El arca de Noé flotó llenísima de bestias y el apóstol Pedro sobre el mar flotaba, no nadaba. Si esto lo leyeras en otro libro dirías que es un mito, pero como lo lees en la Biblia lo tienes como un hecho histórico. ¿Por qué? ¿Porque es un libro sagrado? O mejor aún ¿porque es el libro sagradodel judaísmo y cristianismo? Entonces ¿quiere decir que el consenso y la popularidad de estas religiones son las que le han impartido historicidad al suceso? No, si un relato es mítico o histórico no depende del libro donde se encuentre ni de la religión que lo respalde.
Para mostrar la historicidad de ese relato habría primero que asentar la historicidad de quién lo hizo, si la persona es histórica y no un mito el relato pudiera ser histórico o mítico. La clase de hombre que era Eliseo es lo primero que hay que mirar. Los milagros de la Biblia no son mitos aunque sean iguales o parecidos a los que se leen en la literatura pagana porque fueron hechos por varones de Dios. Los hechos de un dios son mitos si ese dios es un mito, pero si de alguna manera puede probarse que ese Dios no es un mito, sus hechos tampoco lo son.
Los profetas de la Biblia han dejado suficientes evidencias para probar que son figuras históricas y han recibido la credibilidad profética por sus mensajes y sus hechos. La vida de Eliseo explica porqué pudo históricamente hacer flotar el hacha, y es porque recibió “una doble porción” del Espíritu de Elías, lo que lo convirtió en un doble profeta, algo extraordinario, inusual dentro de la profecía. Su ministerio, en vida y muerte parece un mito. Tal fue su vida, que aún después de muerto sus huesos operaron unmilagro.
Conteniendo la Biblia relatos similares a éste, ¿podrías llegar a creer en Dios? El milagro de hacer flotar una pieza de hierro desborda tu razón pero es que la existencia de Dios también desborda los límites de la razón; y la vida y obra de Jesucristo y sus apóstoles, sin dudas históricas, exceden con creces a “las cosas que ojo vio o han subido a corazón de hombre”, donde los hierros flotan, las serpientes y mulas hablan y los hombres caminan sobre el agua.
Jesucristo excede la imaginación. El reino de la gracia es similar al mundo de las fantasías. Es un enorme fiasco la vida humana sin esos “cuentos, mitos y leyendas” que necesitamos creer, y sin que realmente exista ese “mundo de maravilla y fantasía”. Sin esos “ingenuos inventos” la vidahumana sería la más horrible de las invenciones.
“Y ella no reconoció que yo le daba el trigo,el vino y el aceite,y que le multipliqué la plata y el oro que ofrecían a Baal. Por tanto,yo volveré y tomaré mi trigo a su tiempo,y mi vino a su sazón,y quitaré mi lana y mi lino que había dado para cubrir su desnudez. ”.
No pongas al servicio de los demonios los dones que Dios te da. El dinero que ganaste te lo dio Dios, no lo tires, no financies cultos idolátricos, no es Baal a quien tú adoras, el que te da la plata, el oro, “la lana”, el lino, es Dios. Si le das dinero a otro dios fortaleces su culto. No apoyes tampoco con tu dinero a las sectas heréticas, ¿no has leído que no se les debe recibir en casa, ponerle un plato delante y una cama para dormir? (2Jn 1:10-11).
Y ni se te ocurra enviarles dinero a evangelistas ambiciosos que te dicen lo que quieres oír y te engañan para explotarte. ¿Dicen que oran por ti? Dúdalo. Dice el profeta que Dios te da el dinero pero no echándote fresco sino sudando. Con gran esfuerzo ganas tu dinero para sostén tuyo y de tu familia. ¿Serás tan ingenuo? Si por gratitud por lo que Dios ha hecho por ti, tú quieres ayudar a la obra de Dios, te sugiero que financies el evangelio quiero decir la sana doctrina. Eso quiere decir ayuda a iglesias más que a individuos. Hay evangelistas que se lo merecen porque son fieles y honrados, pero si simpatizas con alguno escógelo bien antes de apoyar su ministerio. De todos modos el medio más seguro es por medio de las iglesias. Financia iglesias con sólidas doctrinas, programas de ellas para alcanzar el mundo para Cristo, que tengan pastores vocacionales que son los auténticos, no asalariados sino ministros con vocación y proyectos de beneficencias a través de santas congregaciones. Si la iglesia no se ocupa de los pobres, no le des nada.
Pero nunca le des ni un centavo a otro que te pide en la puerta, por la radio o la televisión, y “no trae esta doctrina”, ni le digas ¡bienvenido! a tu bolsillo. No los ayudes a vestirse con esplendidez y de lino fino, a comer opíparamente, comprar autos lujosos, mansiones reales, bañarse en playas famosas, y pasar noches con sus séquitos en hoteles de cinco estrellas. Mejor déjale caer en la mano una moneda al ciego Bartimeo y le alcance para comprar algo para comer él y su perro, o a Lázaro para que compre las medicinas para sus úlceras o si son caras y pueda echar lejos los perros que las lamian. Pero a esos explotadores religiosos, no. Ni a holgazanes ni a listos.
Y la promesa que ellos te hacen que te irá bien si les envías dinero porque lo estás dando a Dios es mentira, aquí el Señor dice lo contrario, que te empobrecerás y te lo irá quitando poco a poco, y podrás dar menos y menos hasta que no tengas ni para ti mismo.
“Hirió con ceguera… seguidme y yo os guiaré al hombre que buscáis”.
¿Qué te parece, los sirios tienen a Eliseo enfrente, quieren capturarlo, hablan con él pero no lo reconocen? ¿Cómo pueden seguirlo si supuestamente están ciegos? ¿Por qué tienen los ojos abiertos y no ven?
Voy a explicar con este caso lo que ocurre a toda la gente que no cree en Dios. La ceguera de ellos no está precisamente en el globo del ojo o en la retina sino donde se envían los pensamientos y las imágenes y se razonan las cosas. En el cerebro.
A los sirios el Señor los hirió con ceguera y aunque se le llama así no quiere decir que estaban en completa oscuridad porque no hubieran podido seguir a Eliseo a ninguna parte. No era un problema ocular. Tenían losojos abiertos y podían andar detrás de una persona, actuar como personas "normales". La ceguera de ellos era mental como dice un comentarista “es una ceguera mental, similar al caso mencionado en Ge. 19.11, o sea, que aunque un hombre mantenga sus ojos abiertos no puede ver correctamente” (Keil & Delitzsch commentary).
