sábado 30 de mayo de 2009

Un cuadro que tal vez nos pinta

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Tampoco Manasés arrojó a los de Bet-seán, ni a los de sus aldeas… tampoco Efraín arrojó al cananeo sino que habitó el cananeo en medio de ellos en Gezer, tampoco Zabulón arrojó… (Jueces.1:27-34)

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Uno lee con tristeza este capítulo y se da cuenta que la época brillante de Israel, bajo Moisés y Josué, ha pasado. Es un gigante debilitado. Un pueblo numeroso, otrora victorioso, ahora no derrotado, pero lejos de ser lo que en otro tiempo fue, impotente para conquistar la tierra, incapaz de ganar victorias completas. Israel está rebajado. Desde el v. 3 te das cuenta que algo ya andaba mal, cuando Judá pide ayuda, sin necesitarla a Simeón su hermano, para conquistar su territorio asignado. Si tenía a Dios no le hacía falta.

No se dice que anduviese en idolatría, que no creyera en el Señor, porque lo consultaban y Dios los ayudaba, pero la ayuda divina era muy limitada, no era completa. Les ayudaba en las montañas pero no en los valles contra los carros de hierro. Si observas en el texto hallarás muchos “tampoco” “tampoco” “ni estos pudieron ni aquellos tampoco”, nadie, por mucho esfuerzo que hiciera podía lograr los deseos de su corazón. Estaban drenados espiritualmente, decaídos y debilitados. Se había repartido la tierra pero no podían tomarla ni disfrutarla plenamente.

Los antiguos propietarios (Lee Gálatas 5:19- 21) permanecían dentro, tenían que compartir las calles, los campos y los vecindarios con enemigos, aceptarlos y acomodarse a verlos y tratarlos siempre. Cuando podían hacer algo los esclavizaban pero no podían echarlos. ¿Qué había perdido Israel? Había perdido el espíritu de sus grandes líderes de la Palabra de Dios. No tenía a Josué ni a Moisés. No tenía profetas. Las conquistas por Jehová, para su gloria, con su dirección, habían desaparecido. Ahora eran ellos, sólo ellos, nada más que ellos, con alguna pequeña ayuda del Señor para que subsistieran y no fueran borrados del mapa. Oh Señor, tal vez este cuadro nos pinta. Levántanos líderes poderosos en tu palabra y que los antiguos propietarios de nuestra carne no habiten dentro de nosotros.


David y el maravilloso amor de las mujeres




Angustia tengo por ti, hermano mío Jonatán, que me fuiste muy dulce. Más maravilloso me fue tu amor que el amor de las mujeres (2Samuel.1:26).

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David habla de Jonatán como su hermano. No quiere decir que lo prefiere sexualmente sobre las mujeres. Hay que conocer algo sobre la vida de David para entender por qué habla de ese modo, que para él el amor de Jonatán el amigo ha sido un deleite mayor que el que tuvo con las mujeres. David no dice que sacó menos satisfacción sexual con sus mujeres que con Jonatán. Tampoco indica que dormir con alguna de sus mujeres era un placer menor que el amor de la compañía de Jonatán. Lo que quiere decir David es que espiritualmente se sentía mejor con la comprensión y amor de su amigo que con cualquiera de sus varias esposas.

Por estas palabras muy suyas podemos deducir que David nunca halló la esposa ideal, no encontró en el amor de sus esposas la comprensión y comunión espiritual que en Jonatán su amigo. El alma de Jonatán era como la suya.

Por ejemplo, la esposa de su juventud, Mical, ¿acaso llenó ella el espacio espiritual que tenía que llenar? No, Mical aunque sin duda lo quería mucho, no logró entender espiritualmente a su esposo y aunque hubiera dado su vida por la suya, como dio su familia, no penetró en el lugar santo de David y él se sintió muy solo y a veces ofendido por el modo en que ella en materia espiritual no le correspondía (2Sa.6:20-23).

Si consultamos sus escritos, los salmos, que reflejan sus íntimos pensamientos y alma como nada, hallamos que siempre tuvo necesidad de un compañero en el Señor con el cual compartir su vida espiritual. En el salmo 55:12-14 abre su corazón desgarrado por la traición de un amigo en el Señor y cuenta los secretos dulces que recíprocamente se contaban y cómo andaban en amistad en la casa de Dios.

David no tuvo ninguna mujer que amara las cosas de Dios como él, ninguna que le acompañara frecuentemente a la casa del Señor como él hubiera preferido de ellas, porque no podían gozarse con Dios como él (Sal.84:1-4). El se alegraba con los que lo acompañaban a la casa de Jehová (Sal.122:1). No cabe duda que siempre buscó y nunca encontró, fuera de Jonatán, un alma como la suya.

Pienso que ese vacío espiritual y ese anhelo de hallar alguien con quien compartir las dulzuras del Señor lo motivó en parte a buscar en la unión íntima del matrimonio alguien espiritualmente como él. Convencido de que Mical no era su compañera espiritual, sí la que más lo amaba pero no la que más lo entendía, se ilusionó con Betsabé, pero como su relación con ella fue pecaminosa su matrimonio resultó en un desastre. La mujer de Urías le dio un gran hijo pero no la comprensión que buscó. Abigail era una mujer inteligente y admirable, pero no lo entendió tampoco. Nunca halló una mujer espiritualmente de su estatura. ¿Quién podría ser la esposa a la altura del Dulce Cantor de Israel y el autor de la mayor parte de los salmos? ¿Y quién hubiera podido ser la dulce mujer espiritual que acompañara a un hombre como Pablo que subió en cuerpo o fuera del cuerpo al tercer cielo? No se halló ninguna.


viernes 29 de mayo de 2009

No defienda al decrépito libre albedrío




¡Cuántas veces quise juntaros y no quisiste! (Mateo 23:37-39).


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¿Por qué tendremos que comentar teológicamente unas palabras que Jesús dijo sollozando sobre Jerusalén cuando están mojadas con sus lágrimas? ¿No ve usted que son una lamentación y un reproche? Explicar el texto con un formato calvinista o arminiano es trasladarlo de su intención y meterlo dentro del viejo debate entre Agustín y Pelagio o Calvino y Arminio.
Pero no tenemos otro remedio que aunque Dios nos libre hacer de Jesús un reformador ginebrino no nos queda más remedio que decirles a los defensores del libre albedrío que no canten victoria que Jesús, si miramos dentro de sus palabras vemos que son ¡exactamente teológicas!, y significan lo opuesto al libre albedrío, o sea que los jerosolimitanos eran esclavos del pecado, y libres, sí, pero para ser incrédulos, agnósticos, para rechazarlo y pedir ingratamente su crucifixión.
Nota que el Señor no dijo a Jerusalén que no pudiste creer en mí sino que no quisiste; el rechazo a las invitaciones de Cristo yacía no tanto en que no pudieran recibirlo sino en no querían recibirlo. Fue un asunto de deseos o emocional. No era un problema intelectual y líquidamente volitivo sino porque no querían. Lo que resistía a Jesús era el corazón de ellos y no el cerebro.
¿Se preocupa usted con la doctrina de la reprobación porque Dios deja a un lado a muchos? Deje sus preocupaciones que a ellos no les importa en lo más mínimo. ¿Cree que se quedan llorando porque no fueron elegidos? De eso nada. Se quedan felices, indiferentes y aliviados porque no se han convertido al evangelio. Aman sus propios caminos no los del Señor, se aman a sí mismo, la carne, el mundo y los deseos del diablo quieren hacer (1). No extrañan a Jesús y aunque les haya hecho bien le piden que se vaya de su territorio (2), tratan de despeñarlo y llegado el caso que tengan que decidir entre él y la sociedad, sin pensarlo dos veces, malagradecidos, gritarán ¡crucifícale!
Jerusalén la terrenal sufre una incapacidad afectiva que pone en jaque y subyuga la voluntad y le deja al pobre decrépito libre albedrío el solito camino de la incredulidad que conduce a “la Feria de la Vanidad” y la condenación. El rechazo a Cristo se encuentra situado en el orden de las pasiones más que en el del pensamiento. La verdad desnuda es porque no quieren a Jesús y son dominados por las pasiones que combaten en sus miembros (3) por el amor al mundo (4)
La incapacidad intelectual para rechazar a Jesús casi no existe porque el hombre es suficiente inteligente para saber que Cristo es la verdad y la vida; pero no desea ni lo uno ni lo otro y menos que lo traten como polluelos que necesitan el refugio maternal de una gallina. Ese pudiera ser su caso vieja Capernaum, Tiro, Sidón, Betsaida, Miami, Caracas, Lima, Valparaíso o Ciudad México, que hasta el cielo son elevadas y hasta el infierno bajarán. La desnuda verdad es que usted va a sus labranzas y negocios y no quiere que en su tráfico alguien interfiera, ni Jesús. (1)Juan 8:44 (2) Lucas 8:37 (3) Romanos 7:23; (4) 1Juan 2:15


