos la Biblia era lo principal y no otras cosas que han importado para adornarlo, azucararlo o hacerlo más atractivo. Recuerda que en la Ley estaba prohibido ponerle miel a los sacrificios pero no sal (Lev.2:11).

El alma de quien ama los mandamientos divinos suspira cuando lee aquellos sermones y aquellas grandes exposiciones del pasado y dice: “Oh Dios, envía hombres como Agustín, obispo de Hipona, hombres como Lutero, Calvino, Whitefield, Maclaren, que hacían arder el corazón, y se les oían sin parpadear ni a los diez minutos bostezar”. Los bancos o las sillas de las iglesias son sitios incómodos para dormir sentados, tanto como la ventana de Eutico. Y ¡cuánto agradecería uno la brevedad cuando siente que sus párpados les pesan más que una piedra de molino de asno!

Eres bienaventurado si cuentas cada domingo con un predicador que sin que su sermón tenga la extensión desde Dan hasta Beerseba y te quiera enseñar toda la Biblia en una hora, puedas agradecer su didáctica y además bella exposición, sin mirar el reloj de Acab ni el tuyo, ni estar esperando que diga la felicísima frase “y en último lugar hermanos…”, y con la boca abierta exhales tu último suspiro de gratitud a Dios porque acabó.

sábado 24 de octubre de 2009

¿Eres Testigo de Jehová siendo hispano?


Isaías 43. 10

“Vosotros sois mis testigos”.


Mire, que si usted es mexicano, salvadoreño, hondureño, de América del Norte, Central o del Sur, y si no salió de los lomos de Jacob, olvídese de auto-nombrarse Testigo de Jehová. Jehová nunca ha dicho: “Vosotros los egipcios, los babilonios, los sirios y los hispanos sois mis testigos”. Estrictamente Testigo de Jehová son los israelitas y no los que así nombró Rutherford el 26 de Julio de 1931 a su secta que hasta entonces se llamaba Estudiantes de la Biblia y por la revista que publican, La Torre del Vigía.

Tal vez los jerarcas de su secta han tomado el nombre “Testigos de Jehová” porque quizás les parecieron pintorescas las palabras, o porque querían congraciarse con los judíos o suplantarlos en la historia; y eso, presumo, lo hicieron sin mucho reflexionar porque les quedan inapropiadas. Se queda atrás en la revelación, en la historia y pierde la actualización que le dio Jesús cuando al irse a su gloria dijo: “Recibiréis poder, y me seréis testigos en Jerusalén, en Samaria, en toda Judea y hasta lo último de la tierra” (Hch. 1:8).

Y ese poder proviene del Espíritu Santo para dar testimonio de Jesús, que es el Mesías, que murió por nuestros pecados, que resucitó y que es Hijo de Dios, engendrado, no hecho, poder no para justificarse ante Dios ganando la vida eterna distribuyendo panfletos y cotorreando doctrinas de obras y ensalzando su religión, y haciendo proselitismo en las plazas y los mercados y yendo de puerta en puerta.

Si a alguien, no siendo israelita, le gusta que lo llamen Testigo de Jehová tiene que ser testigo de Abram por medio de la fe, ser circuncidado no en la carne sino la circuncisión del corazón que obra el Espíritu Santo (Ro. 2:28,29), y de ese modo pertenecer al “Israel de Dios”(Ga. 6:16).

Y en ese caso usted dará testimonio de “cosas mejores” que pertenecen a la salvación (He. 6:9), será testigo de “un mejor pacto fundado sobre mejores promesas” (He. 8:6), y no testigo de las siete plagas en Egipto, del paso del Mar Rojo, de 40 años en el desierto y de la expulsión de los cananeos. El deseo de Dios es que si somos Testigos de Jehová seamos testigos de la gracia suya por medio de Jesucristo.


Sepa que los que quieren pertenecer al Reino de los Testigos de Jehová ganando prosélitos, “por la ley os justificáis” y la consecuencia es funesta, “de la gracia habéis caído” (Ga. 5:8). Vosotros os golpeáis en el pecho con el título de vuestra denominación y servís al mundo como testigos falsos porque no sois israelitas, ni siquiera de los 144000 apocalípticos porque ellos lo son y vosotros no, y dejáis de lado el ser testigo de la gracia de Dios en Cristo y no podéis testificar de ella porque no la habéis recibido, y es completamente extraña en vuestro credo porque lo es en vuestras vidas. Así que esos que le dieron su apellido de Testigo de Jehová están atrasados dos mil años en el tiempo y dos mil años en la gracia y en la salvación. ¿Cómo sois testigos de Jehová si sois hispanos?

miércoles 21 de octubre de 2009

Los privilegiados de la Vía Láctea


Comienzo por las palabras de un científico (bioquímico en la universidad Lehigh) que no es creacionista porque, dice él, la tierra no fue hecha en seis días, y además cree que la vida tiene un ancestro común; pero este hombre pertenece a un grupo de científicos que no creen que la teoría de la evolución pueda ser aplicada a nivel molecular sino que tuvo que haber una inteligencia superior que organizó el mundo. El libro que cito pasó por dentro de la comunidad científica, lo leyeron y no dijeron nada, no lo contradijeron, se quedaron en silencio.