En buena teología se puede decir que como castigo “Dios los entregó a una mente reprobada para hacer cosas que no convienen” y que la ceguera que les envía consiste en que los abandona al príncipe de este mundo que no les permite que les resplandezca la luz de Cristo.
Los que no ven al Invisible están ciegos. Están poseídos por un sueño muy profundo y sufren sonambulismo, una especie de entretenimiento hipnótico con el mundo. Las luces de la Revelación están encendidas y no las ven. Confunden los hombres con árboles que andan (Mr 8:24), porque Darwin les enseñó que tienen un tronco común.
Tengo dos ejemplos, dichos rápido antes que te canse la longitud de esta entrada. Los hombres que querían romper la puerta de la casa de Lot y violar a los ocupantes ninguno dijo “ay mis ojos, no veo, he perdido la vista”. Actuaban como si vieran pero no veían. Tenían la puerta estrecha enfrente y no daban con ella ni “palpando” (Hch. 17:27). Quiero decir que fue como si Dios se las hubiera escondido y ellos no percibían la realidad que tenían al alcance de los ojos y de la investigación. Es que la existencia de aquella realidad escondida tenía que discernirse espiritualmente (1Co 2.14; He 11.3,7).
Otro caso similar y ya me puedes dejar. El de los nazarenos que querían despeñar a Jesús y él pasó por en medio de ellos y escapó (Luc. 4.30). No que se hubiera hecho invisible sino que Jesús se convirtió en una irrealidad para ellos y casi topándoselos pasó como si no existiera y en un momento, por incrédulos, se les volvió ficción.
"Devoraron extraños su fuerza y él no lo supo; y aún canas le han cubierto y él no lo supo".
Poco a poco Israel fue perdiendo su fuerza política, estrechando sus fronteras, perdiendo sus valiosos hijos que morían o emigraban para darle prosperidad a otras patrias y la riqueza económica se le iba y su importancia en el mundo disminuía. Aquí se refiere bien a los sirios en tiempos de Joacaz o a los asirios bajo Pul que vino contra Israel en tiempos de Menahem (2Re 15.19); y en los días de Tiglat-pileser otro rey asirio que vino y tomó muchos lugares fuertes y se llevó no pocos cautivos (2Re 15.29). Ese era el triste panorama ocasionado por el pecado y los “extraños” que se lo comían. Iban para atrás y más para atrás.
¡Oh Dios!, nuestros pies resbalan mucho, perdemos categoría y poco a poco nuestras fuerzas. No nos detenemos de súbito pero cada vez nuestros pasos son más cortos, leemos con menos frecuencia la Biblia, oramos una o dos veces, nos vamos acostumbrando poco a poco a no asistir a los cultos, no hacemos las primeras obras con el mismo amor que antes (Apc. 2.5), la rutina sustituye al celo, nos volvemos poquito a poco carnales, poco a poco nos apagamos y vamos perdiendo nuestra vida espiritual sin que lo notemos hasta que sólo nos queda el nombre de que vivimos pero estamos muertos (Apc 3.1).
Nos envejecimos por dentro sin que nos diéramos cuenta, nos salieron canas en el alma como síntomas de decaimiento y declinación. Un día nos acostamos jóvenes y nos despertamos ancianos. Hubiéramos preferido la muerte que vernos viejos.
Y nos acordamos de aquel muchachón hijo de Manoa, el peludo, el conquistador de extranjeras y cómo todos los periódicos de países vecinos hablaban de él. La radio no cesaba de dar la noticia sobre la seducción carnal del joven juez de melena leonina y la televisión presentando su rostro ensangrentado con los huecos de los ojos vacíos.
No lo supo hasta que llegó el trágico momento y la bella meretriz le gritó “¡los filisteos contra ti!”, y pensaba que iba a salir victorioso “como las otras veces” pero no fue así. Si se hubiera mirado en el espejo de la palabra de Dios, no en los ojos de su mujer, habría descubierto las guedejas de su cabello más cortas, las hábiles tijeras de la señorona lo habían rapado mientras dormía en sus sensuales brazos, y ya no era el mismo sin que se diera cuenta.
El pelinegro de sonrisa bonachona ya no tenía ojos ni para llorar, un mechón de cabello blanco le caía sobre la fría frente y canas le tapaban las orejas. Se despertó declinado y viejo. Lo ataron con cuerdas humanas y el inspirador héroe de la juventud israelita fue visto por sus fans haciendo de payaso. Y las gradas del teatro estaban llenas, y las muchachas comían palomitas de maíz, y los machitos bebían latas de Coca-Cola, y hasta la bonita tentadora en un palco especial, semi borracha, se fumaba un cigarrillo. Despierta alma mía, conserva tu sensibilidad que vas cayendo cuesta abajo (Efesios 4.19); no sólo el joven nazareo se despertó viejo, también encaneció por otro motivo, dicen que en una noche, la reina María Antonieta y ¿por qué no, tú o yo?
“Con su maldad alegran al rey y con sus mentiras a los príncipes”.
Les importaba más su rey que Dios, el gobierno más que la iglesia y la política más que la Biblia. Jeroboam levantó dos altares de adoración fuera de Jerusalén, y el pueblo lo siguió. Acab añadió a eso la adoración a Baal y por complacerlo la gente siguió su nueva teología. Y Jehú anduvo en los pecados de Jeroboam e Israel hizo lo mismo. Se cumple lo que dice pablo en Ro 1.32 que no sólo hacen cosas dignas de muerte sino que disfrutan con los que la hacen. El rey se alegra con el pecado de su pueblo y los príncipes con su hipocresía que es otra traducción de la misma palabra mentira. Así van las cosas entre la gente y particularmente los sacerdotes ungidos y predicadores entran en el juego de la política de conveniencia, volviéndose por dinero y posiciones, fanáticos de gobiernos perversos que en médula y huesos son anticristianos y no hacen esfuerzos para esconder el desprecio que sienten hacia Jehová, y aunque anden apuraditos inventando leyes para pervertir el cristianismo y apretándoles el cuello a las iglesias la gente socarrona les sonríe, les hace propaganda y los eleva a la primera magistratura del país, y anuncian sus nombres, caras y programas, en sus autos y domicilios. Y ¡viva la democracia! que embobada también suele elegir sus tiranuelos.