jueves 28 de mayo de 2009

Renunciaron al pecaminoso libre albedrío



¿Cuál de los dos hizo la voluntad del padre? Ellos dijeron: El primero. Jesús les dijo: En verdad os digo que los recaudadores de impuestos y las rameras entran en el reino de Dios antes que vosotros (Mateo 21:28-32).

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Ellos, los publicanos y rameras, gustosos lo oyeron; hacía tiempo que deseaban cambiar la condición de vida en que vivían (como Zaqueo) por otra mejor y Juan el bautista les despertó esa ilusión con la predicación de la venida del reino de Dios; se dijeron: "no queremos seguir siendo lo que somos ni vivir como vivimos, hace rato que pensábamos tener un cambio pero no encontrábamos una motivación o razón para el cambio, queríamos ocupar otra posición social en el reino de Dios, estamos seguros que habrá un reino de Dios mejor que éste, y queremos participar de él siendo nuevas personas; si tú nos das la seguridad que personas como nosotros pueden participar del reino de Dios aquí estamos, "esperándolo y apresurándonos", no nos excluimos”.
Jesús les quiso decir: “Los ladrones y rameras están haciendo cola para oír el evangelio y ustedes, los religiosos, no aceptan la invitación”. Nota que es bueno ir delante y no detrás hacia el reino de Dios, demorarse no es sabio, porque los que van delante pueden perderse de vista y los de atrás hallar más difícil moverse hacia él, y cuando lleguen encuentren la puerta cerrada (ver los del diluvio, 25.10, Ge 7.16; 19. 11-15); y además pueden perder el camino.
Y el centro de la salvación es hacer la voluntad de Dios. Eso fue lo que quiso enseñar el Señor con la pregunta; y ellos lo entendieron bien, que el fin de la vida no es hacer lo que uno quiere y vivir como le gusta sino tener en cuenta los gustos y pensamientos divinos. Los publicanos y rameras entendieron que la voluntad de Dios para ellos no era sólo que oyeran la lectura de la ley, que compusieran salmos y alargaran las oraciones sino que renunciaran al pecaminoso libre albedrío y se rindieran ante la santa soberanía de Dios, haciendo su voluntad.

No es un si verbal señor evangelista


Yo iré, señor; y no fue (Mateo 21:28-32).


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Esta es una gente que miente; acepta todo lo que oye; se le pregunta ¿aceptas a Cristo? Y responden que sí. ¿Te arrepientes de tus pecados, aceptas el sacrificio de Cristo por ti? Sí, responden. ¿Quieres que ore por ti? ¿Quieres ir a la iglesia? Sí. Y cuando el evangelista se va no sabe que lo han engañado, que no irá, y se quedará esperándolo. Se parecen a Herodes prometiendo unirse al culto de Jesús con los magos, María, José, los pastores, etc. (2:8).

¿Qué tiempo hace que hiciste profesión de fe y dijiste aquella mentira? ¿Qué tiempo hace que te levantaste para recibirle y volviste a tu lugar? ¿Se te pasó el entusiasmo? ¿Qué serías hoy? ¿Qué no serías? ¿Cómo podemos contar como conversiones esas promesas verbales de fe o de aceptación de Cristo? No me digas que hay una promesa para eso y que es ésta (Ro 10:9), porque fue dado en tiempos de persecución, para los que se bautizan y se identifican con la iglesia a pesar de la oposición secular, y para cuando el testimonio de Cristo pone en peligro la vida, no aplicable para un individuo sentado y burlándose del evangelio.

Los evangelistas no deben confundir decisión por Cristo, recibir a Cristo, con regeneración que conlleva la obediencia a Dios. No es un “sí acepto a Cristo”, no es una decisión lo que convierte el alma, es una confesión y abandono de pecados, antes que cualquier confesión de Cristo. Es sorprendente la ingenuidad del predicador que declara nacido de nuevo e hijo de Dios a un pecador porque le ha dicho que “acepto a Cristo como mi salvador personal”. Lo que debe esperar un evangelista no es un sí verbal sino una aceptación práctica, el comienzo inmediato de una vida de fe mostrada con el arrepentimiento, un cambio de vida y el despertamiento del apetito por la predicación bíblica. Por muy respetuoso que sea el “sí señor”, no vale si no abandona su estilo de vida con todos su pensamientos carnales.

miércoles 27 de mayo de 2009

El siempre deja en pie lo esencial



Tú, enemiga mía, no te alegres de mí, porque aunque caí, me levantaré; aunque more en tinieblas, Jehová será mi luz. La ira de Jehová soportaré, porque pequé contra él, hasta que juzgue mi causa y haga mi justicia; él me sacará a luz; veré su justicia. Y mi enemiga lo verá, y la cubrirá vergüenza; la que me decía: ¿Dónde está Jehová tu Dios? Mis ojos la verán; ahora será hollada como lodo de las calles (Miqueas 7:8-10).

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Miqueas habla en lugar de Jerusalén, habla respondiendo a los vecinos que harán burla cuando ella sea abatida por su pecado; de todas partes oirá que le gritan: “¿Dónde está tu Dios?” (Sal.42:3; Joel 2:17). Y ¿cuál sería la respuesta? “La ira de Jehová soportaré porque pequé contra él” “Pagaré por los pecados que cometí, pues bien, la “soportaré”; el profeta habla como si él fuera Jerusalén y dice cosas preciosas y sensibles; forma un alma con su pueblo, como todo un profeta o un apóstol. ¿Te encarnas con tu iglesia? ¿Sufres y te alegras con ella?

Sus gozos son los suyos y sus tristezas también; el profeta es como un redentor, sufre y expía el pecado de los suyos y enseña como el pecado, mejor dicho, como se enfrenta el castigo por el pecado; no con resignación sino con convicción de que hace lo justo, de que tiene que ser castigado sin que eso traicione su amor o haga desaparecer toda esperanza.

No hay renuncia a Dios, ni pesimismo sino fe de que no será exterminadora y volverán los tiempos buenos. Amén. ¿No le darás la cara a tus pecados? ¿Irás sin arrepentimiento? ¡Oh cómo sufre Jerusalén porque sus vecinos la vean destruida! En el castigo de Dios siempre hay limitación y mucha misericordia, nunca se excede, siempre aplica menos justicia que la que se merece. Gracias Señor. El siempre deja en pie lo esencial para que nos podamos levantar, lo principal no lo destruye el pecado. Son peores los problemas que acontecen con la justicia incumplida y engendra más sufrimientos que los que produce cuando ella se aplica completa.

domingo 24 de mayo de 2009

Nadie ha detenido la luna en una de sus fases


Si tenéis fe y no dudáis, no sólo haréis lo de la higuera, sino que aun si decís a este monte: Quítate y échate al mar, así sucederá (Mateo 21: 18-22).