"Imagina un salón en el cual un cuerpo yace destrozado. Una docena de detectives a su alrededor con lupas tratando de identificar al culpable. En medio del salón cerca del cuerpo se encuentra un enorme elefante. Los detectives circulan por dentro de las patas del enorme paquidermo sin percatarse de de él. Después de un buen rato, completamente defraudados los detectives deciden continuar examinando estrechamente las pistas en el piso.

“Eso es lo que pasa con los libros de textos, nunca consideran al elefante. Hay un elefante en la sala de los científicos que tratan de explicar el origen y desarrollo de la vida. El elefante se llama "Diseño Inteligente". Aunque se trate de una persona que no se sienta obligada a considerar un designio inteligente en la naturaleza tiene que llegar a la conclusión que hay muchos sistemas bioquímicos que fueron inteligentemente diseñados. Y fueron diseñados no por las leyes de la naturaleza, no por casualidad ni por necesidad sino que más bien fueron planeados. El diseñador sabía cómo quedaría el diseño una vez terminado y dio todos los pasos necesarios para conseguir ese fin.

“La vida sobre la tierra a su nivel más fundamental, en sus más críticos componentes, es el producto de una actividad inteligente. La conclusión de un diseño inteligente fluye con toda naturalidad de los datos recibidos, no de los libros sagrados o de las creencias sectarias.

“La comunidad científica tiene muchos científicos excelentes que piensan que hay algo más allá de la naturaleza y muchos también excelentes científicos que lo niegan. ¿Cómo entonces la ciencia trata "oficialmente" la pregunta sobre la identidad del diseñador? ¿Es que acaso los libros de textos tienen que ser escritos explícitamente con la declaración que "Dios lo hizo"? No. La identidad del diseñador tiene simplemente que ser ignorada por la ciencia.

“La historia de la ciencia está repleta con ejemplos. Newton declinó explicar lo que causaba la gravedad, Darwin no ofreció explicación sobre el origen de la vida, Maxwell rehusó explicar por medio de qué se transmitían las ondas de luz una vez que se desechó la teoría del éter, y los cosmólogos en sentido general ignoran que causó el Big Bang. Aunque el hecho de un diseño es fácilmente visto por medio de la bioquímica dentro de la célula, identificar al diseñador por medio de métodos científicos es extremadamente difícil".

(La Caja Negra de Darwin; Michael J. Behe; Págs. 192, 193, 251; énfasis míos).


Isaías 45.18

“No la creó en vano, para que fuese habitada la creó”.


La ciencia no querrá identificar al Diseñador (Dios), pero sabe que lo hay, no sabe quién, pero hay Uno. Tal vez ese consenso de ignorar la Causa de todo sea miedo a descubrir que necesitan la Biblia. En cuanto a mi texto, en hebreo “en vano” quiere decir desperdicio (ver Ge 1. 2), vacío, desierta.

Dios creó otros mundos, por el momento sabemos, pero no con el propósito que hubiera vida en ellos. Por ejemplo la lumbrera menor, el sol y los otros planetas de nuestro sistema solar, están vacíos. No los creó con el propósito que se desarrollara en ellos la vida. No tienen condiciones para sostener la vida. Pero la tierra aunque tiene esas condiciones aunque no por ellas mismas se origina la vida. Las condiciones para que haya vida son creadas como la vida misma.

Si los cambios climáticos han afectado la creación es porque Dios ha conducido esos cambios climáticos y han sido en sus manos una forma de modificar lo que previamente hizo. Hasta ahora no tenemos ninguna señal que los otros millones de mundos que creó tengan vida o que la hayan tenido. Esas sospechas son más caprichosas que científicas. Aunque los hombres han investigado eso hasta ahora no han encontrado ninguno. Somos los privilegiados de la Vía Láctea. Quieren hallar agua al menos porque eso implicaría que o hubo vida o pudiera haberla cuando pase un trillón de años.

Si una cosa me deja perplejo es leer y oír a hombres cultos afirmar que la evolución de las especies es la forma en que se originó el mundo, donde la materia surge por sí misma o es eterna, y ella solita sale del caos y se va organizándose desde lo más simple a lo más complicado sin que exista un Ser Personal fuera de ella que le dio organización, sino que de sí misma le brotó la inteligencia, quizás poco a poco, gota a gota, para volverse un ser pensante, un artista, un bioquímico, un físico molecular, darse existencia y adoptar la variedad de formas que hoy conocemos, o sea, ella, la materia, es el único dios o diosa del universo a lo que cual llaman ahora Madre Naturaleza y no Dios Padre. Ya se sabe que hay un Diseñador y conocemos su Nombre no por métodos científicos como dijo Behe: Jehová.


Debiera haber una Biblia abierta en cada laboratorio universitario para que cada científico que descubra alguna maravilla de la creación, vaya frente a ella, lea un pasaje, y adore a Dios.

lunes 19 de octubre de 2009

El pecado no es un concepto social


Salmo 51. 4

“Contra ti, contra ti sólo he pecado y he hecho lo malo ante tus ojos”.