Todo si la economía les mejora un poco; no les importa la apostasía y negar a Dios. Y cierran los ojos si ven a Jesús vestido de rojo y golpeándolo con una caña en la frente, con tal que sus bolsas se vayan llenando de plata; porque si deméritos en periódicos y radios, cine y televisión van y vienen contra la religión, llega un momento que ella no vale más que treinta monedas. El mal rey soborna liberales de la teología que se adueñan de la revelación y venden la verdad, ungen homosexuales y lesbianas para el púlpito, les dan hurras a los abortos, persiguen a los que tengan principios, y meten en cintura la ortodoxia cristiana dentro de la filosofía política, y de ese modo van corrompiendo a trochemoche la moral del Señor y le dicen al pueblo santo que omita la revelación y salude a los cambios de los tiempos que son hartos convenientes.
Y el pueblo de nuevo embaucado dice ¡viva el rey y viva Cristo!, y enyugan a dos que no pueden ser compañeros, quieren que camine junta una pareja que no está de acuerdo, y ponen más esperanza en un rey impío que nombraron como líder y redentor, que en un Dios bueno, en las mentiras dichas dentro y fuera de la nación que en las predicaciones bíblicas que se oyen todos los domingos en las iglesias.
Dios tiene que arruinar esas preciosas viviendas llenas de pecado, antros de disipación y lujuria; romper la vida muelle de esos ricos con casas suntuosas, artesonadas (Hag 1.4) que habían hecho sus fortunas con el salario de los pobres a los cuales no habían pagado (Sgo 5.4), mansiones llenas de despojos y rapiñas (v.10).
¿De qué sirve tener esas comodidades en la tierra si no se tiene un lugar en la casa de mi Padre? (Jn 14.2,3). Oh Dios, me importa más una “casa” allá que miles aquí, ¿no son ellas más hermosas?, porque espero tener junto a ti una casa de esperanza, una casa espiritual, una casa eterna; y que ésa que comienza a construirse aquí, edificada sobre el fundamento de los apóstoles y profetas no sea por el pecado arruinada.
¿He dicho “casa”? ¿No habrá cielos nuevos y tierra nueva? ¿No será esta tierra purificada con fuego y hecha nueva? Es un mundo inimaginable. ¿Nos hará falta una casa cuando estemos en Dios? No puede ser, los santos no tienen necesidad de techos y paredes en el cielo, no hay allá ciudades, calles, ni árboles sembrados junto a los ríos. Esas son sólo representaciones del cielo, una forma poética y humana de concebir un nuevo mundo.
Jesús no dijo que iba como algún arquitecto a fabricar casas en el firmamento, sino a preparar lugar. Es cierto que dijo “en la casa de mi Padre muchas moradas hay”, pero la idea no es de una construcción material o de un sitio aislado, sino de una sola habitación, un lugar único donde habita una sola familia, un solo pueblo; y allí hay espacio para todos. Si allí no hay templo tampoco hacen faltas casas, torres y techos y ni siquiera calles de oro macizo porque no les harán falta andar a los que pueden volar como ángeles con las alas de la imaginación y los sueños hechos realidades, y saltar “de gloria en gloria” sobre las notas musicales de sus alabanzas.
No necesitaré de casas porque mi espíritu y cuerpo serán transformados y ello será en mí mismo una habitación celestial (2 Co 5.1-5). Estaremos así para siempre con el Señor, participando “de la naturaleza divina”, reflejando en el rostro, como Jesús, la gloria de Dios, y revestidos con la inmaculada ropa blanca de la justificación por gracia, tan blanca como ningún lavador en la tierra la puede hacer y sin necesidad de joyas ni adornos porque las virtudes de Dios de las cuales las esmeraldas, perlas y diamantes son bellos símiles, formarán nuestro cuerpo, espíritu, y su gloria misma.
“Mi pueblo fue destruido porque le faltó conocimiento”.
Perdonarme un poco de ironía en esta entrada. ¿Quiénes eran los responsables que escaseara la palabra del Señor en aquellos tiempos? Los sacerdotes, es decir los representantes de Dios. No escribían sobre ella ni la predicaban. El Sagrado Libro brillaba por su ausencia. No eran maestros bíblicos porque eso perjudicaría sus intereses. La gente pensaba que Moisés era el judío del mercado y Sansón el dueño de una fábrica de neumáticos. Los presbíteros se pintaban el cabello y la barba y sonreían como jóvenes, a pesar de las mentirosas arrugas. El doctor de la sinagoga tenía un púlpito transparente o invisible y presumía de su buen humor y de su inteligencia. Y lo era como para averiguar los gustos de sus oyentes y prepararles un buen sermón comercial para que oyeran lo que querían.
Ese señor del elegante carrazo con cuatro caballos blancos, como los de Juan el Vidente, de tracción delantera y trasera (4X4), es todo un ungido con aceite (no con Espíritu Santo por cuanto escaseaba en aquellos días sin palabra de Dios) y un producto del secularismo social, del pragmatismo capitalista, condescendiente y de mente abierta. Sabe cómo ser feliz. Cómo salir de deudas. Cómo criar los hijos para que no fumen marihuana. Cómo convencerlos para que vayan a la universidad y hagan sexo seguro. Cualquiera cosa que sea positiva y tenga que ver con la familia, con el dinero, la salud y el trabajo lo considera un buen tema para ayudar a la clientela religiosa.
Los clientes tienen la razón y el derecho a una buena mercancía porque la pagan,¿no? Pues hay que servírselas. Si quieren que la sicología sea la indispensable compañera de la revelación ¿por qué no? Lo que diga Freud es tan importante como lo que diga Pablo, Juan o Jesús. Y un argumento irrebatible es que lo que escribió David en el salmo 32 y 51 enseña el sicoanálisis y el valor catártico de la confesión de la culpa para deshacerse de ella y tranquilizar la conciencia.
Vaya, ángeles y principados, dejemos la espiritualidad cristiana a un lado y refinemos nuestro humanismo hasta que consigamos lo mismo. No hay necesidad de andar llorándole a Jesús que nos aumente la fe si podemos ser optimistas, ni implorar como el Cristiano de Juan Bunyan que la esperanza nos acompañe a pasar el río de la muerte si cultivamos pensamientos positivos y pensamos que podemos con medicinas, cirugías y visionando salud, quedarnos un tiempo más del lado acá.
El perdón más importante es el que uno se concede a sí mismo, no precisamente el de Dios, porque si uno se perdona es que ya Dios lo ha perdonado. Si uno no guarda rencor Dios tampoco lo guarda. Dios es un reflejo de nosotros mismos. Si no nos amamos a nosotros primero no podremos amar a los demás. Nada de negarse a sí mismo sino de aceptarse a sí mismo. Hay que reconciliarse con uno mismo primero que con Dios. Jesús es un filántropo y un salvador deproblemas, enfermedades y bancarrotas. Hemos de vivir sin vicios porque nos conviene y no sólo para la gloria de Dios. Dios es un todopoderoso siervo. Riquísimo. Jamás él cambia por un ceño fruncido su sonrisa bonachona. Tenemos mucha confianza con él ya que viene a todas nuestras celebraciones de modo que podemos llamarle papi, papa, abuelo o el Vecino del Tercer Piso (una referencia al “tercer cielo”).