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¿Cuándo usted ha oído que alguien haya cambiado la geografía de un lugar trasladando una montaña de un sitio para otro, por ejemplo del frente de su casa para el patio, o como dice ahí, no sé con qué razón, desaparecerla en el mar? Sé que es una hipérbole pero valga la pregunta para cualquier otro portento como las ráfagas de un huracán, o que pueda decir como Josué, “sol detente en Gabaón y tú luna en el valle de Ajalón”? No he leído a nadie aparte de él que haya apagado el sol por un rato y sostenido la luna unos minutos en una de sus fases. A los que muerden una serpiente si no andan pronto con la medicina se mueren, y levantar un muerto que hiede, olvídelo, eso nadie lo ha hecho fuera de la era apostólica.

Eso quiere decir que todos en el mundo mezclamos la fe con dudas, que no hay un solo ser humano, vivo o muerto, que haya tenido una fe pura porque todos sin excepciones no pueden evitar las escorias adámicas de incredulidad, la intromisión de incertidumbres y perplejidades en su sagrada oración, en su bellísima predicación, en su hermosísima alabanza y en su confianza en la providencia.

El poderoso Moisés hizo brotar agua de la roca y cuando el pueblo lo aplaudía por su éxito Jehová le dijo que perdió el privilegio de entrar a la tierra prometida por no haber creído completamente. El apóstol Pedro caminaba sobre el agua y cuando sus circunstancias se hicieron más furiosas, perdió una porción de su fe e inmediatamente comenzó su descenso. Sin embargo todos ellos fueron fieles hasta la muerte y vivieron sin manchas dejándonos biografías consoladoras, no para disculpar nuestra incredulidad porque es injustificada ni porque hayan maldecido alguna higuera estéril sino porque las han abonado, regado por uno, tres, y muchos más años y con esa medida de fe demostraron que el mundo, de ellos no era digno (Luc. 13:6-9; He. 11:38).

sábado 23 de mayo de 2009

No andes desanimando la iglesia


Cada cual ayudó a su vecino, y a su hermano dijo: Esfuérzate. El carpintero animó al platero, y el que alisaba con martillo al que batía en el yunque, diciendo: Buena está la soldadura; y lo afirmó con clavos, para que no se moviese (Isa. 41:5-7).

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Puede que sin quererlo desanimes a tus hermanos. Examina lo que dices y haces para que eso no ocurra. ¿Qué te parece esa porción bíblica? Aquí no está hablando de una confederación espiritual de israelitas. No está refiriéndose a la historia de alguna conquista del pueblo de Jehová. Es la alianza de los enemigos. Nota la unión de ellos, cómo se animan los unos a los otros y se estimulan para la guerra; ¿no son ejemplo así los perversos? ¿No aprenderemos de ellos? En época de guerra espiritual, los enemigos se unen y se animan para destruir la iglesia, como los antiguos fariseos, saduceos y herodianos se unieron para combatir el testimonio de Jesús. Los liberales, esos filisteos que habitan en el territorio de Israel, agarran sus herejías y se las pasan a los científicos ateos y les dan armas bíblicas para que digan que la Biblia contiene mitos, que no es inerrante, que la tierra es anciana y que Darwin supo más que Moisés y que Jesucristo.

Cada uno sabía que su vecino se preparaba para salir a la guerra y viendo su atraso y que le faltaba preparación, que sus armas no estaban afiladas, se llegó a su casa y lo ayudó. Los hermanos se prepararon para la guerra y salieron juntos y si uno se desanimaba le decía el otro, esfuérzate. El carpintero que no sabía nada de joyas y ornamentos y viendo que su colega no tenía las virtudes de un soldado le dijo algunas palabras patrióticas y otras que le hicieran soñar con los tesoros de Israel y despertó en él la codicia para combatir por interés propio. Y los que trabajaban juntos en el mismo taller, y el que alisaba con martillo alabó el trabajo del que batía en el yunque y le dijo que le había quedado muy bien la soldadura y el herrero le añadió unos clavos para que no se moviera.

Promueve la unión de la iglesia aun entre los que son diferentes, ayuda al que necesita preparación, anima al que es tímido y de ánimo apocado y concede un pequeño elogio al que se esfuerza por servir bien, dile palabras de fortaleza, no lo critiques, no digas nada que le apoque su fe o le haga menor su esperanza; ayúdalo a triunfar, en la unión está la fuerza. Nuestra victoria es en conjunto. No le digas al platero que su trabajo tiene escorias ni al que alisa con martillo que hace mucho ruido su golpeteo, porque cada uno hace lo que puede. Afirma con clavos a tu hermano para que no se mueva. Haces mal en andar desanimando a los creyentes. Cuida el ánimo de tu iglesia.

En el Fondo de Dios: La misericordia


“¿Qué Dios como tú, que perdona la maldad, y olvida el pecado del remanente de su heredad? No retuvo para siempre su enojo, porque se deleita en misericordia. El volverá a tener misericordia de nosotros; sepultará nuestras iniquidades, y echará en lo profundo del mar todos nuestros pecados. Cumplirás la verdad a Jacob, y a Abraham la misericordia, que juraste a nuestros padres desde tiempos antiguos” (Miqueas 7:18-20).

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Si esa promesa es para todo un pueblo ¿no lo será para dos, tú y yo? ¿Qué Dios como el nuestro que ahoga nuestro pecado en el mar? ¿Y que lo olvida? Nuestro pecado no puede invalidar perpetuamente las promesas y el pacto de Dios. El Señor está con nosotros, la historia continuará, seguirá con su propósito, no se saciará en su justicia porque se deleita en ser misericordioso. Saldremos de esta situación, pasaremos adelante, nos reuniremos, comenzaremos, no desapareceremos porque los atributos de Dios y las características de su persona no nos dejarán desaparecer. Porque si se pudiera tocar fondo dentro de los atributos divinos, me atrevería a decir que lo último que existe en Dios, en lo profundo de su corazón no es justicia sino misericordia y los escogidos que saben eso se esfuerzan en entrar hasta ella, aunque pasen bajo sus amenazas, maldiciones y castigos porque ninguna de ellas es exterminadora y al fin hay perdón. No hay ninguna razón para persistir en lo malo, indiferentes o independientes para ser malos, en ser libres para ser malos, no tiene sentido ser rebeldes, ateos, blasfemos y mentirosos, adúlteros, incrédulos, frente a un Dios eterno, seguro, bueno, perfecto y misericordioso, alumbrado por esperanza; abierto a todas las oportunidades y dispuesto a ahogar nuestra vida pasada. Es la cosa más extraña e insólita del mundo decirle que no a ese Dios, ignorarlo para ser lo que somos, lo que queremos y no lo que debemos ser. Miqueas no habla de Cristo porque es un paso extra que Dios ha dado, para hacer más amplia la antigua esperanza; más clara la oportunidad, más perfecto el perdón, poniendo ante nuestros ojos la consumación de su justicia y la amplitud total de su amor en su cruz, amén.

jueves 21 de mayo de 2009

Salario hay para tu trabajo


Así ha dicho Jehová: Reprime del llanto tu voz, y de las lágrimas tus ojos; porque salario hay para tu trabajo, dice Jehová, y volverán de la tierra del enemigo. Esperanza hay también para tu porvenir (Jeremías 31: 16, 17).