Una cosa es sentir lástima, pena y vergüenza con una persona por haber pecado contra ella y otra reconocer que ese pecado ha sido contra Dios. Lo primero puede ser sentimientos naturales y un producto de la imagen social dañada, y lo segundo tiene que ver con la fe y es una obra de gracia del Espíritu en el corazón. David es tan absoluto cuando dice “contra ti sólo he pecado”, sin incluir el “qué dirán”, a Urías heteo ni a su esposa, ni a sus hijos y amigos, que uno pudiera pensar que le daba igual el daño que les ocasionó, aunque no es así, sino que su vergüenza no tiene ni una gota de dolor social y haber perdido honor ante los hombres. No es una vergüenza social. Aunque pudo haberse disculpado con Betsabé y reparar su falta, ése pesar humano no está incluido en su confesión, no lo cuenta como mérito ni lo equipara al “arrepentimiento para con Dios” porque pertenece a la ley “escrita en el corazón” (Ro. 2:15) de todos los hombres, y no a la predicada por el profeta Natán, Moisés y Jesús; y ese pesar es ajeno a “la fe en nuestro Señor Jesucristo” (Hch.20:21). En el verdadero arrepentimiento la vergüenza moral no es mayor que la realidad de Dios.


J.I. Packer dice:

"La Biblia enseña que el pecado es una ofensa contra Dios, que interrumpe la relación de un hombre con Dios. A menos que nosotros veamos nuestros errores en relación con la santidad de Dios nunca los miraremos como pecado. El pecado no es un concepto social; es un concepto teológico. Aunque el pecado es cometido por el hombre y muchos pecados se hacen contra la sociedad, sin embargo no puede ser definido en términos humanos o sociales. Nunca sabemos lo que es el pecado hasta que aprendamos a pensar en él en relación con Dios, para medirlo de esa manera, no según los estándares humanos sino según la regla divina sobre nuestras vidas.

“Sí, tenemos que damos cuenta que una mala conciencia dentro de un nombre natural no es exactamente lo mismo que convicción de pecado. Se puede estar seguro que no es convicción de pecado cuando una persona se encuentra triste en relación con sus debilidades y errores. Tampoco es convicción de pecado sentirse miserable en relación con las metas programadas y las demandas de la vida. No se puede llamar fe salvadora si un nombre en esa condición invoca al Señor Jesucristo para que lo alivie, lo anime y lo haga sentirse bien.

“Tampoco puede ser llamado predicación del evangelio si lo que hacemos es presentar a Cristo en términos de las necesidades humanas. Por ejemplo, preguntándole ¿eres feliz? ¿Estás satisfecho? ¿Quieres sentir paz mental? ¿Sientes que has fallado? ¿Estás conforme contigo mismo? ¿Quisieras tener un amigo? Entonces ven a Cristo porque él suplirá todas esas necesidades. Como si el Señor Jesucristo fuera una madrina o un súper psiquiatra.

“Predicar acerca del pecado significa no exactamente hablar sobre las necesidades psicológicas de la gente sino medir sus vidas por la santa ley de Dios. Estar convicto de pecado significa no sentir que se ha actuado como un tonto, sino que se ha ofendido Dios, se ha violado su autoridad y se le ha desafiado, que se ha actuado en contra de él, y que la equivocación es exactamente en contra Suya. Predicar a Cristo significa hablar acerca de su cruz donde los hombres son reconciliados con Dios. Poner la fe en Cristo significa confiar completamente en él, y solamente en él, y a través de él restaurar la relación del hombre con Dios.

“Es totalmente cierto también que el Cristo de la Biblia cuando se ofrece a sí mismo como el Salvador del pecado y Abogado para con Dios, trae paz, gozo, fortaleza moral y el privilegio de su amistad; pero el Cristo que es dibujado, presentado y deseado solamente para sortear las dificultades de la vida no es precisamente el Cristo real sino una mala representación, o sea se está presentando a un Cristo imaginario; y si presentamos a la gente un Cristo imaginario no tenemos fundamento para esperar que haya encontrado realmente la salvación.

“Debemos permanecer en guardia contra el hecho de igualar los sentimientos naturales de un hombre que se siente mal cuando le reprocha su conciencia con ser verdaderamente convencido de pecado, que se está separado de Dios y expuesto a su condenación y a su ira, y que es de primera importancia la necesidad de restaurar esa relación con él" (Los énfasis son míos. Evangelismo y Soberanía de Dios; págs. 60-62).


Señor, que el dolor por haberte ofendido sea mayor que el de haber herido al prójimo.

sábado 17 de octubre de 2009

Pudiera engendrar un nuevo Onésimo o un Juan Calvino

Filemón 1. 10, 11

"...te ruego por mi hijo Onésimo, a quien he engendrado en mis prisiones...".