¡Basta! Dejemos las ironías. ¡A la ley y al testimonio! ¿Quiénes son esos a los cuales se refiere el profeta? Son los ignorantes que divorciaban el ejercicio eclesiástico del conocimiento de la palabra de Dios y olvidados de ella nadie la vivía (vv. 1-3). Hago responsables del mal testimonio de los hermanos, a los sacerdotes, obispos, pastores, ancianos, maestros y diáconos (no todos, hay un remanente fiel escogido por gracia), del pecado de las iglesias porque les han faltado conocimiento de la palabra de Dios y le dan como evangelio, otro, como mensajes de Dios los de ellos mismos, y como Dios soberano, al supremo yo y la autoestima.
Esta es una de las varias causas por la que la mayoría de los cristianos viven superficialmente el cristianismo, porque hay poca Biblia en sus servicios dominicales. Esos pastores empujan el estudio doctrinal desde el domingo en la mañana para el miércoles porque es según ellos políticamente incorrecto hablar de teología en un culto dirigido para inconversos y no a la iglesia; y con todo, visítalos entre semana yverás que habituados a no enseñar la Biblia, tampoco lo hacen. Esos son los superpastores que creen ¡my goodness!, que llevan la antorcha de la iglesia cristiana por todo el siglo XXI, y van dejando detrás de ellos las sombras de una juventud famélica y las ruinas de un antiguo pueblo nostálgico que recuerda aquellos días cuando el púlpito ocupaba el centro del templo y tenía una enorme Biblia abierta.
“Cercaré su camino con espinos, levantaré muros para que no encuentre sus senderos. Buscará a sus amantes pero no los hallará. Dirá: Volveré a mi primer marido porque mejor me iba entonces que ahora”.
Es delicioso pensar por medio de estas palabras en la perseverancia de los santos que es igual a la renuencia de la gracia a abandonarnos. En la providencia de Dios que juega un papel sabio en nuestras vidas, misterioso e indescifrable, haciendo surgir impedimentos en frente nuestro para evitar que abandonemos la fe en Dios. Y la santificación que sinceramente dicho y ante todo esuna separación del acto pecaminoso y no una pureza interna.
Es un texto riquísimo que habla de la benevolencia divina en el cuidado de nuestra salvación, porque “a los que antes conoció también los predestinó”, y enseña que el Salvador no falla en “llevar muchos hijos a la gloria”, porque “es poderoso para guardarnos sin caídas ni manchas” (Judas 1.24). El profeta afirma que la seguridad de nuestra salvación está completamente en las manos de Dios. Esa es la más grande verdad que sobresale. Que sin ese supremo interés divino en nosotros todos terminaríamos dejándolo.
La otra y triste verdad que se muestra aquí es nuestra persistencia en pecar. Nacemos para pecar. Nuestro instinto es pecar. No podemos dejar de hacerlo. El pecado por naturaleza nos domina y somos “vendidos al pecado” e insistentes y persistentes en hacerlo. Todo lo que hacemos por naturaleza es desobedecer a Dios, ignorarlo por completo y abandonarlo.
El que es nacido de Dios no practica el pecado “porque la simiente de Dios está en él”, o sea la gracia del Señor. No porque no lo intente sino porque no puede. Debe recordar que el primer significado que tiene la palabra santificación es separación y no pureza. La pureza es algo obligatorio. Ningún hombre natural es santo porque voluntariamente lo desee, todo lo contrario. Desprecia la santificación. Claramente ahí lo dice el Señor que si no le pone barreras a su pueblo él se prostituiría. No confía que él le sea fiel porque le ama y desea obedecerle. Le interpone impedimentos que no pueda cruzar, cercas con espinas que le desgarren si lo intenta y paredes que les sean imposibles saltar.
Si no fuera por esos obstáculos que Dios nos pone, ninguno llegaría fiel al final. Un sermón lo para, una protesta de la familia, la protección de un buen amigo, el pecado se aleja sin decir adiós, o no se llega a tiempo para cometerlo, todo se trastorna, un espíritu de miedo venido de Jehová o un ángel se interpuso con la espada en la mano y la mula lo vio y el apretón del zapato contra la cerca hizo que gritara y desistiera.
Sin embargo con todo lo que les cueste saltar esas cercas de púas de vez en cuando algún “prisionero de esperanza” la salta, pero entonces paga las consecuencias de su extravío y le va mal con sus amantes que le dan de bofetadas y se le ríen en la cara. Entonces haciendo cuentas concluye que le iba mejor con Dios, con el evangelio, con el Espíritu Santo y con la iglesia que sin todo eso. Y comienza el doloroso vuelta atrás, humillado, pobre y avergonzado, pidiendo perdón a todos los que ofendió y a su conciencia, y mojando con lágrimas y besos el camino estrecho desde donde planeó su huída.
Porque en el caso de los que fueron una vez iluminados, que probaron del don celestial y fueron hechos partícipes del Espíritu Santo, [5] que gustaron la buena palabra de Dios y los poderes del siglo venidero, [6] pero después cayeron, es imposible renovarlos otra vez para arrepentimiento, puesto que de nuevo crucifican para sí mismos al Hijo de Dios y lo exponen a la ignominia pública. [7] Porque la tierra que bebe la lluvia que con frecuencia cae sobre ella y produce vegetación útil a aquellos a causa de los cuales es cultivada, recibe bendición de Dios; [8] pero si produce espinos y abrojos no vale nada, está próxima a ser maldecida, y termina por ser quemada.
Sobreeste texto podemos meditar en porqué los que parecían ser cristianos dejan de serlo. Algunos escritores lo han usado para negar la perseverancia de los santos. Pero si lo interpretas teniendo en cuenta la intención que tuvo el autor, que fue prevenir la apostasía de los fieles, no lo usarías para afirmar que quien es cristiano una vez puede dejar de serlo. Al contrario, quiero que observes qué lejos puede llegar alguien en la experiencia cristiana, qué abundante y genuina puede ser, y sin embargo no llegar a ser una nueva criatura formada a la imagen de Cristo. Lo que estremece más bien es qué fácil alguien puede confundirse y pensar que es cristiano, o uno tomar a otros que no lo son, por tales.