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No te preocupes por tu porvenir. No trabajarás en vano, tus labores serán recompensadas y el fruto de tu trabajo será una bendecida cosecha. Ninguna lágrima vertida será inútil, por cada una de ellas que hayan salido de tus ojos “volverás con regocijo trayendo tus gavillas”; esas cosas han partido tu corazón pero no han hecho más que quebrar su dureza y sobre esa tierra blanda el Señor ha sembrado la semilla de bendiciones futuras.

La esperanza como ancla está trabada dentro del velo en el cielo y la cadena que la sostiene es tu fe. No mires el futuro sin esperanza porque ella es la luz del futuro. No hay esperanza sino en el futuro, si no hay esperanza no habría futuro. Si Dios te da futuro con él viene la esperanza. Y la esperanza es positiva, no negativa. Así se le llama a la promesa de Dios. La esperanza está hecha con promesas y palabras firmes. Lo que ha pasado pasó y pagaste la culpa de tu pecado, ahora reponte, yergue tu cabeza y avanza, cree que los días venideros serán los de tu vendimia y mucho mejores que los que ya viviste. Bendito seas Señor, que haces que un pasado calamitoso produzca resultados tan positivos.

Reprime del llanto tu voz. Ora tus quejas pero no grites por tus desventuras. Ya vio Dios las lágrimas de tu arrepentimiento y no te ha maltratado tanto como para que no te yergas. ¿Andarás encorvado siempre como si él continuara azotándote? Seca tu llanto y mira el azul del cielo, los dorados de fuego de la puesta del sol, contempla el atardecer y medita con Isaac que un bello amor está en tu camino. Recompensa y salario hay para ti. Dios no nos pide perdón por disciplinarnos pero muestra su dolor con un cúmulo de salarios y bendiciones soberbias.

miércoles 20 de mayo de 2009

¿Quién te metió esa idea en la cabeza?


Y se levantó Satanás e incitó a David a hacer un censo de Israel. Pero Joab dijo: ¿Por qué ha de ser él motivo de culpa para Israel? Sin embargo, la palabra del rey prevaleció contra Joab. Entonces dijo David a Dios: He pecado gravemente, porque he obrado neciamente (1 Crónicas 21. 1-8).

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Mira como insiste en cometer un pecado que le va a traer problemas o la ruina; vence todo obstáculo humano, salta cualquier barrera y luego lo lamenta. Ojalá no tengamos éxito en quitar de en medio lo que Dios ha puesto para que no nos acerquemos al mal, que no burlemos su vigilancia. No había terminado Joab el conteo cuando ya David supo que había hecho mal (v. 8; 2 Sa. 24: 10).

Joab pudiera representar a un amigo fiel, un familiar que se les quita de en medio para tener el camino libre; o pudiera ser el padre, la madre, etc. (vv. 6,7). No había nadie que aplaudiera lo que estaba haciendo, todos lo desaprobaban, en la tierra y en el cielo, sólo Satanás miraba complacido como se hundía, como desobedecía a Dios; David estaba trastornado, delirante con aquella idea fija, con un capricho que le taladraba las sienes y no le dejaba vivir si no lo satisfacía (vv. 7,8).

¿Quién te metió esa idea en la cabeza? No necesitas lo que te propones, depón tu vanidad, no sacies tu ego. ¿Ya todos saben lo que quieres hacer? Hasta el momento es un secreto entre tú y el pecado. Y ¿qué pasará cuando tus amigos y el pueblo en general oigan lo que has hecho y sepan que no fue tanto la tentación que te venció sino la insistencia tuya?

No venzas las fuerzas que te impiden pecar, oye las voces que te aconsejan que no lo hagas. Tú eres muy amado y conforme al corazón de Dios. Es una locura. Llama a Joab, invita a los tres hijos de Sarvia, pídele su opinión a tu esposa Mical. Si ese pecado es abominable a un hombre como Joab ¿no lo será a Dios y a ti mismo después?

lunes 18 de mayo de 2009

¿Lloraremos porque agrada a Dios?


¿Lloraremos en el mes quinto? (Zacarías 7: 1-7).

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“¿Haremos abstinencia como hemos hecho ya algunos años? Cuando ayunasteis y llorasteis en el quinto y el séptimo mes estos setenta años, ¿habéis ayunado para mí? ¿No coméis y bebéis para vosotros mismos?". Parece ser razonable lo que Calvino dice que estas palabras no son aplicables a los cautivos sino al pueblo en general; o para ambos; se agradaban a ellos mismos, el ayuno era como una buena obra para cumplir con la ley de Dios con el propósito de beneficiarse, algo que se pagaba a Dios; y se compungían de corazón motivados no por un profundo arrepentimiento sino por un deseo de salir de la situación y escapar del castigo, no por vergüenza y confusión propia, no buscando perdón sino el levantamiento de la sentencia, la restauración de lo que habían perdido.

Y todo eso no implicaba una transformación sino un canje que se hacía con Dios, un negocio religioso y espiritual. Aquel ayuno y aquellas lágrimas no servían, cumplían con la forma de la ley de Dios pero estaban invertidas, porque nada vale cualquier ceremonia si no hay arrepentimiento y fe y no se glorifica la justicia y el amor de Dios. Una prueba de que no habían sido transformados era la falta de amor al prójimo. Ver vv. 8-12. ¡Dios mío setenta años ayunando, orando para uno mismo y no para Dios! ¡Y pasar toda la vida creyendo que se adora a Dios y en verdad se ha estado postrado ante el ídolo del yo propio!

El centro de la religión de ellos eran ellos mismos. Las oraciones, los cánticos y todo el culto a Dios era un pretexto, en el centro de todo estaban ellos y no el Señor. Hay una promesa de que un día esos ayunos, esa forma continuaría, pero con un significado distinto (8: 19); se convertirían a la verdad y a la santidad (ver 8.3).

No es el cambio de forma sino de fondo, un cambio de vida. Para transformar una ciudad hay que empezar transformándonos nosotros mismos. Fíjate en el 8:7 que el pueblo futuro será distinto en "verdad y en justicia"; en sinceridad y buenas obras; y llorará no para ellos mismos sino por ellos mismos (12:12-14), o aparte por familias, porque todas las familias se hallarían involucradas, y llorararían con vergüenza sin que otros los vieran ni oyeran sus secretas confesiones.

domingo 17 de mayo de 2009

Las migajas de Jesús


"Las migajas que caen de la mesa de los hijos" (Mateo 15.:27).

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Sólo un pedacito de Dios es suficiente para quitar la tristeza, la opresión del pecho, para dar paz; el más leve contacto con el Señor basta para curar a una mujer que sangre (Lc. 8:44); tal es la abundancia que el Señor tiene y tal es la gracia disponible. Esta mujer, excluida de la comunidad de Israel, sin Dios ni esperanza en el mundo, no se desanimó y se aventuró a pedir algo para ella y su hija enferma (10:5). Jesús al llamarla “perrillo” es como si le dijera en una supuesta conversación: El: “Soy enviado a las ovejas perdidas de la casa de Israel y tú no perteneces a ella”. Ella: “Lo sé pero tú tienes de sobra”. Él: “No tengo que hacer ninguna señal contigo porque la salvación viene de los judíos”. Ella: “Está bien, que tu bondad conmigo no la recuerde nadie ni sirva para consolar y salvar a otros, con todo, hazme este favor”. Y Jesús podría haber insistido probándole su fe: “Pero tú no conoces la Ley y por lo tanto maldita eres” (Un lenguaje que él jamás usó, Jn. 7:49). Ella: “La letra mata pero tú eres Espíritu y Vida. Clava en tu cruz el acta de los decretos que me es contraria”. Él: “No ha llegado mi hora mujer”. Y así podría continuar un imaginario diálogo luchando por gracia, por cambiar la ley y apropiarse de los sí y amenes de una esperanza ajena.