Dice CALVINO. "Cuando uno afirma que Onésimo ha sido engendrado por él, debemos entender que eso se logró debido a su ministerio y no a su poder. Renovar el alma de una persona y formarla de nuevo a la imagen de Dios no es obra humana, y de esta regeneración espiritual es de lo que habla ahora. Además, ya que la Palabra de Dios predicada por el hombre es el nacimiento a la vida eterna, no tenemos por qué sorprendernos de que aquel de cuya boca recibimos esa semilla sea llamado padre. Estrictamente hablando, creemos que es por mediación de Dios quien regenera por el poder del Espíritu Santo" (Comentario a las Epístola Pastorales).


Está siendo una gran experiencia doctrinal para mí trabajar directamente en la fundación de una nueva congregación. Todos los días mi esposa y yo salimos a hablar con la gente en la calle, los mercados, etc., y además entregarles algún tratado. Conozca que nutro mi esperanza de bendición de la elección particular que me hace pensar que Dios tiene “mucho” o algún pueblo en ese lugar, y yo lo que tengo que hacer es predicar a “toda criatura” que pueda, sin saber si es o no es elegido pero con la esperanza de hallar aquellos que han sido inscriptos en el libro de la vida desde la fundación del mundo.

He traído de mi credo y confesión reformada, la doctrina del arrepentimiento y la fe como dones de Dios que me advierte que no puedo concederlos a quien quiera sino a quien Dios se los de y debo esperar con paciencia que eso ocurra. No puedo repartir nuevos nacimientos según mi propia voluntad como distribuimos los panfletos. No puedo decir “a éste engendraré como cristiano” “a este otro haré nacer de nuevo y le quitaré el corazón de piedra y le daré uno de carne”; lo sé, lo sé, está fuera del alcance de mi poder.

Lo que sí puedo es predicar el evangelio y no callar, como se le dijo a Pablo en Corinto, y sembrar buena simiente, principalmente las hermosuras y ciencias de Dios, sus preciosos atributos, las bellezas de la creación, de la Palabra Escrita, del modo en que salva a los pecadores y la profundidad y la ciencia de la providencia.

Todas esas cosas serán cautivantes si los recibo con simpatías humanas, sin rencores ni parcialidad como Pablo recibió a Onésimo, un tránsfuga ladrón de Colosas, con la ternura de un par de brazos abiertos y los labios listos para conversar sobre el perdón de los pecados. Corresponde a Dios hacerle sentir su estado de perdición y no a mí tratarlo como un “trapo de inmundicia”, y que si bien está destituido de la gloria de Dios sienta el afecto del Señor, y si lo rechaza no es por culpa de un mensajero desamorado sino suya, porque está pecando contra el amor de Dios.

Dice J.I. PACKER. "Hay que ser osados. Eso nos preserva de desánimos cuando nos encontramos, como a menudo ocurre, con la primera reacción de la gente a la predicación del evangelio, que es de rechazo, apatía y aún oposición. Tal reacción no debe sorprendernos; es algo que debemos esperar que ocurra cuando se le predica a personas que están bajo la esclavitud del pecado y de satanás. Eso no debe desanimarnos, porque ningún corazón es demasiado duro para la gracia de Dios. El mismo, Pablo fue un terrible oponente del evangelio, pero Cristo colocó su divina mano sobre él y quebró esa dureza engendrándolo de nuevo. Y usted mismo, cómo ha venido a ser cristiano, se ha dado cuenta de lo corrupto y engañoso, y perverso que es su propio corazón, y que antes de que se convirtiera a Cristo era peor; sin embargo Cristo lo ha salvado y eso es suficiente para convencerle que lo mismo puede hacer con cualquiera. Así que aproveche la oportunidad para presentar a Cristo a cualquier inconverso. No está perdiendo su tiempo. No tiene razón para desanimarse. Al contrario tiene suficiente razón para ser osado, libre y natural, y esperar en el Señor por el éxito. Tanto usted como yo no debemos calificar a nadie como incorregible y sin esperanza, y que se encuentra más allá del alcance de la mano de Dios si es que creemos en la soberanía de Su gracia" (Evangelismo y la Soberanía de Dios”, pag. 118).

¡Quién sabe a quién usted y yo estamos engendrando!, tal vez un Onésimo que llegó a ser obispo en Colosas, o a un Juan Calvino o un J.I. Packer.

miércoles 14 de octubre de 2009

Sermoneros y Expositores Contrastados


NOTA: Pido disculpas a los hermanos que accidentalmente he borrado sus hermosos comentarios, les prometo publicarlos si son tan amables de re-enviarlos. Gracias.

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¿Podría hacerse alguna distinción, aunque muy fina como una tela de cebolla, entre lo que hace un predicador y lo que hace un expositor bíblico? Uno supone que un predicador sea expositivo en su sermón y que un expositor predique un buen sermón; sin embargo hallo algunas, si se quiere sutiles pero no exageradas diferencias, que aquí expongo.

I. El predicador de sermones, lo defino como un sermonero que trabaja duro durante la semana para predicar el domingo un “sermón eficaz” donde su objetivo es los oyentes.