Es muy difícil, a juzgar por fuera, saber si alguien es cristiano o no. Ambos tienen, en apariencia, la misma experiencia de conversión, son “iluminados, gustaron del don celestial, sonpartícipes del Espíritu Santo, de los poderes del siglo venidero”, que culmina en una renovación por medio del arrepentimiento. El cambio de vida en ambos es igual. La experiencia de conversión de los que siguen fieles y de los que recaen parece ser similar aunque no idéntica. Caen, son muchos los que empiezan, ilusionan la iglesia con ellos y luego la abandonan. No cabe duda que han sido renovados y por eso son bautizados y admitidos en la congregación.
Nota que Dios ha usado gracia con los que no continúan siendo fieles. Mejoran muchísimo, parecen otros. Los que recaen no pueden quejarse que Dios no haya invertido gracia en ellos, que no haya intentado salvarlos, porque por voluntad propia se precipitaron afuera de la gracia cayendo de ella, retrocedieron porque lo desearon, no teniendo motivos para abandonar al Señor Jesucristo. Sin razón pecaron, sin motivos se alejaron de lo que les había sido hecho una bendición. Aunque habían experimentado las cosas más hermosas del mundo, tenido los privilegios más exclusivos, sido elevados tan alto, lo menospreciaron todo y lo abandonaron.La razón no hay que buscarla en Dios que los haya abandonado sino en la perversidad e ingratitud del alma humana, no porque él los haya hecho así, sino porel humano libre albedrío.
Los que no recaen son aquellos que entregan su libre albedrío a la palabra de Dios, se abandonan a Dios y crucifican el yo, para que viva Cristo en ellos. Lo que hace la diferencia entre un fiel y un infiel es eso, la entrega de su yo a Cristo. El que maneja por sí mismo los asuntos de su vida cristiana, decide por sí mismo, es sabio en su propia mente y no en la de Dios, llegará el día en el cual mercadee con su fe. Hay quienes tienen esa experiencia de “conversión” sin que nunca se entreguen de corazón al Señor, se renuevan, pero no se rinden. Rendición espiritual es la palabra. Si no hay rendición, algún día el yo erguido, deshará esa renovación, y quien afirmó haber creído en Cristo, arrepentido de sus pecados, sentido los poderes del siglo venidero, que se deleitaba saboreando la palabra de Dios y participaba de las bendiciones del Espíritu Santo, recaerá y desmentirá todo aquello que un día afirmó rotundamente haber experimentado.
Nuestra gran meta espiritual es quedarnos sin libre albedrío y poder decir como Pablo, “ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí”, para ninguna cosa mala hacer. No me asombra tanto que sea imposible que se recuperen, lo que me parece imposible es que a pesar de tener estas cosas hayan recaído. Aquellos que han recaído son hierba mala, que no atienden agradecidos a la fresca lluvia que les baja del cielo, han oído por gusto la palabra, y han deshecho la obra del Espíritu en sus vidas.
Son maldecidos y el fin de ellos será el horno.Esto tiene que decirse en relación a los muchos sermones y estudios de la palabra de Dios que recibieron y que no les sirvieron para nada (los que cayeron); ya no podrán volver a oírlos porque tuvieron que aprovecharlos en los tiempos en que los estaban recibiendo y no lo hicieron.El fruto que dieron en vez de ser bueno fue malo, espinos, por lo tanto, no pueden esperar alguna bendición de Dios sino la maldición; bebieron por gusto el agua de vida, no les hizo ningún bien, por lo tanto, serán quemados en el fuego. El aprovechamiento no estuvo parejo con los privilegios que se les concedieron.Por eso el autor piensa que no vale la pena volver a instruirlos en lo que ya aprendieron (v. 1).
Pienso que el autor se está refiriendo a una clase específica deapostasía. Este texto no fue escrito para rescatar a los apóstatas sino para prevenirlos; no dice: “Si has dejado al Señor vuelve a él, tienes esperanza”, sino, “no lo dejes porque perderás toda posibilidad de salvación”.La apostasía es una ofensa tan grande a Dios que no hay ni un rayo de esperanza salvadora para los que por un tiempo nada más dejan la gracia. ¡Cuidado! (10.26-29; 12.16, 17). Aquí tiene que referirse a una clase de apostasía no retornable, la que deja al S.J.C. como medio de salvación para poner su esperanza en las obras y ceremonias de la ley; es principalmente una apostasía teológica más que carnal. De la otra, la que ocurre por debilidad carnal, la Escritura nos da ejemplos de hermanos que han retornado y se han “vuelto” al Señor, como David y Pedro. Nos mueva al Señor, nuestra gratitud, y nos conceda firmeza. Amén.
“No hará nada el Señor sin que revele su secreto a sus siervos los profetas”.
A Noé Dios le reveló el diluvio, a Abram la suerte de Sodoma y Gomorra, a José los siete años de hambre, a Isaías la muerte del Mesías, etc. Eso quiere decir que el futuro sólo lo conoce Dios y nadie más, ni hombre, diablo o ángel. Todos los que afirmen saberlo, mirando la palma de una mano o unas pocas estrellas, cobren por revelarlo o no, mienten. Tampoco porque lo diga algún libro o documento antiguo, exceptuando la Biblia. Y muchísimo menos algún popular señor auto titulado profeta que no pertenece al Antiguo y Nuevo Testamento y quiso recibir su nombramiento cuando ya las puertas del canon bíblico estaban cerradas por Dios.
No hay otro libro escrito que contenga la revelación de Dios que la Biblia. Fueron los profetas de la Biblia los que oyeron la voz de Dios no los de otra religión. La única revelación histórica sin mitos y leyendas, plenamente confiable es la que pertenece al pueblo de Israel y se halla en su literatura sagrada, la Biblia, compuesta por los profetas del Antiguo Testamento y los profetas del Nuevo Testamento. Y toda ella es “inspirada por Dios y útil”.
El futuro no se conoce por un cálculo de probabilidades; aunque uno pueda suponer a dónde van a caer algunos hombres por el derrotero que llevan, lo que les sucederá como consecuencia de sus actos; con todo no se puede garantizar que les pase esto o aquello. Lo que se conoce sobre el futuro es por revelación. Cuando Pedro le dijo al Señor que era el Hijo de Dios no lo supo estudiando o porque algún otro se lo comentó sino porque el Padre se lo dijo; por ende, el futuro está en la mano de Dios y él sólo conoce nuestros tiempos y podría cambiarlos o no, y precisamente esa es la razón por la que se lo revela a los profetas, para incitarlos al arrepentimiento y a volverse a él.