Fíjate que dice “de la mesa de los hijos”. Los que tienen abundancia de pan, los que comen y beben del cuerpo de Cristo. ¡Qué banquete se dan! Tanto, que tienen para compartir con los que están hambrientos y pasan la noche quejándose sin Dios. Los hijos pueden enriquecer a otros (2Co. 6:10), están llenos de riquezas en gloria en Cristo (Flp. 4:19); tienen lo que el mundo no tiene (Hch. 3:6): Vidas abundantes, tesoros en vasos de barro, manantiales que saltan para vida eterna, púlpitos nutridos, libros inmortales y pan de nobles.

sábado 16 de mayo de 2009

El buen Predicador Esdras


Esdras había preparado su corazón para inquirir en la ley de Jehová y para cumplirla, y para enseñar en Israel sus estatutos y decretos (Esdras 7:9, 10).

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De Esdras se han dicho cosas hermosas que yo quisiera que se dijeran de todos los pastores, maestros y evangelistas.

1. Que la buena mano de Dios estaba sobre él, lo cual significa su nombramiento como escriba y el favor divino en todo lo que haga,

(2) que por años estuvo preparando su corazón con la ley de Dios (y es más difícil preparar nuestro corazón que el de otros), hasta que llenaba todo sus espacios con ella. No era un ministro que tocaba la ley de Dios una o dos veces al día y el otro tiempo lo dedicaba a otras cosas. Casi se podía decir de Esdras que siempre tenía la Escritura en sus manos y ante sus ojos, el 90 por ciento o más del tiempo de su vida lo dedicaba a su investigación, "inquirir" (la palabra tiene muchas definiciones bonitas: caminar, buscar, preguntar, frecuencia; y todo eso especialmente para adorar); y de eso dio testimonio Artajerjes cuando dijo que siempre tenía la ley de Dios en su mano (v.14). Dedicaba mucho tiempo a su estudio, deleite y adorar a Dios con reverencia sobre ella. Pero no sólo la estudiaba sino que se complacía en cumplirla porque hubiera negado con sus hechos lo que aprendía, y de este modo, viviendo conforme a ella, sacando su prudencia de ella, orientándose por ella, tomando decisiones en base a sus principios, estudiándose y conociéndose él mismo con la luz de ella. Así demostraba que era un varón de fe. Fe es la práctica de la ley de Dios.

(v.3) tenía un gran deseo, el compartir con su pueblo las enseñanzas que Dios le daba, lo que aprendía, el fruto de su meditación, sus descubrimientos, el carácter divino, la conveniencia de vivir conforme a la Escritura, la esperanza que ella daba, sus promesas y sus oportunidades. Sentía que lo que iba aprendiendo era "palabra fiel y digna de ser recibida por todos" (1 Ti 1.15; 4.9). Y eso hizo, enseñando cosas frescas, recién aprendidas en la escuela de Dios y recién llegadas del cielo, y otras más añejas, experimentadas y probadas por la gravedad y consistencia de los años (Mt. 12:35).

(4), el altísimo testimonio que el rey da de él: Que era un erudito (v.12, la palabra significa perfecto), un hombre sabio. No tenía reputación de ser santo, bueno e ignorante sino santo, bueno y culto, un erudito, un hombre muy preparado (v. 25). Y nosotros también podemos, como Artajerjes, dar nuestra opinión sobre él,

(5) era un hombre inmune a las alabanzas, lisonjas, reconocimientos y aplausos de los hombres (vv. 27,28). Nota que habla como si no hubiera leído ni oído el gran testimonio que el rey había dado de él y por su parte lo que hace es bendecir con sus labios la misericordia de Dios y su mano sobre él. Dios nos de ese espíritu. Amén.

La “Gran Comisión” desmembrada


Vosotros sois la sal de la tierra (Mateo 5:13-16).

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Los versículos son cortos pero las figuras tan sugestivas que merecerían más espacio. Quiere Jesús decirles, “preserven la sal de vuestro testimonio y por nada del mundo pierdan el sabor que le es he dado, no es hora de rebajar vuestro estándar de vida espiritual, si sois un poco menos de lo que yo quiero no serviréis para nada y vuestra suerte será menos digna: ser “echados y hollados por los hombres” (v.13).

El Señor pudo haber dicho esto para prevenir la adaptación de la iglesia al contexto social producto de la opresión en que ella viva. La iglesia está llamada a hacer ver al mundo que hay distinción entre un creyente y un incrédulo. Ella debe vivir como una perenne condena a los pecados del mundo y constante crítica de la sociedad. Cuando la iglesia es penetrada por la sociedad se descalifica. Del mismo modo “sois la luz del mundo” quiere decir, “no se escondan y no oculten que son mis discípulos, continúen acumulando buenas obras ante los ojos de vuestros detractores y quizás ellos terminarán glorificando a Dios” (vv.14-16).

Jesús quiere que la iglesia viva dignamente su momento histórico; que acoja con buen espíritu su suerte y no de señal alguna de cejar ante las situaciones. El Maestro dedicó muchas palabras para que la iglesia levantara su frente (Lc. 21:18), “erguíos y levantad vuestra cabeza”. Debe pararse bien alto donde todos la puedan ver y con su frente erguida sin nada de qué avergonzarse. Jesús se refiere al testimonio personal que no hay que exhibirlo como los fariseos, pero sí que tenga impacto público.

La base de la esperanza para la conversión del mundo está en la vida de las iglesias antes que en sus esfuerzos evangelísticos y misioneros. El primer gran mandamiento no es ir por todo el mundo y predicar el evangelio, sino amar a Dios con todas las fuerzas y con toda el alma; el segundo mandamiento no es hacer discípulos sino amar al prójimo como uno mismo y si acaso en la posición tercera se halla la Gran Comisión; y ojo, estrictamente ella fue una orden, o más bien un impulso inicial que nunca debe estar desmembrado del comportamiento cristiano. El destino de la sal no es sólo hacer que la vida no sea insípida sino preservarla de corrupción.

miércoles 13 de mayo de 2009

Democracia, Golpe de Estado y Asesinatos


Daniel dijo: Sea el nombre de Dios bendito, él es quien cambia los tiempos y las edades; quita reyes y pone reyes (Daniel 2:20-22).

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Un hermoso texto para meditar en la soberanía de Dios en el desarrollo del drama mundial y bendecirlo por todo lo que ocurre, acá y acullá, políticamente correcto o incorrecto, por un buen gobierno o por el que abusa de su poder. Que Dios mande sobre todos no quiere decirnos que los aceptemos todos comoquiera que sean sin preocuparnos por destronar a los corruptos porque preferimos alejarnos de las opiniones políticas y no ejercer ni siquiera el sufragio universal, si es que no nos lo han quitado.

El apóstol Pablo como ciudadano romano abogó porque se respetara la espada del imperio y se pagaran los tributos, sin embargo su principal preocupación no fue César ni el Senado sino la iglesia, las doctrinas cristianas y la evangelización del mundo. Su visión estaba repartida con medio ojo para Augusto y uno y medio para la iglesia. Para César lo que es suyo, menos, para Dios lo que es suyo, todo. Sus escritos son teológicos, no políticos. La política aparece en lo que concierne a la salvación de la iglesia y no como un programa de gobierno.

Para Daniel lo más importante no era revelar los acontecimientos de la historia sino que Dios los supervisaba. La visión muestra reyes buenos y malos, monoteístas y paganos, pero todos ascendieron a la primera magistratura por la voluntad divina; no porque el carácter de ellos les complaciera ni porque estuviera de acuerdo con la política que desarrollaron, sino porque eso era lo que más convenía para el reino de los cielos.