Su esfuerzo se concentra en hallar un mensaje en la Biblia y decírselo a los que le escuchan. Busca predicar un sermón y conoce cómo prepararlo y es hábil en su organización homilética, en su adorno literario y magnífico en ilustraciones. Durante todo su recorrido, 45-60 minutos, se mantiene dentro de una perfecta organización con total pulcritud. Su corazón evangelista late por la salvación y edificación de su congregación y con frecuencia no da muchos pasos sin que haga las bien intencionadas aplicaciones, que es como el delicado arte de ir depositando fracciones de la verdad dentro del corazón humano.

El esfuerzo mental y emocional del expositor es hacia la Escritura, abrir camino dentro de ella, cavar en su interior y hallar las minas de Moisés, David, Elías, Salomón y de Jesucristo. Su sicología está dirigida hacia la Escritura y la del predicador al auditorio; aquél le da la espalda a la iglesia y le dice “síganme”, y éste le dice “helo aquí, helo allí”. El predicador llena con más de sí mismo que el expositor que pone más de la Escritura que el predicador. El expositor trata de instruir y revelar el contenido de la Escritura, ella es el fin, no así el predicador, donde ella es un medio para alcanzar la mente y el corazón de los demás. El expositor no salta sobre una aplicación sino que llega a ella caminando.

II. El expositor bíblico es más que todo “un maestro de las congregaciones, un pastor” (Ecl. 12:11), un personaje más sencillo y disfruta de menos moderna notoriedad que el predicador de sermones, pero tampoco es culpable de la fascinación de las iglesias que han sucumbido al sensacionalismo.

Lo que tiene en su mente no son precisamente sus oyentes sino la verdad; sube al púlpito no tanto con el objetivo de mover las almas en un sentido determinado como exponer enfrente de ellas la verdad de Dios. Está más fascinado con Dios que con el público. Más que llevar la Palabra hacia ellos procura llevarlos a la Palabra, envolverlos con ella, deslumbrarlos con ella y revelar a Dios. No es definido como “bíblico” porque cite muchos “versículos” sino porque expone textos de la Biblia, donde el que sirve de base se lleva el noventa por cien del tiempo y determina qué otros en otros libros pudieran ser traídos como secundarias comprobaciones y no como demasiados atendidos invitados. No desprecia la homilética pero no se le somete tampoco sino que más bien instintivamente la esconde dentro de la unidad de su asunto, el cual fluye único como las aguas de un arroyo sin las comunes cicatrices que dejan didácticamente los puntos de las principales divisiones de un llamado buen sermón, generalmente temático y a lo sumo textual.

III. El predicador intenta ser más práctico que el expositor pero evidentemente su pragmatismo populista le esfuma no poco la sublimidad de la verdad, y aunque saque risas y de temporales alivios, disminuye su espiritualidad que es el perfume y esencia de la verdad desnuda y solitaria, quiero decir, abstracta.

De los sermones de un predicador se pudiera editar un libro de teología si es reformado, o un manual de auto-ayuda si es postmodernista y un librito comercial que dure toda su neurótica época; las predicaciones de un expositor de la Biblia darían origen a un buen comentario tan competitivo como un volumen de historia antigua y arqueología cuyos hallazgos se perpetúan de generación en generación con vigencia y trascendencia.

En fin, el predicador transporta hacia afuera alguna verdad, el expositor deja que la verdad luzca con emoción todo su esplendoroso ropaje en los contornos de su belleza y cautive admirados los ojos y el corazón de aquellos que la oyen, y los seduce con sus encantos hasta convertirlos en enamorados. Yo soy uno de ellos que no ha cesado desde su juventud hablar de esa Dama, la Escritura, y escribirle cartas de amor, y ahora con más amor que nunca me inclino y beso sus hermosos pies.


lunes 12 de octubre de 2009

No andes con la tontería que si tuvieras tantos años menos


Isaías 40. 27-31

“¿Por qué dices, oh Jacob, y hablas tú, Israel: Mi camino está escondido de Jehová, y de mi Dios pasó mi juicio? ¿No has sabido, no has oído que el Dios eterno es Jehová, el cual creó los confines de la tierra? No desfallece, ni se fatiga con cansancio, y su entendimiento no hay quien lo alcance. El da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas. Los muchachos se fatigan y se cansan, los jóvenes flaquean y caen; pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán”. (Isa. 40: 27-31).

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Aquí tienes un texto para ponerle fin a tu desánimo. Si después de leerlo persistes en andar alicaído, tu mal no sale sino con oración y ayuno. ¿De dónde has sacado eso que Dios no sabe lo que te pasa, porque dices que Dios no conoce tus caminos? Oh, ¿no sabes que él te ha puesto en esos caminos, que andas por donde él propuso que anduvieras? No sujetes tu melancolía a semejante ignorancia. Si dirigieran tus pasos la Fortuna o la Suerte me callaría, pero no es así. Los que esperan en Jehová tendrán nuevas fuerzas; da fuerzas al cansado, él no se fatiga. ¿Por qué dices, Dios no sabe lo que me está pasando? Dios sí lo sabe.