Además aunque la Biblia es una revelación suficiente sobre el futuro de todas las cosas; eso no quiere decir que ella dice todo lo que quisiéramos saber sino todo lo que nos hace falta saber. Hay cosas que los profetas no supieron como por ejemplo el día y la hora de la segunda venida de Cristo, y cualquiera que le haga un itinerario con milenios y dispensaciones, registrando dentro de la Escritura y entrevistando a un centenar de autores, está envanecido y “no sabe lo que dice ni lo que afirma”.
Sépalo estudiante, que tiene que ser humilde y confesar “no lo sé” porque “las cosas escondidas pertenecen a Jehová” y sólo “las reveladas a nosotros y a nuestros hijos” (Deu. 29.29); y si ni aún los ángeles o el Señor Jesucristo sabían el siglo y el año de su retorno, ¿cómo lo puede usted hallar en las setenta semanas de Daniel, en el libro de Isaías, en el evangelio de Marcos o Lucas, en Apocalipsis, en Tesalonicenses,si ellos no lo sabían? Si ellos no lo sabían, la Biblia tampoco lo sabe.
Estas son palabras fuertes y ofensivas, pero honestas y completamente ciertas. No se alarme usted si sigo el impulso del Espíritu y comento esto en esa forma de la verdad. ¿Es usted de los que creen que hay hijos e hijas de Dios en todas las sectas, vestidos con todos los colores doctrinales habidos y por haber? Los hijos que nazcan fuera del pacto matrimonial entre Cristo y la iglesia son hijos de prostitución, quiero decir fuera del pacto de gracia y no tienen derecho a llevar su apellido, cristiano, ni son coherederos con los hijos nacidos dentro del legítimo matrimonio, entre la iglesia y él. Somos hijos del evangelio los que llevamos su forma y parecido.
Es importante cómo uno es engendrado espiritualmente, por medio de la verdad Cristo, no por un evangelio prostituido con enseñanzas falsas, con una justificación mentirosa de obras con fe, apartada de la persona de Jesucristo, engendrados por las doctrinas y herejías de una secta que miente sobre la divinidad de Cristo, o siendo más hijos de una cultura secular que de la cultura del evangelio.
Señores, la mentira no engendra hijos para Dios porque su difusión no cuenta con la presencia del Espíritu Santo, jamás engendra hijos santos sino del diablo y los deseos de Satanás quieren hacer y no los de Dios. A la mentira no la acompaña el poder de Dios y por lo tanto nadie puede convertirse de su mal camino sin los poderes divinos del siglo venidero. El Espíritu Santo no engendra hijos por medio de herejías porque ellas no son la simiente de Dios y no pueden engendrar hijos a imagen y semejanza de Jehová.
Dios no acepta cualquier maestro como rabí suyo, o cualquier iglesia como su legítima esposa, ni cualquier ética llamada cristiana que apoya el aborto, la eutanasia y la homosexualidad. Es importante que usted sepa de quién ha aprendido (2 Tim. 3:14), por medio de quién ha llegado al conocimiento de la Biblia y los lugares que frecuenta para aprender religión.
Fíjese en el texto que Israel por interés personal va detrás de sus amantes, es decir, vendió su honradez a cambio de un vivir mejor, a herejes que lo compraron con dinero y comodidades. En ese sentido: aceptó unirse a un evangelio falso con mentirosas proposiciones. ¿En qué usted puso su esperanza? ¿Quién es su padre y con qué él o engendró? (1 Co 4.15; Filemón, vv.10,11). No le nacen hijos a Dios en un burdel teológico porque son hijos de prostitución y Jesucristo notiene hermanos y amigos allí, y menos lo visita.
“¿No sois para mí como los hijos de Etiopía, oh hijos de Israel?”.
Observa en primer lugar que no siempre los de piel blanca son mejores que los que tienen la piel de otros colores. Los hombres no son mejores ni peores por el color de la piel. Los judíos se gloriaban en ser hijos de Abram, Isaac, Jacob, y haber tenido el privilegio de ser sacados de Egipto por Dios, sin embargo el argumento del profeta muestra que por su mala conducta habían perdido la bendición de ser tratados de modo especial y que imitando en iniquidades a las otras naciones no podían sino esperar retribuciones divinas similares a ellas. No que los haya desechado como hijos sino que los ha de recompensar como a los otros. Ni soñar que si hacemos males vendrán bienes, Dios dará a cada uno conforme a sus obras. El alma de ellos, hombres de piel blanca, era más negra que la piel de los etíopes, y a veces éstos, los negros, los excedían en hospitalidad y nobleza, como dice Gill:
“Se volvieron tan negros como la piel de los etíopes y fueron idólatras como ellos, y se endurecieron como ellos y se acostumbraron a pecar del mismo modo, tal que les era imposible dejar de hacerlo (Jer. 13.23). Los etíopes son representados por Diodoro Siculus como personas muy religiosas o idólatras y los primeros adoradores de los dioses y que les ofrecieran sacrificios a ellos, que los tenían a cambio en especial favor y estima. Homero habla de Júpiter y otros dioses como yendo a Etiopía para una fiesta de aniversario y los llama gente inocente. Luciano menciona que los dioses que viajaban más allá del océano llegaban a Etiopía, hombres honestos que los acogían tan bien sin ni siquiera haber sido invitados”.
Un creyente puede comportarse, a veces, de un modo menos virtuoso que un incrédulo.
Por otra parte, nota que el éxodo por cuestiones políticas o económicas es una forma providencial de Dios para formar las emigraciones de los pueblos. El éxodo de los judíos desde Egipto es idéntico a la emigración donde actúa la providencia, cuando trajo a los filisteos de Caftor y a los arameos de Kir. Es lo mismo. El mismo Dios, usando milagros que con providencial inteligencia las produce y usa cambios económicosy políticos, y en ambos casos quien dirige los éxodos de los pueblos y establece para cada uno “el límite de su habitación” (Hch. 17.26). Rut la moabita emigró a Israel por una cuestión familiar. Dios tenía algún propósito con aquellos emigrantes que desde el Ponto, Etiopía, Mesopotamia, Grecia, Roma, visitaban Israel en Pentecostés cuando fue derramado el Espíritu Santo. Y Juan estaba en Patmos con algún propósito divino y por eso la providencia lo puso allí. Y así a los mejicanos, nicas, catrachos, salvadoreños, cubanos, argentinos,marroquíes,italianos e irlandeses.