Detrás de un gobierno bueno o malo hay una razón teológica que aunque a nuestros ojos no lo justifique, lo explica, sea un reflejo de lo que somos o una plaga que merecemos. Dijo que Dios “quita y pone” gobiernos; por medio de votación limpia y por medios fraudulentos, democráticamente, por golpes de estados, asesinatos y guerra. Cuando la tierra se llenó de violencia trajo el diluvio, cuando se vuelva a llenar, y van en camino, regresará Cristo.

lunes 11 de mayo de 2009

La opción de bajar por la escalera


Si eres Hijo de Dios, échate abajo; porque escrito ésta: A sus ángeles mandará acerca de ti y en sus manos te sostendrán (Mateo 4:6-7).


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Igual que Jesús, el blanco de ataque son los hombres y mujeres de fe a quienes el diablo tienta para que obtengan fe de promesas bíblicas que no les corresponde, que esperen ayuda del cielo que no llega y no reciban cumplimiento alguno.

Una equivocada interpretación de la Biblia pudiera matar la profesión cristiana, y eso cuando se espera un milagro que no ocurre y todo se deshace en el piso por un salto de precipitada decisión, y el ingenuo creyente engañado se lanza a una aventura de fe que no hay promesa que la fundamente a no ser una incorrecta derivación textual. Detrás de una mala exégesis de la Biblia hay un diablillo engañoso que planea la destrucción de la fe.

Si Jesús hubiera creído la interpretación que Satanás le daba a los textos de la Biblia, hubiera arruinado su misión y su vida. Todo lo que dicen los libros no se cree, amigo, ni la propaganda religiosa que distribuyen en los mercados. Cuídese del autor de un libro. Que algo esté impreso no quiere decir que sea cierto. Hay miles de falsos manuscritos del Nuevo Testamento cuyos autores fueron gnósticos, e invaden hoy el mercado religioso, difamando a Cristo y anunciando otro evangelio opuesto al del apóstol Juan, Pablo o los otros (como el Apocalipsis de Judas). Y los ignorantes y ciegos creen que esa literatura es la auténtica y que los evangelios conocidos son los falsos.

Ese fenómeno de falsificación no es nuevo. Jesús lo predijo: “Vendrán muchos en mi nombre diciendo yo soy el Cristo” (Mat. 24:5). Ya Pablo en el siglo primero lo conocía y advertía a los hermanos que no se dejaran engañar por “carta como si fuera nuestra” o “por espíritu” (2Tes. 2:2). A estas alturas de la historia, una novedad en la interpretación de las doctrinas de la gracia, casi seguro que es una herejía ya conocida y condenada por nuestros predecesores.

Jesús oyó la interpretación bíblica que le dijo el diablo, miró el vacío, calculó los metros que lo separaban del piso, no encontró relación en lo que dice el Libro de Dios y aquella experiencia aérea que le proponían; entonces consideró la opción de bajar por la escalera y no lanzarse al aire esperando un angelical milagro, ¿y si acaso ninguno de ellos aparece? Sabía que siempre que haya otra opción que no sea un milagro Dios no lo hace.

sábado 9 de mayo de 2009

Vasti: Heroína de la Castidad Matrimonial


Porque este hecho de la reina llegará a oídos de todas las mujeres, y ellas tendrán en poca estima a sus maridos (Ester 1.17-22).

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Estos hombres lo único que vieron fue que la rebeldía de la reina Vasti provocaría un caos en la familia y el hombre perdería su autoridad civil por su mal ejemplo. Vasti no puede actualmente ser declarada una heroína del movimiento feminista porque ella no tuvo el propósito de destronar a los hombres de su autoridad en las decisiones de la familia, partió de la defensa de un principio mayor que el derecho de igualdad, de un principio moral, que la mujer no debe ser usada como un objeto sexual, o dicho suavemente, utilizar su belleza para acrecentar la codicia o el rating entre los espectadores masculinos.

Si la liberación de la mujer trae su disolución moral, su llamada "liberación sexual", Vasti no tuvo nada que ver con eso, desobedeció porque se infamaba como mujer y como reina, perdía dignidad; para ella el derecho era ser moralmente mejor, mejor esposa, mejor madre, más fiel a Dios, y por eso sacrificó su corona y su buena vida.

El NT no es de los medo-persas aunque también atribuye al hombre la autoridad en la familia. Afirma la igualdad moral del hombre y de la mujer, igualdad espiritual, social, y además prohíbe al hombre tratarla como un déspota. La mujer es exaltada conjuntamente en valores (Efe. 5: 21-33). Vasti fue una mujer moralmente liberada, pudorosa, y protestó contra el tren que llevaba la sociedad, asentando un ejemplo que la santidad matrimonial, y la unión con respecto el uno por el otro es mucho mejor que un libertinaje libidinoso. No se rindió ante los deseos corruptos de su marido ni aceptó el consenso popular de hombres fuertes que dominaban su nación. Su verdadera libertad consistió en respetarse a sí misma costara lo que costara. Vasti es una heroína de la castidad matrimonial, precursora de las heroicas mujeres cristianas que juntas con sus varones desafiaron el machismo de un imperio, dándoles a sus esposos la estima que sin ellas carecerían.

Si lo pierdo todo Dios me lo dio todo


Si callas absolutamente en este tiempo, respiro y liberación vendrá de alguna otra parte para los judíos (Ester 4: 14).

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Era un hombre de fe; sabía que de alguna parte, no veía cuál, cómo, cuándo, pero vendría la ayuda de Dios. Siempre había sido así. El pueblo judío debe la vida a la sabiduría y fe de un hombre sencillo llamado Mardoqueo y a una mujer bien criada en los principios de la fe. No tenemos que ver todas las soluciones posibles, no es indispensable los múltiples planes, A, B. C, para enfrentar los cambios y eventualidades; aunque las soluciones no puedan vislumbrarse y no haya quién las enseñe previstas, “de alguna otra parte” que no eres tú ni soy yo, ni son ellos, vendrá la ayuda. Vendrá de algún lugar impensado. Dios sabe cuando una porción de fe lo está esperando. El mira su escritorio cada mañana y se da cuenta de todos los problemas que le han dejado para que los resuelva. “Vendrá”, sí vendrá “respiro”, no moriremos asfixiados. Las pérdidas no serán totales.

Los medios humanos no son presuntamente necesarios, si ellos fallan por negligencia, por miedo, o por interés personal, Dios tiene otras formas de seguir adelante con su propósito y bendecir a su nación. Le pidió a su hija de crianza que se sacrificara por su pueblo y por ella misma. No le propuso que lo escondiera dentro de la corte. La respuesta de Ester fue preciosa, “Y Ester dijo que respondiesen a Mardoqueo: Ve y reúne a todos los judíos que se hallan en Susa, y ayunad por mí, y no comáis ni bebáis en tres días, noche y día; yo también con mis doncellas ayunaré igualmente, y entonces entraré a ver al rey, aunque no sea conforme a la ley; y si perezco, que perezca. Entonces Mardoqueo fue, e hizo conforme a todo lo que le mandó Ester” (vv. 15-17). Confortada y animada por las palabras de su primo y con la garantía de muchísimas oraciones, se dijo: "Si lo pierdo todo Dios me lo dio todo".

jueves 7 de mayo de 2009

¿Dónde debe estar Jerusalén?



Y Jerusalén será otra vez habitada en su lugar, en Jerusalén (Zacarías 12: 6-14).