Cuando te cunda los músculos y el espíritu el desánimo, remítete a Dios como Creador. Eso pone fin a la duda de si puede o no puede prestarte ayuda. Andas así porque no tienes ni idea del Dios que tienes. Sumérgete un poco en la teología y en el estudio de los atributos de Dios. Da vergüenza que te vean así teniendo enfrente un Dios tan enorme. ¡Mira que Dios se ha opuesto a que lo humanices! Si Dios es indescriptible, no dibujable, y por eso se ha opuesto a que lo concibamos como los paganos, ¿por qué no cesas de humanizarlo y pensar que es como un viejito cansado? Te cansarás tú pero no él.

No andes con la tontería que si tuvieras tantos años menos podrías hacer esto y lo otro. Los muchachos se cansan y se caen. Tú no necesitas tener menos años sino más fe. El Señor es el autor de todo vigor. Tú te cansas pero Dios no. Cuando te falte la voluntad pídele prestado un poco de la suya. Los que esperan en Dios podrán hacer labores que los jóvenes no han podido realizar, ni tú cuando tuviste muchos años menos. Recoge estas palabras que son dichas para gente que se siente caída en el polvo. Dios la recoge desde el suelo.

¡Oh, oh impaciencia de mi incredulidad! ¿Qué he decir? ¿Que mis problemas no le interesan a Dios? No hable así Israel, no hablaré así yo. ¿No puedes dar ni un solo paso? Cambia de actitud. Siéntate. Reposa. Si no tienes fuerzas ni para andar, fuerzas Dios te dará. Imagínate que si ahora te arrastras, en un rato podrás volar y visitar las altas nubes que te parecen lejanas. ¿Volar? Sí. ¿Por qué no? Cuando se vigorice tu fe por su Palabra te separarás de este mundo, te remontarás sobre él como las jóvenes águilas. Y ¿cómo? Por una renovación. No gastes tus pocas fuerzas en lamentos. Encamínate a una renovación. Si no puedes renovar lo que envejeció y ya es historia, renuévate tú.

viernes 9 de octubre de 2009

Si Dios está ahí yo no voy


“Y despertó Jacob de su sueño, y dijo: Ciertamente Jehová está en este lugar, y yo no lo sabía. Y tuvo miedo, y dijo: ¡Cuán terrible es este lugar! No es otra cosa que casa de Dios y puerta del cielo” (Ge 28.16,17).

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Uno esperaría que Jacob al despertarse dijera: “¡Qué sueño tan fascinante he tenido, ha sido algo maravilloso y quisiera volver a dormir y soñar con lo mismo!”; pero no fue así, cuando Jacob se despertó dijo que era una pesadilla, algo horrible. Había visto ángeles no demonios que lo miraran amenazantes ni les dijeran blasfemias sino puros ángeles de Dios que subían y bajaban del cielo, y no diablos del infierno. No vio a Satanás. Sin embargo halló el lugar terrible. Había estado en la casa de Dios y en la misma puerta del cielo y se sintió mal. Entonces ¿si hubiera estado en el infierno y no en el cielo, se habría hallado más a gusto? Quizás a los impíos no les guste el infierno pero el paraíso menos.

Los pecadores se sienten bien donde haya pecados, una cueva de ladrones y un hervidero de demonios, no donde esté Dios. Se sienten bien donde la carnalidad esté a la orden del día y los ojos se llenen de sensualidad y no donde haya Espíritu Santo, predicación, cristianos y Dios. El lugar más terrible para un pecador es donde se sienta a Dios.

A veces los hermanos inútilmente preparan el culto para que las visitas se “sientan” bien y les dan la música que a ellos les gusta, el trato que les encanta y la predicación que los entretenga y divierta. Y a esa entrega sicológica llaman “presencia de Dios”. Y todo con el propósito que regresen y se conviertan a Cristo. El culto debe ser preparado para los santos, pensando en ellos, y lo que estos primeros oigan les viene como anillo al dedo a los otros. Los santos se sienten bien con la presencia de Dios. Los engañadores y suplantadores (Jacobos) se sienten funestos y desgraciados. La gloria que brilla en la faz de Jesucristo les alumbra sus conciencias y se espantan; sienten la voz de Dios al aire del día y corren por miedo para taparse sus vergüenzas.

No quieren regresar a Betel a no ser que ya no sea más “casa de Dios y puerta del cielo”; entonces sí, si los líderes bien entrenados en “iglecrecimiento” hacen que los reflexivos ángeles no suban y bajen en silencio la escalera sino soplando trompetas apocalípticas sobre el milenio, los tres años y medio de la gran tribulación, y otras aventuras exegéticas propias de soñadores y engañabobos. O les dan un micrófono a cada uno y les enseñan insulsas musiquillas que interrumpan con amenes y aleluyas y pidan de vez en cuando un aplauso para Jesucristo, como si fuera para Jedutún el músico principal. De todos modos, el Altísimo no es otro que el Vecino que vive en el piso de arriba, un rico bonachón que da todo lo que le pidan y se ríe de las gracias y pecadillos de los confianzudos e irreverentes que viven en la planta baja.