¿Para qué quieres que Cristo venga si es día de grande juicio, mucha perdición, muchos ayes? ¿Para qué quieres que se cumplan sus palabras de retorno si muchos de tus seres queridos aún no lo han recibido por la fe? ¿No ves que si tornase ahora ellos serían excluidos y así perderían toda esperanza? ¿No sabes que si viene hoy cerrará la puerta del arrepentimiento, y que ya no conducirá a ninguno a la salvación, no bendecirá más su palabra aunque les fuere predicada o la leyeren con avidez? Si él volviere y no hubiere “oportunidad para el arrepentimiento” los pecadores se endurecerán más que nunca con su juicio y serán quebrantados.
Es mejor para ellos que Jesús “retarde su promesa como algunos la tienen por tardanza”. Eso significaría ya la cesación de la misión de la iglesia para el mundo, la cancelación de la gran comisión. No habrá iglesia que predique, no más estudios, no más sermones, no más exhortaciones, súplicas ni oraciones de intercesión.
Y por supuesto, el Espíritu Santo será retirado de la tierra y ya no convencerá a nadie, a ninguno conducirá a la verdad ni intercederá con gemidos indecibles. ¿Eso es lo que buscas? Abram no quería que el Señor destruyera a Sodoma y Gomorra aunque sabía que su pariente Lot no sería quemado. Aunque uno ya esté listo, aunque la familia se halle lista para ese día, pensamos también en muchos otros que aún no lo están y no deseamos, por ellos, la segunda venida de Cristo si con su “tardanza” se glorifica su gracia.
Piensa por ejemplo, en el estado actual de la iglesia, ¿crees que como esposa de Cristo ya se halla lista para ir a las bodas?¿Vive ella “sin mancha ni arrugas ni cosa semejante? ¿Se ha guardado sin mancha del mundo? ¿Visita a los enfermos? Jesús oró mucho por la unidad cristiana, ¿somos uno como él y el Padre son uno? ¿O la iglesia se halla dividida en muchos pedazos, muchos grupos y aun esos grupos a menudo se fracturan en otros más pequeños? ¿Ese triste estado de división, es el mejor para recibir al Señor? Si Cristo viniera ahora muchos continuarían siendo como fueran hallados y ya no tendrían tiempo para el arrepentimiento; quizás alguno esté luchando con alguna tentación especial y necesita un poco más de tiempo y gracia, otro tal vez está tratando de recuperar su perseverancia dañada por una seria caída, otro nunca ha ganado algún alma y ahora tiene buenos propósitos y medios para hacerlo; tal vez el Señor está esperando que completemos algo y por eso no ha venido.
Pero, ¿y tú, crees que ya hiciste lo que debías haber hecho? Cuando el Señor pide que “vénganos tu reino”, quiere decir mayormente que su reino se extienda entre los pecadores, lo contrario a que todo se acabe. La iglesia tiene pocas justificaciones morales y espirituales para orar por el día del juicio: Cuando ya sienta que ha cumplido su misión en el mundo, cuando sea suficientemente santa como para entrar en gloria o cuando, quizás con menos fuerza, sea perseguida (Apc 22.20, comp. 22.17). Los apóstoles anunciaron mucho la segunda venida de Cristo pero para enseñarnos a apurarnos para ese día que se acerca, a vivir en su expectación pero no para que la precipitáramos con nuestras peticiones y deseos. El ánimo del Señor es más bien tardarse que apurarse para que “todos procedamos al arrepentimiento” (2 P 3.9; 3.15). Yo deseo la segunda venida de Cristo pero por causa de otros prefiero “partir y estar con Cristo lo cual es muchísimo mejor”, claro,para mí.
“Levanté de vuestros hijos para profetas y de los jóvenes para nazareos”.
Desmiéntanme si pueden. La falta de vocación ministerial es una indicación de que las cosas no están bien con Dios. Generalmente, con excepciones, los hijos de los ministros no sienten la vocación de sus padres, los maestros no tienen hijos ministros y los hijos de los misioneros estudian otra cosa. Cuando Dios quiere bendecir a un país levanta profetas, pastores y misioneros que anuncia el evangelio, hombres consagrados de plano a su Palabra: el estudio de ella y su exposición. Es bellísima cosa oír a una familia hablar con orgullo cómo su hijo ha dejado todo para cursar estudios teológicos y prepararse para servir a Dios.
No hay carrera más noble que esa, y descansa precisamente en llevar el sello del divino llamamiento sobre la frente, la seguridad de querer con alma en llamas, anunciar el evangelio del Señor Jesucristo. Noble por la pasión que muestra, por las pérdidas y sacrificios que pasa, por la perseverancia que muestra y por la altura de su mirada.
Un ministro de Dios es todo un personaje, aunque anónimo sea, heroico, y el más importante del mundo porque está encargado de enseñar a los hombres el suceso más importante bajo el cielo, la crucifixión y resurrección de Jesús de Nazaret; de atraer las masas hacia allí y reconciliarlas con Dios. Es una vocación trascendente porque todos sus negocios con la Palabra de Dios sobre pasan este mundo hasta la eternidad. Aunque un ministro pase 120 años predicando como Noé y sólo logre atraer a la salvación a su pequeña familia, y muera sin ganar a otros como es su deseo, valió la pena haber vivido para predicar lo que predicó sin importar su éxito o derrota ante los ojos de los hombres.
Los colegios y universidades preparan a esos hombres, los llaman a clases, les cobran, pero ellos son llamados por Dios. El profeta dijo que Dios los llamó. El seminario los educa pero Dios los llama. Entrar a un seminario teológico sin ese requisito indispensable pensando estudiar teología como se estudia cualquiera otra carrera, es un gran error, y mayor todavía si después de su graduación es admitido como pastor en una iglesia. Los colegios, ávidos de recursos, casi no comprueban eso y admiten ligeramente a todo el que llene sus formularios y haga los pagos. Se le miran los talentos que tiene, los dones que luce, su apariencia y educación, casi pasando por alto si desde el cielo lo han comisionado para ese oficio.
A veces el estudiante afirma que Dios lo ha llamado pero en su carácter, sus negocios o en su familia da señales inapropiadas que contradicen su supuesto llamamiento divino. Pero el centro educativo no se entera de eso ya porque el joven no reside en él, o cerca, o porque el claustro no tiene particular interés en ese aspecto. Termina sus estudios y le ofrecen trabajo en una iglesia, y es ahí donde en realidad se va a graduar y probar que es un nazareo de Dios, porque el Espíritu Santo será su principal colaborador; y éste tiene compromiso único con los que el Padre ha llamado a su servicio y no con un suplantador. Y las áreas de trabajo disponibles a la iglesia para corroborar su llamamiento son muchas y más temprano que tarde lo aprueba o lo descarta.