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Amado, estos son los pasos para la restauración divina de la iglesia. Lo que aquí se dice para la vieja Jerusalén se dice mayormente para la nueva Jerusalén, la iglesia cristiana. Nota primero el lugar de Jerusalén; ¿dónde? En Jerusalén (v. 6). Jerusalén no puede estar en otro sitio sino donde Dios la fundó, sobre el monte de Sión y rodeada de montes, en el lugar donde Abraham dispuso un altar para sacrificar a su hijo. No en Egipto, sitio de servidumbre sino donde fue conquistada por Dios, en lugar de libertad, en una posición de redención.

No en Babilonia, en cautiverio, en deportación, sino en Jerusalén, en su propia tierra, no en Atenas, fundada sobre filosofías de hombres sino en la sabiduría del Espíritu. La iglesia tiene que ocupar su lugar, desde Dan hasta Beerseba, en los límites de las promesas, con sus fronteras y límites bien señalados para que no se disuelva en las costumbres de los pueblos del mundo, con sus murallas bien altas, con sus torres para atalayar, en santidad. Si la iglesia es sal de la tierra, luz del mundo, columna y apoyo de la verdad, ocupa el lugar que Dios le ha mandado.

Jerusalén debe hallarse donde ha sido edificada, donde la construyeron los profetas, los apóstoles y los llamados después “los padres de la iglesia”, sobre los fundamentos teológicos que ellos formularon: que Jesús de Nazaret es el Mesías de Israel, que es el Hijo Unigénito del Padre, que es el fin de la ley y vino para cumplirla, que la salvación es sólo por gracia por medio de la fe, que el Hijo es consustancial con su Padre, que es la Palabra de Dios y por medio suyo hizo el universo, que en él habita corporalmente la plenitud de la Deidad, que murió por los pecados de la iglesia, resucitó y ascendió al cielo desde donde ha de venir para juzgar a los vivos y a los muertos.

Jerusalén debe estar en Jerusalén, la iglesia en la iglesia, el cristianismo donde lo puso su Fundador, y algún día toda ella ocupará sus antiguos fundamentos apostólicos, sobre sus credos y confesiones, firme en sus bordes y definiciones cuando todo relativismo y superstición sean enrollados y como cielos viejos, pasen y ella nunca vuelva a llamarse Jebús sino Jerusalén.

Cristianismo, lee la historia

Los ancianos que habían visto la casa primera, viendo echar los cimientos de esta casa, lloraban en alta voz, mientras muchos otros daban gritos de alegría (Esdras 3: 12,13).

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El templo de Salomón fue destruido en 588 a. C., y éste en 534 ó 535 a.C. Los ancianos, los de más de 60 años, eran los más tristes porque comparaban un templo con el otro, más pequeño, sin oro, sin gloria, sin arca del pacto, y sin la Shekinah del Señor. No obstante las voces de alegría por este humilde comienzo ahogaban los llantos de los tristes.

Cristianismo, abre tus ojos y lee en la historia los alzamientos y caídas de hombres y naciones que han resistido la Palabra de Dios y como sus cosas más sagradas, las edificadas para Jehová y donde él un día habitó y las santificó, han sido reducidas hasta el polvo. Como le ha pasado a esos imperios humanos podría pasarte a ti, bendito reino de Jesucristo y a tus muchas denominaciones, otrora gloriosas hoy enfermas con los vicios morales y doctrinales de la modernidad.

El mismo Dios que ayudó al cristianismo pudiera decretar que en sus muros no quede piedra sobre piedra, y ya no se oigan más los salmos y los finos coros de alabanzas, no se huela el humo aromático de los sacrificios de reconciliación y paz; y el arca del pacto se pierda para siempre y cada cual su gloriosa ascendencia porque no habrá más grandes que tomen sus nombres de Jehová.

Muchos años estarán destruidas esas antiguas organizaciones por abandonar la sana doctrina y la moral bíblica, que hoy creen herejías y contemporizan. Pero el cristianismo una vez destruido con juicio y misericordia en su forma actual, volverá a ser edificado. Los ancianos llorarán comparando lo actual con lo que un día fue y los más jóvenes, lectores de la historia de su gloriosa denominación, cantarán de alegría con esperanza que con las lecciones de juicio en el pasado se halla aprendido a guardar para siempre la antigua teología y ética cristianas. Si dejamos a Dios tendremos que conformarnos en el mejor de los casos con logros disminuidos, con cosas de menos calidad.

miércoles 6 de mayo de 2009

Gracia y Ataduras


Tomé luego mi cayado Gracia, (belleza) y lo quebré, para romper mi pacto que concerté con todos los pueblos. Quebré luego el otro cayado, Ataduras (cuerdas), para romper la hermandad entre Judá e Israel (Zacarías 11: 7-14).

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Este pacto de gracia no es el que Dios ha hecho con su Hijo en la eternidad y en el cual somos incluidos los creyentes. Ese pacto de gracia es irrompible. Aquí se refiere al cuidado pastoral sobre el pueblo de Israel. El pacto de obras puede ser roto y traspasado de un lugar a otro, es decir, el cuidado, la protección y las bendiciones, cuando lo desprecian como ocurrió con Israel y los gentiles (Mat. 21:43; Hch. 13:46)).

Contiene una desgracia muy grande para su pueblo la ruptura del pacto y el testimonio de la hermandad entre Israel y Judá. Quiero que mires que en otra traducción le llama "belleza", o "esplendor y gracia"; se rompe la belleza de la relación con Dios, la belleza que se mira en él, la belleza de la gracia, la belleza de la unión entre los hermanos, y toda su belleza en la persona de Jesucristo; la belleza del Espíritu Santo, la belleza de la Biblia, la belleza de la comunión del Espíritu; la belleza de la santidad.

Todo se rompe cuando el pacto con Dios se rompe y nos olvidamos de la purificación de nuestros "antiguos pecados" y tenemos "por inmunda la sangre del pacto" (He. 10:29). Que nos guarde Dios que se rompan esas dos cosas con nosotros, la belleza y las ataduras, que son las cuerdas de amor que nos unen con Dios, los compromisos y las decisiones santas que hemos hecho un día con él.

No rompas el cuidado pastoral con Dios ni eches de ti sus ataduras, al contrario, trata de hacer nuevas ataduras para que los vientos doctrinales y las tempestades de la carne no te separen de él. En vez de tener menos compromisos con Dios ten más, más obligaciones, y que el diablo no obtenga lo que quiere, desatarte en la tierra, y si pudiera, perseverante santo, en el cielo.

lunes 4 de mayo de 2009

Si habla de salvación, no hable de bondad humana, mal teólogo



Mas sus pecados estarán sobre sus huesos (Ezequiel 32:27).

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El juicio de Dios alcanza hasta los huesos de los que no se arrepienten. Los huesos de estos se quedaron a la intemperie, para que cayera sobre ellos la lluvia, el polvo y los lamieran los perros. Todos los que muren sin Cristo, mueren en sus pecados, como el Señor dijo (Jn. 8:24); los acompañan en su ataúd, van al cementerio y son bajados con el cuerpo al sepulcro. Eso es lo único que se llevan los que pecan y no se arrepienten, (el arrepentimiento quita el pecado de encima, la sangre de Cristo lo limpia) ningunas otras cosas podrán sacar de este mundo: sólo las transgresiones cometidas durante la vida.

Los faraones edificaron las pirámides para que les sirvieran de tumbas pero lo único que se llevaron al otro mundo fueron sus pecados. No podrán descansar en paz los que transportan al cementerio sus pecados.

No dice que el pecado de ellos se les queda en el alma porque el alma no está en la tumba, sino en sus huesos, el alma también con pecados, irá al infierno (Lc 16: 22-24). El pecado de cada cual se quedará en sus huesos, en sus cenizas, lo acompañará siempre hasta que llegue la mañana de la resurrección (Jn. 5:28, 29), (aunque lo incineren y tiren sus cenizas al río), para recibir una condenación mayor que la misma muerte, la "muerte segunda" (Apc. 20:12-15).