Jacob, que todavía no era cristiano hubiera deseado la aparición de cualquiera otro espíritu semejante a él, pero no la de un Dios que es luz, tres veces santo, tan justo y tan distinto; y a esa hora temprana tomó su bulto y continuó más deprisa su fuga hasta Aram, o a Tarsis, Madrid, Miami, Ciudad Méjico, Buenos Aires, Lima, o hasta el oriente del Edén, a tierra de Nod (Ge. 4:16), a menos que de algún modo la providencia le aparezca en Peniel (Ge. 32), luche con Dios, lo vea cara a cara, sea librada su alma y reciba un nombre nuevo mejor que el de Lampiño y Engañador.

martes 6 de octubre de 2009

De su gloria Dios nos hizo

"Dios no nos ha elegido para los honores de este mundo o para los deseos de la carne sino para su herencia en gloria en Cristo Jesús"[i] (Richard Baxter, Pensamientos de un Moribundo. La Esperanza Cristiana para la vida del Más Allá).

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Tampoco para que le busquemos y hallemos significado a nuestras vidas, porque su significado y sentido se lo da la voluntad de Dios; cualquiera cosa que sea la voluntad de Dios, cueste lo que cueste. El verdadero y perdurable significado de la vida humana es mostrar en este mundo la gloria de su Creador de la cual proceden todas las cosas que en el orbe existen[ii], desde una pequeña flor solitaria en el campo, una gota de rocío que refleja la magnificencia de la luz del sol; la gloria de su gracia y de su justicia, que incluye el castigo por nuestros pecados; la gloria de su infinita sabiduría; ése es el fin de toda la creación del principio del mundo hasta ahora; desde una flor abandonada en el campo, un insecto, una roca, una montaña, las nubes que vuelan en el cielo y los vientos que las soplan y estremecen los árboles, o el fugitivo relámpago y la ronca voz del trueno, el ancho mar, tempestades, terremotos; la primavera, el verano, el otoño, el invierno; el ruido, y el silencio, la alegría, la tristeza y la melancolía; las lágrimas y el gozo, el dolor y el alivio, las enfermedades y la muerte, los azares y accidentes. En todas las cosas está escrito de modo muy legible el nombre de Jehová.[iii]

En Dios todas las cosas están inmediatamente realizadas porque de él proceden, por el subsisten y lo contrario a Sus deseos significa la desaparición. En Dios se hallan cumplidas y encuentran natural realización en mirar al Sol de sus vidas, y radiar en sucesivos instantes el resplandor de su gloria. La gloria de su belleza y su profunda sabiduría. Dios es la explicación del motivo de ellas. Dios es el motivo del porqué existo. Y tu motivo.

De su gloria Dios hizo el mundo. Y la fue depositando aquí y allá según su conveniencia, para mirarla. Vio que era bueno.[iv] Dios quiere que veamos su gloria.[v] Cualquiera otro propósito y sentido que le busquemos a nuestras vidas y a la creación, será inferior y equivocado; y el que más equivocado está en toda la creación es el ingrato hombre que trata de encontrarse sentido en sí mismo y en sus obras. Y no ve detrás de sí sino simios, mares y caos.

Es una locura la autorrealización. Es autoequivocación. Es demencia rutilar en sí mismo. El triple hallazgo del hombre que busca todo en sí mismo es una engañadora ilusión, infinitos vacíos y los despeñaderos de la nada. El premio de la autorrealización es haberse convencido de la vanidad de su vida, de no poder saltar precipicios, del engaño de todo y haber hecho el ridículo de vivir sin Dios. La meta más grande que puede hacerse un hombre para sí es pensar como Dios, hablar con las palabras de Dios, sentir como Dios, vivir como Dios. Salirse al encuentro y darse a sí mismo la espalda.

¿Serán mejores sustitutos los placeres del cuerpo que envejece, enferma y muere que los deleite del alma que es inmortal? ¿Las cosas que se buscan y se encuentran acá abajo serán mejores que las de allá arriba?[vi] No es el éxito el fin del hombre sino la gloria de Dios; el éxito muestra la gloria de su misericordia y el pecado la gloria de su justicia; lo mismo pasa con el honor y el deshonor, la aceptación y el desprecio, la popularidad y el desconocimiento, la verdad y la mentira. Gracia y justicia y en ambas hay divina gloria.

Quita a Dios del centro de tu vida, minimízalo, o sácalo de ella y tu vida se quedará sin sentido, y flotando en una extraña e imaginaria órbita, como la tierra en un principio, desordenada y vacía.



[i] Efe. 1:18

[ii] Col. 1:17; He. 2:10

[iii] Sal. 8:1

[iv] Ge. 1:12,31

[v] Jn 17:24

[vi] Col. 3:1

sábado 3 de octubre de 2009

La cosa es distinta con Jehová, ¡no se equivoquen!


Isaías 37: 10-13

“No te engañe tu Dios en quien tú confías…tú oíste lo que han hecho los reyes de Asiria a todas las tierras que las destruyeron; y ¿escaparás tú?”.