La Unción de Dios es indispensable y sin ella no hay ministerio que valga. Ni en los sermones ni en el cuidado de la iglesia. Y por otra parte, los enemigos espirituales suyos, de su trabajo y de la iglesia, también tienen la diabólica misión de reducirlo a nada y eso no por un día o dos, sino por toda la vida, al principio, a la mitad y al final de su encomienda.
Varones, oigan bien si la voz que oyen es la de Dios, porque si es sublime ser convertido en un nazareo de Cristo, es el peor oficio que puede tener otro que gasta dinero, tiempo y familia en una obra que no cuenta con la colaboración del Soberano Dueño de ella.
“¿Sucede algo en la ciudad que Jehová no haya hecho?”.
La pregunta es que si no hay alguna clase de castigo dentro de la ciudad, invasión, incendio, enfermedad, hambruna, accidente, etc., que el Señor no haya ocasionado. Pero la obvia respuesta: Dios, cambiaría si se le pregunta a una sociedad secularizada. Una ciudad secular y moderna respondería cualquier cosa menos que Dios se halle involucrado en tal y más cual asunto, y diría que los enemigos han echado abajo el muro de protección porque los guardas han sido negligentes, porque no hubo suficiente entrenamiento militar, porque con el presupuesto tan raquítico no se han podido inventar nuevos armamentos o comprarlos, que los incendios y barrios enteros hechos cenizas se debe a que no hay suficiente unidades de bomberos o la policía no hace su trabajo con eficacia, que las últimas plagas se deben a la poca higiene que hay entre la población, la ausencia de vacunación y el pobre adelanto de la medicina, que la pobreza es culpa del sistema social impropio y corrompido, que una nueva distribución de los bienes de producción, un control estatal sobre ellos y una mejor justicia social erradicaría el hambre, y que la multiplicación de accidentes se debe al alcohol y a la estrechez de las carreteras, o a la estupidez, o fortuna, pero, jamás de los jamases que todas esas calamidades sean obra de una Inteligencia Suprema y Soberana que toma venganza para hacer justicia por las faltas de la población.
Los investigadores, los médicos, los sociólogos, los militares, los políticos, los maestros y los economistas explican con satisfacción todo eso de acuerdo a la ley de causa y efecto, física por supuesto, no teológica ni religiosamente. La voz de la teología contemporánea está excluida de opinar ni ella siquiera tímidamente se atrevería a dar un punto de vista anacrónico sobre la crisis hipotecaria actual, el desplome de la bolsa de valores, el triunfo de ideologías muertas y resucitadas, porque se reirían y haría el ridículo. Entonces esa joven señorita, graduada de los centros educativos y comerciales, pálida por la falta de hemoglobina en su fe, se arrima a la corriente del momento y dice unas cuantas cosas con lenguaje prestado delos impíos doctores que le horrorizan, a lo cual ningún hombre “sensato” prestaría un poco deatención.
Hay que llamar para que hable a la vieja de apergaminada piel, la teología de siglos anteriores, pero que por órdenes universitarias no se le deja pasar, por su vestuario anticuado y su lenguaje cortante, y porque esa sin miedo dirá lo que dirá y traerá el mensaje de Amós, de los nazarenos,paulinos, de los calvinistas, y el Dios de la historiale darála razón moviendo las circunstancias como su Providencia sabe para que no quede ninguna sospecha que ella es su voz, y que el mundo debe oírla de nuevo, porque es la correcta intérprete de los acontecimientos dentro y fuera de las metrópolis paganas o profanas, y es la misma antigua teología que recogió la sangre de Abel el justo y la examinó y halló razón religiosa para reconocer al culpable y su motivación, yque coleccionó las piedras de la Ciudad Santa y afirmó que estaban tiznadas de hipocresía e incredulidad y halló escrito en cada una de ellas I.N.R.I,la misma forma exacta del pensamiento humano enviada a la teocracia y a las democracias o dictaduras, la que se explica con claridad en la historia de Jerusalén y escribió que absolutamente ningún mal ocurre, no llamándose pecado, que Jehováel Dios de los judíos y gentiles no haya causado,y que se debe prestar atención al castigo y a quien lo establece: Dios (Miqueas 6.9).
“Envió al sacerdote Urías el diseño del altar y su réplica”.
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Estos son las desafortunadas intromisiones del estado en la religión para hacerle cambio que les convengan a su política. Aquí se ve al poder político introduciendo adiciones teológicas, otro altar, con modelo foráneo a la revelación; importando desde una nación pagana las nuevas ideas y formas que contemporicen con el gusto de los que visitan la “tierra que fluye leche y miel”.
El propósito de esos que quieren dominar la mente de la nación es tener una religión más amplia, traer tantos altares y confesiones como sea posible, para que no colisione con las otras sino que todas sean bien llevadas, se respeten mutuamente y cada adorador escoja entre varias la que más le convenga y guste.
El propósito del rey Acaz, y en eso cooperó el principal religioso bajo la tutela estatal, fue que la vieja religión quedara en la oscuridad, en un sitio menos visible que no ofenda a la nación extranjera y aumentar la visibilidad y el tamaño de aquella que complazca los gustos.
Y los cambios no fueron superfluos y una cuestión de esconder sino una total mutilación y destrozo del altar de Jehová, cortándoles los bordes, dejándolo seco, destituir de su altura el mar de la purificación y situarlo sin renombre ni preeminencia a la altura del más bajo de los hombres para que no tenga que empinar su hombría, sobre un enlosado, y clausurar las puertas de acceso a él (vv. 17-18).
Esa vieja historia se repite y se repite, los que van ganando el poder y haciéndose fuertes en la política creen que entre sus reformas hay que echarle el guante a la religión, sobre todo a la más vieja y establecida, la que tiene más influencia y ha contribuido mayormente a la formación de la nación. A las otras se les puede dejar que sobrevivan hasta que se les de un puntapié pero las que más categoría tienen, el cristianismo, la influencia judeo cristiana, a esas hay que ponerles otras a competir primero, introducirle el concepto de pluralidad religiosa donde las recién venidas y vestidas a la moda, sirvan de alternativas a la que yaexistía desde tiempo y advirtiéndoles a los ciudadanos que todas tienen el mismo derecho y son válidas.
Y que cada una tiene su verdad y nadie tiene el derecho de imponersus principios, moral y costumbres, sobre las otras; es decir, quieren darle un golpe fatal, una estocada terminal a la propagación evangelística. La idea es que a la postre todas se queden como adornos, en lugar de museos, sin esencia espiritual, intelectual, moral y social, como parte de la prehistoria. No habrá, os lo aseguro, porque lucharemos con ejemplo, voz, papel y tinta, sí, sí, no, no, una era post-cristiana.