Oh alma, ¿qué estás haciendo con tus pecados, no los sacarás de tus huesos nunca? Si tuvieran que transportar tus huesos de un cementerio para otro, como los del santo José desde Egipto a la cueva de Macpela ¿transportarían con ellos tus pecados? (He. 11:22). José creía en la resurrección de su cuerpo “en el día postrero” y por eso se ocupó de sus huesos porque quería resucitar junto a sus antepasados. Creía en la Palabra de Dios hasta sus huesos. Si algún otro muerto tocara tus huesos, como los de Eliseo, ¿resucitaría? (2 Re. 13:20, 21). ¡Oh aquel día final cuando empiecen a montarse uno tras otros tus huesos, cómo querrás que tus huesos y coyunturas, piel y corazón sean santos para ver al Dios vivo! (Eze. 37:7).

Si la justicia de Dios alcanza los huesos, los tuétanos, el alma, el espíritu, los pensamientos y las intenciones del corazón, no hable de bondad humana, mal teólogo, que los descendientes de Adán sufren de depravación total. Y en lo único que podemos poner la esperanza de salvación porque llega hasta el fondo, es en la Palabra de Dios (He.4:12). Amén.

sábado 2 de mayo de 2009

¡Cuántas cosas pasan en la iglesia!



Ram engendró a Aminadab y Aminadab engendró a Naasón, jefe de los hijos de Judá; [11] Naasón engendró a Salmón y Salmón engendró a Booz; [12] Booz engendró a Obed y Obed engendró a Isaí, [13] e Isaí engendró a Eliab su primogénito, luego Abinadab el segundo y Simea el tercero. [14] Natanael el cuarto, Radai el quinto, [15] Ozem el sexto, y David el séptimo; [16] y sus hermanas fueron Sarvia y Abigail. Y los tres hijos de Sarvia fueron Abisai, Joab y Asael. [17] Y Abigail dio a luz a Amasa, y el padre de Amasa fue Jeter ismaelita. [18] Y Caleb, hijo de Hezrón, engendró hijos de Azuba su mujer, y de Jeriot; y estos fueron los hijos de ella: Jeser, Sobab y Ardón. [19] Cuando Azuba murió, Caleb tomó por mujer a Efrata, la cual dio a luz a Hur. [20] Hur engendró a Uri y Uri engendró a Bezaleel (1 Crónicas 2:10-20).

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Muchos de estos nombres son conocidos, pero otros vivieron dentro de la población de Jehová sin que dejaran alguna huella en la historia, hicieron un número y dieron continuidad a la simiente santa, a la palabra del Señor, creyeron, formaron familias aunque no descollaran por algo notable; pero Dios los conoció y planeó que existieran y se marcharon al cielo sin dejar rastros, completamente intrascendentes.

No todos tendrán una historia “maravillosa” “fabulosa” como algunos dicen, Dios no nos creó para eso sino para que existiéramos para él, como las “flores que hoy son y mañana se echan en el horno”, como los insignificantes pajarillos que cantan para él y más nadie les presta atención, excepto él, y así las hormigas, las mosquillas, y millones de criaturas con las cuales se recrea sólo su ojo y se goza su corazón, que no saben nada de lo que es realización, vocación, ni muerte, viven, viven, y vivir para su Creador es toda su función.

La nota que se le hace a Naasón es como un suspiro de aire fresco, fue príncipe donde realmente los hombres son príncipes, en el pueblo del Señor, donde Cristo lleva sobre su hombro el principado. “Como desconocidos pero bien conocidos” (2 Co. 6:9) porque “él levanta del polvo al pobre...lo hace sentar con los príncipes de su pueblo”. A esos príncipes les llama santos e hijos o hijas de Dios.

Al oír de Obed, Isaí, David, me río, siento deseos de ir junto a ellos y acompañarlos, abrazarlos como amigos, porque tuvieron espíritus justos; y por sus historias he sido muy bendecido, me han ayudado sus triunfos, sus fracasos, sus pecados y sus búsquedas de Dios, se que vivieron para mí; pienso en los hermanos que conforman la historia y que yo voy a “ser unido a mi pueblo” del lado allá del río de la muerte; y pienso en los que ahora me acompañan y conozco sus historias y doy gracias a Dios por estar junto a ellos, acompañarlos, y formar parte de la historia de ellos como ellos la forman de la mía y la endulzan, la inspiran y la embellecen.

Siento deseos de llorar por Azael (2 Sa. 2: 23) y Amasa (2 Sa. 20: 9-12); que fueron tan cruelmente asesinados, “me indigno” con los que hacen tropezar a otros (2 Co. 11:29), y matan los buenos testimonios, y caen hombres grandes lanceados por Satanás. Me consterna Joab, y me llena de pavor tener algo semejante a él, estar en la obra de Dios junto a hombres tan grandes y nunca recibir la gracia de ellos y que se diga de mí, “los hijos de Sarvia son muy duros para mí”. Quiero ser usado por Dios pero la gracia que pido para otros la quiero para mí primero.

Y me regocija David, “el dulce cantor de Israel, el hombre conforme al corazón de Dios”, sus oraciones, sus suspiros y su deseo de agradar a Dios, quiero tener su sangre y su espíritu, para exaltar a Dios y para arrepentirme. Sí, todos estos son amados, atractivos, porque componen la historia de este varón de Dios que fue como Jesús. Bendito sea el Hijo de David y su interesante, triste y sublime familia, la iglesia. ¡Cuántas cosas pasan en la iglesia! ¡Cuánta gente diferente, historias diferentes, inspiradoras y deprimentes! Ese es el asombroso pueblo de Dios, en medio del cual él y yo habitamos.

Jóvenes con principios



Ciertamente nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego ardiente; y de tu mano, oh rey, nos librará. Pero si no lo hace, has de saber que no adoraremos la estatua de oro (Daniel 3.15-18)

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Observa la coordinación que tienen entre la fe y los principios religiosos. Los jóvenes tenían fe y dijeron: “Dios puede librarnos y Dios nos librará, pero si no nos libra tampoco adoraremos a la estatua que has levantado.” ¿Cuál es la fe? Que Dios puede librarlos y los librará. Y ¿cuáles son los principios? Cuando dicen con resignación, con sujeción a la voluntad de Dios: “Si no nos libra tampoco adoraremos la estatua”.

Dios no nos pide que vivamos por fe sin principios cristianos, la fe que no tiene una norma para vivir es una mentira. Si hubieran dicho que tenían fe para ser librados y no estuvieran dispuestos a recibir lo que fuera la voluntad de Dios, bueno o malo, no tenían fe ninguna. Se habrían engañado porque fueron echados al horno de fuego. La fe genuina se somete a la voluntad divina y la acepta como agradable y perfecta. Lo otro es fanatismo. La fe tiene como su máxima expresión los principios normativos de la vida cristiana. Si alguien dice que vive por fe pero no tiene principios normativos, con una proposición como ésta, prometerá pensarlo y negociar con ella.

No contestaron: “No nos espantan tus amenazas porque Dios nos librará.” El aspecto más firme de ellos no fue, si se quiere ver así, la fe sino los principios de esa fe, la posibilidad de que la voluntad de Dios fuera de otra manera no esperada o deseada. Dijeron que no serían infieles, tanto por fe como por principios de fe: “Si no nos libra no nos retractaremos tampoco, porque no servimos a Dios para que nos libre de lo malo, para que todo nos vaya bien. Lo adoramos no porque nos conviene adorarlo sino porque lo que creemos es la verdad y nada se puede contra la verdad, y tú luchas contra el aguijón, nada puedes contra la verdad”.