Ezequías le respondió bien. ¿Crees que te voy hacer caso y creer que mi Dios me miente? ¿Qué necesidad tiene él para hacerlo? Estás loco, “sea Dios veraz y todo hombre mentiroso”. A ti Dios no te conoce pero a mí sí. Sabe quién soy y que vivo en la calle “llamada Derecha”. Ahora no sé por dónde voy a escapar porque me tienes todas las salidas bloqueadas, pero el Señor abrirá y nadie podrá cerrar. Escaparé porque el Dios en quien confío es distinto, no es un dios local como el de ustedes, es infinito. Mi fe es distinta porque está puesta no en mis méritos o valores sino en su gracia y misericordia, y sin fe, se los digo yo, es imposible agradar a Dios. Además yo y mi pueblo somos distintos a ustedes y sus dioses; somos nuevas criaturas, justificados, redimidos por la sangre de Jesucristo, y con una esperanza que como ancla está agarrada en la gloria. Ustedes son hombres viejos, nosotros hombres nuevos creados conforme a la verdad.

¿Podrán vencernos, contra tanta gracia acumulada? Están dando “coces contra el aguijón”, y persiguiendo los cristianos persigan a Cristo (Hch 9: 3-5); y “cuidado no sean hallados luchando contra Dios” (Hch. 5:39). El que a nosotros nos persigue “a Dios persigue”. El Dios en quien confío ya me ha oído otras veces; sé que tiene oídos y responde la oración de fe pero los dioses de ustedes están sordos, son ídolos, por eso espero escapar de tu ira y de la ira venidera.

Yo sé de lo que tengo que huir pero no es de ustedes. Cometen un error teológico, porque no es lo mismo combatir a religiones paganas que combatir mi cristianismo. Mejor fuera que leyeran la historia de mi pueblo o religiones comparadas y se darán cuenta que aquellas son mitos, leyendas, pero el Libro de nuestra religión son los hechos poderosos de Dios. Mi Dios “no puede negarse a sí mismo”, “es imposible que mienta”, y en más de medio siglo que tengo de vida (que es mucho decir), nunca me ha engañado.

Secularícense si quieren, maten los dioses y las culturas de otros pueblos, déjenlos sin divinidades, quítenles el más allá, defórmenles lo autóctono y corrómpanles sus culturas, conviertan los puritanos en amorales y licenciosos, que todos esos Amanes enemigos de los judíos de corazón les llegará su día, les levantará una horca de 50 codos de altura y nosotros frente a sus cuerpos colgantes danzaremos la fiesta de nuestra buena Suerte, esto es Purim que es Cristo.

Aquí lo tienes, y despertaré resucitado


Salmo 26: 19-21

“Tus muertos vivirán; sus cadáveres resucitarán”.


Es difícil pensar que aquí sólo se trata de la renovación de una esperanza fracturada, del regreso del pueblo a su tierra, del cambio de condiciones; es cierto que este texto tiene que ver con todo eso y, que ya lo profetizó Ezequiel sobre los huesos secos, pero aún así, la esperanza cristiana en la resurrección está latente ahí.

Si eres cristiano y conoces la forma de hablar del Espíritu Santo en el Antiguo Testamento por medio de los profetas, y entras al mundo de ellos con Cristo que es la llave maestra de la Escritura, te regocijarás al descubrir la esperanza de la resurrección de entre los muertos; y como al Espíritu se le salía de la boca, como quien dice se le saltaba, esa maravillosa promesa (Hch. 13: 30-32). Nuestros cadáveres cobrarán vida y al despertar, lo primero que haremos es cantar (v. 19); la tierra no podrá negarse a entregar el polvo de los santos.

Y no sólo yo y tú, porque dice “tus muertos” vivirán. Podremos decir: Los venerables cadáveres de los santos ancianos, mis abuelos salvados, aquellas luces mortecinas que cuando conocí parpadeaban para extinguirse. Mi hermano, que me dejó roto el corazón con su partida. Mi linda hermanita, que como una pequeña flor fue arrancada de súbito del pecho de nuestra madre, que aún la llora. Y mi compañero querido que servía al Señor con lo mejor de su juventud. Un día enfermó cuando todos nos reuníamos en el ministerio. Y él no estaba allí. Fue a la reunión pero no llegó. Lo llevaron con dolor al hospital y cuando su joven mujer llegó junto a su cama, él le entregó su última sonrisa, le devolvió el anillo de matrimonio y le dijo: “La muerte nos separa”. Mi vieja madre, que a última hora oyó el llamado de Cristo y se dispuso a leer la Biblia que le di, y arregló su marcha; resucitará con un cuerpo glorioso, como el de Jesús, un inmerecido regalo de él para ella.

Señor que al acercarme a mi muerte no tenga miedo, que recuerde en ese momento que allí no estaré por la eternidad, que la tierra guardará como sagrado mi polvo y cuando tú el Creador lo ordenes devolverá mi cuerpo. Y como resucitan las hortalizas con el rocío así resucitaré yo al mandato del Señor, y ¡Dios mío!, el Señor me recodará porque nos conocemos y al volver preguntará por mí a la tierra del olvido y ella le responderá “aquí lo tienes”.